Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

7 de enero de 2026

PALABRAS A VOLEO: PALABRAS

   MARTÍN VALMASEDA

¿Cuál sería la primera palabra que sonó en el universo?

Después de los primeros  rugidos, aullidos, ladridos… ¿en qué momento un ser vivo “dijo” algo  que se pudo interpretar por alguien  que lo escuchó?

No había entonces grabadoras. Las primeras grabaciones  de palabras fueron en tablillas de arcilla de  las que se han conservado bibliotecas.

Poco a poco fue  aumentando la facilidad de lanzar palabras “a voleo”. Pero junto con la palabra nació una  especie venenosa: la mentira.

En el principio fue la palabra,  empieza el evangelio de Juan. Pero inmediatamente,  después de la palabra nació la palabra falsa, la mentira.

Desde entonces cuando los seres humanos nos enfrentamos con las palabras, no tenemos más remedio que rebuscar por detrás de ellas, lo que hay de mentira y de verdad.

Nos cuesta mucho trabajo. Ante las palabras que escuchamos nuestra reacción espontánea es creérnoslo. Es muy difícil estar escuchando palabras y al mismo tiempo poner por medio la criba de la desconfianza. ¿Será eso verdad?

Además entre la verdad y la mentira de la palabra  hay otra realidad:  el símbolo, la metáfora.

Permitan que reproduzca el  cuento que publicamos en otro folleto anterior (“tener religión o tener fe”) que se mete por medio de la verdad y la  mentira de las palabras.

El cuento de la verdad y la mentira:

La mentira era muy atractiva, se vestía  con lujoso s trajes, collares, pendientes…

La  verdad  andaba desnuda por la vida y  todos la  rechazaban, la insultaban, la echaban fuera de sus ciudades.

Cuando la mentira encontró a la verdad triste, tirada al borde del camino, sintió piedad por ella (hay mentiras piadosas)  y le dijo:  “Si quieres, pobre verdad, te doy un consejo para que no te rechacen.  Tienes que arreglarte un poco mejor, ponerte elegante, no andar así por el mundo… Te voy a  ayudar”.

La mentira buscó  alguno de sus vestidos bonitos, sombreros, pendientes, collares y fue vistiendo a la verdad.

La verdad se miró al espejo y sonrió.  Así estoy mejor.

Dio las gracias a la mentira y se dirigió a la ciudad con esperanza de que la  aceptarían…

Pero  cuando se alejaba escuchó la voz de la mentira:

- “ ¡Eh verdad! Un último consejo. Cuando te pregunten quién  eres no les digas que eres la verdad”

- “Entonces qué les digo?”

- Diles que eres… la fábula.

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¿Entienden?: La fábula, la parábola, el cuento, la poesía, la metáfora, el símbolo… no son mentira. Son la verdad bellamente adornada.

Así presentaba la verdad Jesús.  Así se presenta muchas veces la verdad en la biblia. Algunos dicen: la biblia no dice la verdad”. Les respondemos: “sí dice la verdad pero vestida de fábula, de  leyenda, de poesía,  cuento…”

Desgraciadamente muchas personas  que ignoran esto  se atan a la palabras bíblicas al pie de la letra, sin analizar lo que significan. Cuando se escribieron eran  narraciones míticas hoy podemos  entender el sentido simbólico de esas palabras.

Hay que saber descubrir cómo, tras esos vestidos y adornos, está la verdad desnuda  que buscamos.

Pero hay predicadores, locutores, conferenciantes, periodistas que sueltan  muchas palabras “a voleo” sin contrastarlas con la realidad. Confunden a la gente. Piensen ustedes que  el que más grita no tiene más razón, sólo tiene más pulmones o un amplificador y altavoces o antenas de más calidad.

Tiene más razón el que ayuda  a encontrar la verdad reflexionando  con la comunidad  sobre la palabra,   vestida del ropaje de  esta vida, de la realidad.

Según avanza la técnica, la electrónica… la palabra corre más peligro de hundirse en las técnicas publicitarias y en el poder del dinero.

Parece  con demasiada frecuencia  que  la  fuerza de la  palabra depende de los cheques de quien la maneja. Entre el que emite la palabra y quien la recibe  está los canales de comunicación. De eso  la gente, el pueblo… no es  consciente.

Quienes acaparan la palabra, la deforman, no la embellecen sino que la disfrazan

Son dueños de empresas multinacionales, de potentes emisoras, de agencias informativas (o desinformativas).

El problema es que eso lo sabemos todos pero en la práctica nos lo tragamos todos.

La palabra necesita liberación, necesita conciencia crítica, en los casos concretos de lo que hoy sucede en el mundo y en nuestras vidas, para no creerse  todas las palabras..

Podíamos  terminar la reflexión por donde empezamos: con el evangelio de Juan:

Al principio era la palabra…¿ ¿Y al final. Nuestras últimas palabras serán fieles a la Palabra que existía al principio?…

La palabra estaba  en Dios

La palabra era Dios

¿De verdad nuestras palabras, son reflejo de lo que llamamos Dios?