"La vida no se compra. La dignidad no se negocia. La esperanza no se monopoliza. El amor no se administra desde arriba. Y la gracia no se almacena. Se recibe. Se agradece. Se comparte. Se deja correr. Esa es el agua viva"
En
una época capaz de producir casi todo, seguimos sin saber cómo saciar las sedes
esenciales: la sed de sentido, de justicia, de paz, de pertenencia, de
esperanza. Hemos multiplicado las conexiones y debilitado los vínculos; hemos
hecho extraordinarios progresos en el dominio de la materia y seguimos
desconcertados ante la soledad, la guerra, la desigualdad y el miedo. Nunca
habíamos tenido tantos medios para comunicarnos y quizá nunca habíamos
necesitado tanto aprender a encontrarnos.
Por eso resulta particularmente significativa la
insistencia de León XIV en esta imagen. El pasado 30 de agosto, al inaugurar el
Tiempo de la Creación, pidió que pudiéramos «convertirnos en canales del agua
viva de la paz de Dios, que refresca nuestro mundo herido». La expresión no es
sólo una metáfora espiritual: señala a una humanidad que necesita reconocer
aquello que la desborda y que no puede darse a sí misma.
En
una época capaz de producir casi todo, seguimos sin saber cómo saciar las sedes
esenciales: la sed de sentido, de justicia, de paz, de pertenencia, de
esperanza. Hemos multiplicado las conexiones y debilitado los vínculos; hemos
hecho extraordinarios progresos en el dominio de la materia y seguimos
desconcertados ante la soledad, la guerra, la desigualdad y el miedo. Nunca
habíamos tenido tantos medios para comunicarnos y quizá nunca habíamos
necesitado tanto aprender a encontrarnos.
Por eso resulta particularmente significativa la insistencia de León XIV en esta imagen. El pasado 30 de agosto, al inaugurar el Tiempo de la Creación, pidió que pudiéramos «convertirnos en canales del agua viva de la paz de Dios, que refresca nuestro mundo herido». La expresión no es sólo una metáfora espiritual: señala a una humanidad que necesita reconocer aquello que la desborda y que no puede darse a sí misma.