Llegará un día
en que nosotros,
tú y yo,
y ellos…
¡todos! seremos todo
para todos;
y no habrá murallas,
ni dobles
contabilidades,
ni tarjetas opacas,
ni cajas fuertes,
ni burocracia
interminable…
pues no habrá que
esconder nada
ni guardar ningún
secreto,
ni defender propiedades
privadas…
porque el mundo será la
casa de todos,
y la luz brillará en
todos,
y todos buscaremos el
bien para todos,
y nos sentiremos
felices
viviendo libres,
como hermanos e
iguales…
Y las guerras,
las batallas,
las contiendas,
los combates
las pugnas,
las luchas,
las peleas,
las riñas,
las disputas
las oposiciones,
los concursos,
las competencias…
entre unos y otros,
entre el fuerte y el
débil,
pasarán…
porque nos atraerá más
la unión y el apoyo,
el andar juntos,
el gustar los abrazos
que el ser lobos unos
para otros…;
y no habrá vencedores
ni vencidos,
ni pobres ni ricos,
ni sabios ni
ignorantes,
ni ciudadanos ni
extranjeros…
pues todos seremos tus
hijos
y viviremos como
hermanos.
Pero ahora, mientras
tanto,
hay que hacer que
llegue ese día,
practicando,
con fe y esperanza,
la utopía,
y dejando que el
evangelio
haga germinar,
en nuestras entrañas,
y en el corazón de la
sociedad,
el futuro que Tú nos
prometes cada mañana…
Florentino Ulibarri
