MARTÍN VALMASEDA
¿Cuál sería la primera palabra que sonó en el universo?
Después de los primeros rugidos, aullidos, ladridos… ¿en qué momento un ser vivo “dijo” algo que se pudo interpretar por alguien que lo escuchó?
No había entonces grabadoras. Las primeras grabaciones de palabras fueron en tablillas de arcilla de las que se han conservado bibliotecas.
Poco a poco fue aumentando la facilidad de lanzar palabras “a voleo”. Pero junto con la palabra nació una especie venenosa: la mentira.
En el principio fue la palabra, empieza el evangelio de Juan. Pero inmediatamente, después de la palabra nació la palabra falsa, la mentira.
Desde entonces cuando los seres humanos nos enfrentamos con las palabras, no tenemos más remedio que rebuscar por detrás de ellas, lo que hay de mentira y de verdad.
Nos cuesta mucho trabajo. Ante las palabras que escuchamos nuestra reacción espontánea es creérnoslo. Es muy difícil estar escuchando palabras y al mismo tiempo poner por medio la criba de la desconfianza. ¿Será eso verdad?
Además entre la verdad y la mentira de la palabra hay otra realidad: el símbolo, la metáfora.
Permitan que reproduzca el cuento que publicamos en otro folleto anterior (“tener religión o tener fe”) que se mete por medio de la verdad y la mentira de las palabras.
El cuento de la verdad y la mentira:
La mentira era muy atractiva, se vestía con lujoso s trajes, collares, pendientes…
La verdad andaba desnuda por la vida y todos la rechazaban, la insultaban, la echaban fuera de sus ciudades.
Cuando la mentira encontró a la verdad triste, tirada al borde del camino, sintió piedad por ella (hay mentiras piadosas) y le dijo: “Si quieres, pobre verdad, te doy un consejo para que no te rechacen. Tienes que arreglarte un poco mejor, ponerte elegante, no andar así por el mundo… Te voy a ayudar”.
La mentira buscó alguno de sus vestidos bonitos, sombreros, pendientes, collares y fue vistiendo a la verdad.
La verdad se miró al
espejo y sonrió. Así estoy mejor.
Dio las gracias a la
mentira y se dirigió a la ciudad con esperanza de que la aceptarían…
Pero cuando se alejaba escuchó la voz de la
mentira:
- “ ¡Eh verdad! Un
último consejo. Cuando te pregunten quién
eres no les digas que eres la verdad”
- “Entonces qué les
digo?”
- Diles que eres… la
fábula.
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¿Entienden?: La fábula, la parábola, el cuento, la poesía, la metáfora, el símbolo… no son mentira. Son la verdad bellamente adornada.
Así presentaba la verdad Jesús. Así se presenta muchas veces la verdad en la biblia. Algunos dicen: “la biblia no dice la verdad”. Les respondemos: “sí dice la verdad pero vestida de fábula, de leyenda, de poesía, cuento…”
Desgraciadamente muchas personas que ignoran esto se atan a la palabras bíblicas al pie de la letra, sin analizar lo que significan. Cuando se escribieron eran narraciones míticas hoy podemos entender el sentido simbólico de esas palabras.
Hay que saber descubrir cómo, tras esos vestidos y adornos, está la verdad desnuda que buscamos.
Pero hay predicadores, locutores, conferenciantes, periodistas que sueltan muchas palabras “a voleo” sin contrastarlas con la realidad. Confunden a la gente. Piensen ustedes que el que más grita no tiene más razón, sólo tiene más pulmones o un amplificador y altavoces o antenas de más calidad.
Tiene más razón el que ayuda a encontrar la verdad reflexionando con la comunidad sobre la palabra, vestida del ropaje de esta vida, de la realidad.
Según avanza la técnica, la electrónica… la palabra corre más peligro de hundirse en las técnicas publicitarias y en el poder del dinero.
Parece con demasiada frecuencia que la fuerza de la palabra depende de los cheques de quien la maneja. Entre el que emite la palabra y quien la recibe está los canales de comunicación. De eso la gente, el pueblo… no es consciente.
Quienes acaparan la
palabra, la deforman, no la embellecen sino que la disfrazan
Son dueños de empresas multinacionales, de potentes emisoras, de agencias informativas (o desinformativas).
El problema es que eso lo sabemos todos pero en la práctica nos lo tragamos todos.
La palabra necesita liberación, necesita conciencia crítica, en los casos concretos de lo que hoy sucede en el mundo y en nuestras vidas, para no creerse todas las palabras..
Podíamos terminar la reflexión por donde empezamos: con
el evangelio de Juan:
Al principio era la palabra…¿ ¿Y al final. Nuestras últimas palabras serán fieles a la Palabra que existía al principio?…
La palabra estaba en Dios
La palabra era Dios
¿De verdad nuestras palabras, son reflejo de lo
que llamamos Dios?

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