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18 de septiembre de 2024

ORAR ES DEJARSE AMAR

Dispón de mi vida, Señor








Concédeme, Dios misericordioso,

desear ardientemente lo que tú amas,

buscarlo con prudencia,

reconocerlo con verdad

y cumplirlo con perfección,

para alabanza y gloria de tu nombre.

 

Pon orden en mi vida,

y lo que tú quieres que yo haga

concédeme conocerlo

y dame la gracia de cumplirlo

como es debido

y como sea más provechoso

para la salvación de mi alma.

 

Que yo vaya hacia ti, Señor,

por un camino seguro y recto

que conduzca a la meta,

por un camino que no se pierda

entre las dificultades y los triunfos.

 

Que te dé gracias en los éxitos,

y en los contratiempos

conserve la calma,

sin dejarme exaltar

por lo que me sea favorable

y sin abatirme

por lo que me sea adverso.

Que las alegrías

me cansen si no estás tú,

y nunca desee nada fuera de ti.

Que los trabajos, Señor, me sean

gratos si son por ti,

y el descanso, insoportable,

si me faltas tú.

Dame la gracia de dirigir con

frecuencia mi corazón a ti.

Y cuando flaquee,

hazme reconocer mi culpa

con el firme propósito de corregirme.

 

Señor, Dios mío, haz que yo sea

obediente, sin espíritu

de contradicción;

pobre, sin defección;

casto, sin corrupción;

paciente, sin discusión;

humilde, sin fingimientos;

alegre, sin disipación;

triste, sin abatimiento;

grave, pero no duro;

activo, pero no ligero;

y sincero, pero sin doblez.

 

(Santo Tomás de Aquino, 1274)

Colaboración de Juan García de Paredes.