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22 de octubre de 2026

EVANGELIO DOMINGO 25 DE OCTUBRE (Mateo 22, 34-40). Reflexiones de J.A Pagola

AMARÁS A DIOS Y A TU HERMANO


Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó a modo de prueba:

Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo:

<<Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser>>. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: <<Amarás a tu prójimo como a ti mismo>>. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas (Mateo 22, 34-40).

NO OLVIDAR LO ESENCIAL

Jesús no se lo pensó dos veces y respondió recordando unas palabras que todos los judíos varones repetían diariamente al comienzo y al final del día: <<Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser>>.

Enseguida añadió algo que nadie le había preguntado: <<El segundo mandato es: amarás a tu prójimo como a ti mismo>>.

Nada hay más importante que estos dos mandamientos. Para Jesús son inseparables. No se puede amar a Dios y desentenderse del vecino.

Amar a Dios es sencillamente centrar la vida en él para vivirlo todo desde su voluntad.

Por eso añade Jesús el segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir olvidado de gente que sufre y a la que Dios ama tanto.

La religión cristiana les resulta hoy a no pocos complicada y difícil de entender. Probablemente necesitamos en la Iglesia un proceso de concentración en lo esencial para desprendernos de añadidos secundarios y quedarnos con lo importante: amar a Dios con todas mis fuerzas y querer a los demás como me quiero a mí mismo.

PASIÓN POR DIOS Y COMPASIÓN POR EL SER HUMANO

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el <<espíritu perdido>>: ¿cuál es el mandato principal?,

¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: <<Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser>>. <<Amarás a tu prójimo como a ti mismo>>.

<<Amar a Dios con todo el corazón>> es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como Padre, que es bueno y nos quiere bien.

No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como <<pasión por Dios y compasión por la humanidad>>.


EL AMOR LO ES TODO

Hay algo que se nos revela con toda claridad: el amor lo es todo.

Lo que se nos pide en la vida es amar. Ahí está la clave. Esta centralidad del amor se arraiga, según la fe cristiana, en una realidad: Dios, el origen de toda vida, él mismo es amor. Esa es la definición osada e insuperable de la fe cristiana: <<Dios es amor>> (1 Juan 4,8). Dios no sabe, no quiere y no puede hacer otra cosa que amar.

Precisamente por esto, amar a Dios es encontrar nuestro propio bien. Qué diferente es la vida cuando la persona aprende a decir: <<Señor, que se haga tu voluntad, porque así se va forjando también mi bien>>.

Por otra parte, es entonces cuando se comprende en su verdadera profundidad el segundo mandamiento: <<Amarás a tu prójimo como a ti mismo>>. Quien ama a Dios sabe que no puede vivir en una actitud de indiferencia, despreocupación u olvido de los demás. La única postura humana ante cualquier persona que encontremos en la vida es amarla.

 

LA ÚNICA TAREA

Todo se reduce a vivir el amor a Dios y el amor a los hermanos.

Poco a poco, la falta de amor va haciendo del hombre un solitario, un ser siempre atareado y nunca satisfecho. La falta de amor va deshumanizando nuestros esfuerzos y luchas por obtener unos determinados objetivos políticos y sociales.

Se oye hablar de una renovación de nuestra sociedad, de una reforma de las estructuras. Pero pocos se preocupan de acrecentar su capacidad de amar. Sin embargo, por muchos que sean nuestros logros sociales, poco habrán cambiado las cosas si seguimos tan inmunizados al amor, a la atención  los desvalidos, al servicio gratuito, a la generosidad desinteresada o al compartir con los necesitados.

 

FRENTE AL INDIVIDUALISMO MODERNO

Para muchos, el ideal de la vida es <<sentirse bien>>. Para lograrlo, cada uno debe organizarse la vida a su gusto. No hay que pensar en los problemas de los demás. Lo que haga el otro es cosa suya. No es bueno meterse en la vida ajena. Bastante tiene uno con sacar adelante la suya.

Este individualismo moderno está cambiando el estilo de vida de muchos. Poco a poco se va difundiendo una <<moral sin mandamientos>>. Todo es bueno si no me hace daño.

Lo importante es que la religión le ayude a uno a sentirse bien. Siempre viene bien algo de religión. Lo que hace falta es <<gestionar>> lo religioso de manera inteligente.

El resultado es una sociedad instalada en el bienestar, compuesta por individuos respetables que se comportan correctamente en todos los órdenes de la vida, pero , que viven encerrados en sí mismos, separados de su propia alma y apartados de Dios y de sus semejantes.

Ser cristiano no es sentirse bien ni mal, sino sentir a los que viven mal, pensar en los que sufren y reaccionar ante su impotencia sin refugiarnos en nuestro propio bienestar.

No basta preguntarnos si creemos en Dios o lo amamos. Hemos de preguntarnos si amamos como hermanos a quienes sufren.

José Antonio Pagola

Colaboración de Juan García de Paredes