Dice el Señor a mi Señor:
" Échate
ahí en esa cruz
que han
preparado tus enemigos.
Yo la convertiré
en un trono rodeado de esplendores sagrados.
Desde ahí
reinarás con poder sobre todos los pueblos, con el poder de tu corazón.
Desde ahí brillarás ante el mundo, vestido con manto de púrpura,
tocado con corona de sangre y cetro de misericordia.
Yo estaré junto
a ti,
para ganar las
batallas del amor.
Eres bellísimo,
Hijo mío:
yo te engendré
antes de la luz de la aurora,
primogénito de la creación, príncipe del mundo,
mi encanto renovado.
Yo te juro mi
amor,
príncipe
ensangrentado,
y te declaro
sacerdote,
al estilo de
Melquisedec,
para que bendigas con la paz y la justicia,
para que me ofrezcas cada día
el pan y el vino
de tu amor.
Los otros Salmos
Colaboración de Juan García de Paredes

