Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

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22 de noviembre de 2020

El cuento de Willy, Capítulo 3

  WILLY


 Historia de un niño algo especial que de mayor lo siguió siendo… a su manera

CAPITULO 3. - EL   SEGUNDO   DÍA   DE  ESCUELA

No vamos a contar todos los días de escuela de nuestro amigo Willy,  pero sí el segundo que fue muy  distinto del primero.

Dijimos que en el primer  día,  unos niños  iban  animosos  jalando de  sus  papás y  otros con miedo tenían que ser casi  arrastrados… Bueno  pues el  segundo  día, después de  la  novedad del comienzo,  todos iban más normales. Unos con cara de “no hay más  remedio” y  otros  con  gesto alegre.  A unos se les  había  pasado el  miedo, otros aun  no lo veían claro, aunque la  maestra Cristina  era  simpática  y les había  caído  bien.  Willy se había hecho amigo del que se llamaba como él,  pero para distinguirse los dos  se decían  uno uilly,  sin  la W  y el  otro con g: Guilly.  También se  hicieron  amigos  de un compañero pequeñito y con lentes que se llamaba Chepito y que casi no sabía  jugar.

Seño Cristina llamó a los dos “uillys” y  les  dijo:  “fíjense ustedes dos en ese pequeñín que no juega y está allí en un rincón”. 


(Fíjense que antes de empezar la clase, había un rato de deporte en el patio de la  escuela.  Allí Chepito estaba viendo a los demás aunque sin jugar.)

Los dos amigos se acercaron a él:”Hola, compa, ¿por qué tú no juegas? 

El chepito les dijo:” es que estuve enfermo dos años y no he jugado casi…y además ese  grandote  no me dejó, me dijo que ese juego es para los fuertes”

Uilly  le dijo: “Pero ese grandote no manda. Ven con  nosotros.

Los dos, con  Chepito en medio,  se pusieron con  el otro  equipo. Hablaron con “el  que  mandaba allí ( todavía no  sabían  qué era eso de líder”) y dijo que bueno,  que jugase  de portero.. Chepito  se  quitó los lentes y se los dio a la profe  que  parecía  distraída,  pero  seguía de reojo lo que sucedía en el terreno de juego entre los pequeños.   Estos pateaban la  pelota  de plástico,  sin  mucha técnica  amontonándose y apretujándose… De pronto entre  el  barullo  uno se escabulló  con  la  bola en  los pies  hacia la  portería y disparó.  Sucedió  lo  inesperado.  Chepito  salto  como una  rana y  despejó  la pelota.  Todo  el equipo aplaudió a la revelación. Willy le  puso la  mano  en el  hombro: “¿qué  bárbaro y  ¿decías  que  no  sabías jugar?.  Chepito parecía que de  la  satisfacción  había  crecido y  engordado. Le  explicó al  compañero: “es  que cuando  me  estaba curando, mi papá me  tiraba  caramelos para  que  saltase a  agarrarlos y por eso…”



Pero  en  ese  momento se  acercó  el  que mandaba en el  otro   equipo.  Venía enfadado.  “¡Te dije  que tú no podías jugar!”. Willy se puso  en medio:  ”pues ya ves qué sí  puede”.

Y se complicó la  cosa, porque  las  niñas  de  aquella clase, que  estaban  mirando el partido   salieron  gritando a  favor  de  Chepito: “¡viva  viva,  muy  bien la  parada!”. Al protestón  le  aumento  la rabia: : ¡Ustedes  cállense, que son  niñas y no  entienden de deporte!”. Y aquí  pasó otra  sorpresa.  Una  niña  que  se  llamaba Pili y se  veía  que también era la  mandamás   del grupo,  se  puso  delante  con  los  puños cerrados:”¿Qué  no sabemos  de  fútbol?. Pues  nosotras  vamos a  jugar también”.  El  mandón cada  vez  más furioso: “Si ustedes  juegan yo  me  voy” – “Anda  vete - gritaron las  niñas,- puedes jugar a  las  cocinitas!”

En ese momento Seño Cristina que se había acercado sin ruido, tocó las palmas”. Niños, se terminó el recreo;  vamos  a  clase  y  me cuentan  lo  que  pasa  aquí.



Así  terminó  la  discusión  en el  patio.  Pero  siguió después. 

Si  quieren  saber cómo  acabó esa  historia  con  las  pequeñas  feministas,  esperen al  próximo capítulo  que se  lo  contaremos.


Martin Valmaseda