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15 de octubre de 2026

SER CRISTIANOS Y SER CIUDADANOS

Mt 22, 15-21 

Leer el evangelio

Hoy y siempre, nos guste o no,

preguntar por la licitud de un impuesto,

cuando tenemos dinero y patrimonio

y vivimos muy dignamente,

es querer defendernos frente a los otros

-sean el César,

la hacienda pública, 

los pobres de la acera 

o la propia conciencia-.

Y querer que Tú aclares

y justifiques nuestros quereres

de servir a dos señores

-cuando nos conviene-

o de enfrentarlos sin escrúpulos

-cuando nos conviene-,

es jugar a ser hipócritas

aunque no aparezcamos en la escena

y sean otros los que abren las puertas.

 

Aquel día que, mirándonos a los ojos, dijiste

«al César lo que es del César

y a Dios lo que es de Dios»,

abriste una brecha en el horizonte:

proclamaste la soberanía de Dios Padre,

la autonomía de la creación entera,

la libertad de conciencia de las personas, 

la repulsa de toda ideología política y religiosa

y el uso de Dios para nuestros intereses.

 

Sabemos que no es evangélico

llegar a Dios por la presión del poder que impera

ni defender el estado apelando a su voluntad.

Con el proyecto de Dios no se juega.

No hay nadie, por grande que sea, 

dentro o fuera de la iglesia,

que pueda adueñarse del mismo, o hacerse su guía,

apelando a poderes, leyes y costumbres

o a la gracia divina.

Y como lo de Dios tiene que ver,

no solo con las cosas religiosas,

también con las realidades y decisiones políticas,

toda iglesia que quiera ser evangélica

no puede quedarse encerrada

ni en los corazones ni en las sacristías;

ha de salir a las plazas públicas 

para defender el proyecto de Dios

y la autonomía de la sociedad laica.

 

Por eso, Señor, enséñanos

a ser cristianos y ciudadanos.


Florentino Ulibarri

Fe adulta