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22 de octubre de 2026

LA FUERZA DEL EVANGELIO

INTRODUCCIÓN DEL PAPA LEÓN XIV

 

NUESTRA FRAGILIDAD

NUESTRA DIGNIDAD

Dios no se avergüenza de mi humanidad

Aunque soy frágil, el Señor no se avergüenza de mí humanidad, al contrario, viene a habitar dentro de mí. ÉL me acompaña con su Espíritu, me ilumina y me transforma en instrumento de su amor para los demás, para la sociedad y para el mundo.

Sobre el fundamento de esta promesa, caminemos en la alegría de la fe, para ser templo santo del Señor.

Sobre la base de esa promesa, caminemos en la alegría que nace de la fe, para llegar a ser un templo santo del Señor.

¿ Nuestra dignidad  ? Somos criaturas queridas por Dios

Mi propia historia es la de un ciudadano, descendiente de inmigrantes, que a su vez  ha emigrado.  Cada uno de nosotros, en el curso de la vida, se puede encontrar sano o enfermo, ocupado o desocupado, en su patria  o en tierra extranjera. Su dignidad, sin embargo, es  siempre la misma, la de una creatura querida y amada por Dios.

Nosotros, enfermos que necesitan ser curados

Todos nosotros, aunque llamados a ser ministros de Cristo, médicos de almas ( Lc 5, 31-32 ) para  nuestros hermanos y hermanas somos ante todos enfermos que necesitan curación.

Como dice San Agustín, utilizando la imagen de una barca, todos nosotros << en esta vida tenemos como hendiduras propias de nuestra mortalidad y fragilidad, por las que entra el pecado desde las olas de este siglo >>

Y el santo obispo de Hipona propone un remedio para el mal: << Para vaciarnos y no hundirnos  ---dice -- , pongamos mano ...a esta exhortación....¡ Perdonemos ! >>

Perdonemos, porque en todas partes,  <<en nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y en los movimientos, en definitiva, en todas partes donde haya cristianos, todos [....] [puedan] encontrar un oasis de misericordia >>.

De fronte al dolor cuenta solo el amor

Solo el amor es digno de fe ante el dolor de los inocentes, de los crucificados de hoy, a quienes muchos de ustedes conocen personalmente porque sirven a pueblos víctimas de guerras, de violencias, de injusticias, o incluso de ese falso bienestar que engaña y decepciona.

El cristiano es interpelado por las heridas

Deseo entregarles es la de mirar los desafíos de nuestro tiempo con clave profética.

Estamos preocupados y afligidos por todo lo que sucede cada día en el mundo: nos hieren las violencias que generan muerte, nos interpelan las desigualdades, las pobrezas, tantas formas de marginación social, el  sufrimiento difundido que toma los rasgos de un malestar que ya no perdona a nadie.

Y estas realidades no  solo ocurren en otros lugares, lejos de nosotros, sino que también afectan a nuestra ciudad de Roma.

La fuerza del Evangelio

PAPA LEÓN XIV