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22 de octubre de 2026

AGRICULTORES DE SAN MARTIN JILOTEPEQUE RESPONDEN A LA SEQUIA CON SIEMBRA DE FRIJOL

Tras perder casi la totalidad de sus cosechas de maíz por una canícula prolongada en el corredor seco, agricultores como Santos Zet y Orlando Gabriel Zet, en La Plazuela de San Martín Jilotepeque, apuestan a la siembra de frijol nativo: una estrategia de subsistencia que representa la última esperanza para cientos de familias campesinas que luchan por asegurar su alimento y rescatar la economía local en San Martín.

Santos Zet Plato y Orlando Gabriel Zet, recorren su parcela entre las cañas secas, por la falta de agua. El abono químico se quedó apelmazado sobre la tierra árida. Los cultivos en La Plazuela, San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, este año no crecieron.

Se observan las milpas pequeñas y los árboles frutales cómo sucumben por la falta de agua, obligando a los agricultores a alterar el calendario agrícola tradicional para remover los surcos e introducir la semilla criolla de frijol que han resguardado en la comunidad.

En la comunidad de La Plazuela, la milpa que solía sostener a la familia de Santos Zet Plato hoy muestra las huellas de una intensa canícula que secó por completo el maíz. Es un golpe duro para quien lleva cerca de tres décadas dedicado al trabajo de la tierra y a garantizar el alimento de su hogar.

Las alteradas dinámicas del clima han trastocado los ciclos agrícolas tradicionales en la zona, forzando a las familias a retrasar la siembra hasta las primeras semanas de junio. Santos Zet, explica que este desajuste corrió el calendario habitual, desplazando la segunda etapa de fertilización hacia los primeros días de agosto, justo en el momento en que la planta requería humedad para florar y sostener la cosecha: “Como ahorita han variado las épocas de lluvia, entonces hoy se sembró hasta en junio, más o menos del 8 al 10 de junio de este año”, indicó Zet con una mirada sobre la pérdida de cultivos que se observan en los campos y con la esperanza de producir un poco de frijol.

El colapso de la milpa y los cultivos complementarios

El proceso tradicional de fertilización que requiere una primera aplicación entre los 35 o 40 días de la siembra y una segunda a los dos meses, cuando la planta entra en etapa de floración o “candeliar”, se vio dramáticamente interrumpido por la falta de agua. El abono químico depositado en el suelo no pudo activarse por la ausencia de humedad e incluso aceleró el deterioro del cultivo, dejando las plantas detenidas en su crecimiento.

“Ni sintió el abono, más bien le afectó porque como cualquier abono requiere de agua y ya no se mojó, por lo cual quedó sin funcionar, pero ya no se pudo lograr nada”, señala el agricultor al contemplar sus campos perdidos.


Por: Joel Solano

Prensa Comunitaria