EL ROSTRO DE UN CIVIL
DURANTE LA GUERRA
El papa Pío XII nos
avisó hace 85 años que <<nada se pierde con la paz; todo puede perderse
con la guerra >>.
Ya bien entrado en el siglo XXI, no hemos aprendido la lección. Al mirar a nuestro alrededor, nos encontramos con un mundo cada vez más herido, en el que millones de personas sufren a diario los efectos de conflictos prolongados y amenazas que llegan a todo el planeta.
El laberinto oscuro de muerte y destrucción en el que estamos inmersos no nos da muchos elementos para pensar que tendremos una salida.
Estamos en un momento en el que <<la humanidad, desmemoriada de los dramas del pasado, está sometida a una prueba nueva y difícil cuando ve a muchas poblaciones oprimidas por la brutalidad de la violencia >> (SNC, 8 ).
Pese a la voluntad de fraternidad de nuestros pueblos, vemos que los designios de los poderosos de la tierra no dan confianza a las justas aspiraciones de quienes deseamos ver realizado el plan de Dios, que es <<un plan de paz y no de desgracias >> (Jeremías 29,11).
El sufrimiento de todos y cada uno de nuestros hermanos y hermanas sacude nuestras conciencias y nos obliga a no callar, a no permanecer indiferentes ante la violencia de Caín y el grito de Abel, sino a levantar con fuerza la voz para gritar, como mi amado san Pablo VI, hace 60 años, <<nunca jamás los unos contra los otros; jamás, nunca jamás.
¡ Nunca jamás
guerra !
¡ Nunca jamás guerra!
Es la paz, la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad >>.
PAPA FRANCISCO
LA ESPERANZA
NO DEFRAUDA NUNCA
Colaboración de Juan García de Paredes.

