Magnífica humanidad
El canto de la
esperanza: el Magnífica
El cuarto punto de este programa de vida cristiana - después de la fe que contempla el designio de amor del Padre, la caridad que nos une en un único cuerpo eclesial y la esperanza que sostiene nuestra acción en el mundo -- es la oración.
El cántico de María
acompaña nuestro compromiso. Ante Isabel, que le anuncia que se ha convertido
en la madre del Señor, María prorrumpe en un himno de alabanza y de alegría: su
alma proclama la grandeza del Señor y su espíritu exulta en Dios su Salvador,
porque ÉL eligió a una joven pobre y pequeña para su plan de salvación.
De repente, María ve
toda la historia con los ojos de este descubrimiento.
Nada ha cambiado a su
alrededor: la situación sociopolítica de su época sigue siendo la misma, con
los romanos que dominan su tierra y su pueblo dividido y humillado.
Sin embargo, todo ha
cambiado dentro de ella, y eso le permite ver lo invisible. Dios ya ha hecho
proezas con el poder de su brazo, ya ha dispersado a los soberbios, ha
derrotado a los poderosos, a elevado a
los humildes, ha colmado de bienes a los hambrientos y a despedidos a los ricos
con las manos vacías.
ÉL ya ha auxiliado a
Israel, su siervo. Dios << se pone de parte de los últimos. Su proyecto a
menudo está oculto bajo el terreno opaco de las vicisitudes humanas, en las que triunfan "" los soberbios,
los poderosos y los ricos "".Con todo, está previsto que su fuerza
secreta se revele al final >>.
La Virgen María no sólo nos enseña a ver la obra invisible de Dios, sino que dirige también nuestra mirada <<a los puntos de fractura de la humanidad, allí donde se produce la distorsión del mundo, en el contraste entre humildes y poderosos, entre pobres y ricos, entre sacios y hambrientos >>, enseñándonos <<a adquirir un punto de vista diferente para mirar el mundo desde abajo ,con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes; para ver la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos:
Para interpretar los
acontecimientos de la historia desde el punto de la viuda, del huérfano, del
extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo.
De esta manera, la
Virgen se convierte en << poetisa y profetisa de la redención >>,
porque de sus labios brota <<el himno más fuerte e innovador que jamás se
haya pronunciado, el Magnífica; es ella
quien revela el diseño transformador de la economía cristiana, el resultado
histórico y social, que aún hoy deriva
del cristianismo su origen y su fuerza>>
Con la misma fe de
María, convirtámonos en tejedores de esperanza en nuestro mundo, compartiendo
lo que somos y lo que tenemos, para que la presencia de Jesús crezca entre nosotros
y su Reino tome forma.
En la fidelidad humilde
de cada día, también el tiempo de la IA puede ser un paso en el que el Espíritu
haga madurar la civilización del amor en nuestras vidas; el Señor sigue
haciendo nuevas todas las cosas y mantiene abierta para cada época la posibilidad
de convertirse en historia de salvación a la luz de la Encarnación.
Encomiendo este deseo a
la Madre de Cristo, a la mujer del Magníficat,
para que acompañe nuestros pasos en el presente que cambia y custodie en
cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos dar
testimonio de la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios.
Leo P.P. XIV
CARTA ENCÍCLICA DE S.S.
LEÓN XIV
Dado en Roma, junto a
San Pedro, el 15 de mayo del año 2026,
segundo de mi pontificado.
Colaboración de Juan García de Paredes.