Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus hijos.
¿Por qué tendrán que morir?
Pobres hijos, ¿cuántos son los que mueren?
Los que mueren en el Calvario interminable de
países torturados por la guerra y el hambre;
Los que mueren en el Getsemaní inmenso
de los hospitales y las cárceles, de la droga y la soledad....nuestros hermanos.
¿Nos duelen tanto como un Dios?
Pero a Dios no se le muere nadie.
Él los recoje a todos,
son sus hijos, uno a uno;
nadie los arrebata de su mano.
Y nosotros recojamos la sangre, la de Cristo y la de los hermanos, en un inmenso cáliz.
Cáliz de bendición,
para acabar con todas las maldiciones que sufrimos.
Cáliz de comunión,
para unirnos a las víctimas y a los mártires, y hacer un sacramento de solidaridad
y de esperanza.
A Dios no se le muere nadie desde que Cristo muriera y levantara la copa
de su sangre.
LOS OTROS SALMOS

