Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

31 de diciembre de 2025

PALABRAS A VOLEO: DÍAS GRANDES

  MARTÍN VALMASEDA

No sé si debo escribir sobre los días grandes, semanas mayores, o  momentos   corrientes,  sin aparente  importancia.

Alguna  vez  comentamos  cómo  la  religión  pide "celebraciones" más o  menos  solemnes; en  cambio  el  evangelio pide  la  "humildad  de  cada  día”.

Jesús   no  se  dedicó  a  celebraciones sino  a  vivir  el  día  a  día  haciendo  el  bien a  la  gente.  La única  celebración  festiva  fue  una  sola  vez,  al  final  de  su  vida.

Sin  embargo  esa  celebración  con  el  paso  de  los  años  se  ha  convertido  en  lo  principal  para  sus  seguidores  los  cristianos. La "última"  cena  ha  pasado  a  convertirse  en  "celebración  dominical"  y  poco  a  poco  en "la misa  diaria " para  los  muy " cumplidores.

El  nazareno  no  era  persona de  actos  sonoros  y  aparatosos  pero    al  convertir los  seguidores de  Jesús  el  evangelio  en   religión,  que  no  es  lo  mismo, la  buena  noticia  se  ha cambiado  en  festejo  solemne  que  también  es  cosa  distinta.


EL EVANGELIO DEL DOMINGO 4 DE ENERO. REFLEXIONES DE J. A. PAGOLA

EL ROSTRO HUMANO DE DIOS

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios. La palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria:

Juan da testimonio de él y grita diciendo: <<El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo>>.

Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás:

el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quién lo ha dado a conocer (Juan 1,1-18).

NOS UNIMOS A ESTOS DESEOS PARA EL AÑO 2026

Rodearnos de quienes amamos,

Soñamos con un mundo más justo:

Donde las desigualdades dejen de ser la norma,

Donde las mujeres ya no estén dominadas.

Donde todos coman según su necesidad,

Donde la pobreza pase a ser cosa del pasado.


¡Juntos somos millones!

Hablando con una sola voz, somos temibles,

Poniéndonos en movimiento somos una fuerza colosal.


Actuando juntos somos el cambio en marcha.

Gracias por creer que otro mundo es posible y

Por trabajar a que sea real.

 

Reactivemos la humanización de cada uno para la comunión universal

En un mundo solidario, justo y sostenible.

PARA REFLEXIONAR

 

CRUZANDO EL UMBRAL DE LA ESPERANZA

DIOS ES AMOR. ENTONCES,  ¿POR QUÉ HAY TANTO MAL?

Dios ha creado al hombre racional y libre y, por eso mismo, se ha sometido a su juicio. La historia de la salvación es también la historia del juicio constante del hombre sobre Dios.

El escándalo de la Cruz. ¿Era necesario para la salvación del hombre que Dios entregase a Su Hijo a la muerte en la Cruz?

Dios no tiene necesidad de justificarse ante el hombre.

Pero Dios desea justificarse ante la historia del hombre.

No es el Absoluto que está fuera del mundo, y al que por tanto le es indiferente el  sufrimiento humano. Es el Emmanuel, el Dios- con- nosotros.

Si en la historia humana está presente el sufrimiento, se entiende entonces por qué Su omnipotencia se manifestó con la omnipotencia de la humillación mediante la Cruz.

El escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento.

Cristo  crucificado es una prueba de la solidaridad de Dios con el hombre que sufre. Dios se pone de parte del hombre.

DIOS SE HACE PRESENTE

Tanto Lucas como Mateo dan por supuesto el hecho, aunque lo explican de distinta manera. En Lucas se dan razones para justificar que Jesús nació en Belén, aunque no era de allí. Mateo trata de justificar por qué terminó viviendo en Nazaret, dando por supuesto que nació en Belén. Ambos resaltan la importancia de que el Mesías fuese descendiente de David, para ellos el más grande. 

Recordamos el nacimiento de Jesús, que sucedió en un lugar y en un momento determinado. Pero lo que celebramos está más allá de toda circunstancia de tiempo y espacio. Si se manifestó en Jesús, quiere decir que estaba en él, se encarnó en él. Podemos estar seguros de que Dios es encarnación y nunca podrá dejar de encarnarse. El Dios desencarnado no existe. La Realidad ni empieza ni termina, ni está aquí ni está allá. Dios está en mí exactamente igual que en Jesús.

Para creer en la encarnación hay que dejar de creer en un Dios desencarnado. Si no se manifiesta en mí como se manifestó en Jesús, la culpa es solo mía. En Jesús ha nacido un libertador. Pero en mí sigue habiendo un opresor, porque el salvador que hay en mí, aún no ha nacido.

Repito, lo que Dios ha hecho en el hombre Jesús, lo está haciendo hoy en mí. El nacimiento de Dios en Jesús fue tarea de toda su vida. Nada se le dio como cómoda posesión automática. También él tuvo que nacer de nuevo. El nacimiento del Espíritu tiene que ser consciente.

Nunca puede ser un presupuesto, ni para Jesús ni para nadie. Se nos da gratis, pero hay que desenvolver el regalo, y la envoltura tiene muchas capas que nos fascinan y nos invitan (tientan) a quedarnos ahí y no seguir quitando capas inútiles. En lo más hondo de ti, estará siempre Él.

MUJERES SACERDOTES: LA HISTORIA A SU FAVOR

León XIV ha ratificado el informe de la comisión presidida por el cardenal arzobispo emérito d’ Aquila, Guiseppe Petrocchi, que rechaza la posibilidad de conceder la admisión de las mujeres al diaconado entendido como sacramento del orden, aunque, matiza, por el momento no es posible un juicio definitivo como en el de la ordenación sacerdotal de las mujeres.  Según este informe la exclusión de las mujeres es doble: del ministerio diaconal y del presbiteral. Con la historia en la mano voy a argumentar a favor del sacerdocio de la mujeres y, de consuno, también del diaconado.  

Durante las últimas décadas han aparecido rigurosas investigaciones científicas de historiadores e historiadoras, numerosos documentos y declaraciones de teólogos y teólogas, movimientos cristianos de base, organizaciones cívico-sociales, e incluso de obispos y cardenales de la Iglesia católica, reclamando fundadamente el acceso de las mujeres al sacerdocio. Consideran la exclusión femenina del ministerio sacerdotal una discriminación de género que es contraria a la actitud inclusiva de Jesús de Nazaret y del cristianismo primitivo, va en dirección contraria a los movimientos de emancipación de las mujeres y a las tendencias igualitarias de hombres y mujeres en la sociedad, la política, la vida doméstica y la actividad laboral.

El alto magisterio eclesiástico responde negativamente a esa reivindicación, apoyándose en dos argumentos que carecen de consistencia: uno teológico-bíblico y otro histórico, que pueden resumirse así: Cristo no llamó a ninguna mujer a formar parte del grupo de los apóstoles, y la tradición de la Iglesia ha sido fiel a esta exclusión, no ordenando sacerdotes a las mujeres a lo largo de los veinte siglos de historia del catolicismo. Esta práctica se interpreta como voluntad explícita de Cristo de conferir solo a los varones, dentro de la comunidad cristiana, el triple poder sacerdotal de enseñar, santificar y gobernar. Solo ellos, por su semejanza con Cristo, pueden representarle y hacerle presente en la eucaristía.

Estos argumentos vienen repitiéndose sin apenas cambios desde hace siglos y son expuestos en  varios documentos de idéntico contenido, de los que destaco tres a los que apelan los obispos y el propio papa cada vez que los movimientos cristianos críticos, las teólogas y los teólogos insisten con  toda razón en reclamar el sacerdocio para las mujeres: la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe Inter insigniores (15 de octubre de 1976) y dos cartas apostólicas de Juan Pablo II: Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988) y Ordinatio sacerdotalis. Sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres (22 de mayo de 1994). La más contundente de todas las declaraciones al respecto es esta última, que zanja la cuestión y cierra todas las puertas a cualquier cambio en el futuro: “Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.

Unos meses antes de renunciar al pontificado Benedicto XVI, citando la Ordinatio sacerdotalis, de Juan Pablo II, ratificó la prohibición de la Iglesia católica de ordenar a mujeres considerando dicha prohibición parte de la constitución divina de la Iglesia (¿?) y declaró que la Iglesia carece de autoridad para permitir el acceso de las mujeres al sacerdocio, ya que Jesucristo ordenó sacerdotes solo a hombres, y lo hizo voluntariamente. El papa Francisco volvió a rechazar el acceso de las mujeres al ministerio presbiteral con inusual contundencia en el vuelo de retorno de Suecia a Roma en 2016 apelando a la declaración de Juan Pablo II,

Es verdad que la historia del cristianismo no es pródiga en relatos de mujeres sacerdotes. Esto no debe extrañar ni sorprender, ya que ha sido escrita por varones, en su mayoría clérigos, y su tendencia ha sido a ocultar el protagonismo de las mujeres en la bimilemaria historia del cristianismo. “Si las mujeres hubieran escrito los libros, estoy segura de que lo habrían hecho de otra manera, porque ellas saben que se les acusa en falso”. Esto lo escribía Cristina de Pisan, autora de La ciudad de las damas en 1404, la obra que suele considerarse protofeminista de la primera mujer que se ganó la vida como escritora. Sin embargo, documentos no faltan en favor del ministerio sacerdotal de las mujeres, como voy a intentar mostrar a continuación.

La mayoría de los estudios sobre el Nuevo Testamento, de las investigaciones sobre el cristianismo primitivo y de las reflexiones teológicas actuales coincide en que no hay razones para la exclusión de las mujeres de los diferentes ministerios eclesiales.

Según consta en algunas tradiciones evangélicas, las mujeres se incorporaron al movimiento de Jesús en igualdad de condiciones que los varones. Diría más, siguiendo a Elisabeth Schüssler Fiorenza: el movimiento igualitario de Jesús de Nazaret surgió a partir, o al menos, vinculado a un colectivo de mujeres de Galilea. Esta práctica religiosa inclusiva suponía una verdadera revolución en la sociedad y la religión judías de carácter patriarcal y androcéntrico. Creo puede afirmarse que las mujeres recuperan en el movimiento de Jesús la libertad y la dignidad que les negaban los códigos domésticos romanos y las tendencias ortodoxas del judaísmo. Diría más: sin el testimonio de las mujeres sobre la Resurrección de Jesús de Nazaret, difícilmente existiría hoy la Iglesia cristiana.

Las mujeres ejercieron funciones ministeriales y directivas en el cristianismo primitivo. En su libro El ministerio eclesial. Responsables en la comunidad cristiana (Ediciones Cristiandad, Madrid, 1983), Edward Schillebeeckx asevera que las mujeres, en cuanto responsables de las comunidades cristianas domésticas, podían presidir la celebración eucarística.

Importantes investigaciones históricas desmienten las contundentes afirmaciones del magisterio papal, hasta invalidarlas y convertirlas en pura retórica al servicio de una institución jerárquico-piramidal-patriarcal-clerical como es la Iglesia católica. Esta es uno de los últimos y más eficaces bastiones del patriarcado, que apela a la masculinidad de Dios “Padre” y a la virilidad de Jesús de Nazaret para excluir a las mujeres de los ministerios diaconal, presbiteral, episcopal y papal. Dicha práctica excluyente de las mujeres del ámbito de lo sagrado y de la representación divina viene a confirmar las dos afirmaciones tan certeras de dos pensadoras feministas: Mary Daly y Katte Millet. La primera afirma en su libro Más allá de Dios Padre (1973): “Si Dios es varón, el varón es Dios”. La segunda escribe en Política sexual (1970): “El patriarcado siempre tiene a Dios de su lado”.

Para no alargar en exceso este artículo voy a citar dos de los estudios más rigurosos que invalidan las afirmaciones de los tres documentos antes citados: Cuando las mujeres eran sacerdotes (El Almendro, Córdoba, 1997), de Karen Jo Torjesen, catedrática de Estudios sobre la Mujer y la Religión en Claremont Graduate School, y los trabajos del historiador italiano Giorgio Otranto, ex director del Instituto de Estudios Clásicos y Cristianos de la Universidad de Bari. En ellos se demuestra, mediante inscripciones en tumbas y mosaicos, cartas pontificias y otros textos, que las mujeres ejercieron el sacerdocio durante los trece primeros siglos de la historia de la Iglesia. Veamos algunas de estas pruebas que quitan todo valor a los argumentos del magisterio eclesiástico.

Debajo del arco de una basílica romana aparece un fresco con cuatro mujeres. Dos de ellas son las santas Práxedes y Prudencia, a quienes está dedicada la iglesia. Otra es María, madre de Jesús de Nazaret. Sobre la cabeza de la cuarta hay una inscripción que dice: Theodora Episcopa (= Obispa). La 'a' de Theodora está raspada en el mosaico, no así la 'a' de Episcopa.

En el siglo pasado se descubrieron inscripciones que hablan a favor del ejercicio del sacerdocio de las mujeres en el cristianismo primitivo. En una tumba de Tropea (Calabria meridional, Italia) aparece la siguiente dedicatoria a “Leta Presbytera”, que data de mediados del siglo V: “Consagrada a su buena fama, Leta Presbytera vivió cuarenta años, ocho meses y nueve días, y su esposo le erigió este sepulcro. La precedió en paz la víspera de los Idus de Marzo”.

Otras inscripciones de los siglos VI y VII atestiguan igualmente la existencia de mujeres sacerdotes en Salone (Dalmacia) (presbytera, sacerdota), Hipona, diócesis africana de la que fue obispo san Agustín cerca de cuarenta años (presbiterissa), en las cercanías de Poitires (Francia) (presbyteria), en Tracia (presbytera, en griego), etcétera.

En un tratado sobre la virtud de la virginidad, del siglo IV, atribuido a san Atanasio, se afirma que las mujeres consagradas pueden celebrar juntas la fracción del pan sin la presencia de un sacerdote varón: “Las santas vírgenes pueden bendecir el pan tres veces con la señal de la cruz, pronunciar la acción de gracias y orar, pues el reino de los cielos no es ni masculino ni femenino. Todas las mujeres que fueron recibidas por el Señor alcanzaron la categoría de varones” (De virginitate, PG 28, col. 263).

En una carta del papa Gelasio I (492-496) dirigida a los obispos del sur de Italia el año 494 les dice que se ha enterado, para gran pesar suyo, de que los asuntos de la Iglesia han llegado a un estado tan bajo que se anima a las mujeres a oficiar en los sagrados altares y a participar en todas las actividades del sexo masculino al que ellas no pertenecen. Los propios obispos de esa región italiana habían concedido el sacramento del orden a mujeres, y estas ejercían las funciones sacerdotales con normalidad.

PADRE NUESTRO CANTADO

 (Los Sonidos del silencio)

Julio Cuellar Gonzales

36 AÑOS DE GUERRA… ¿VALIERON LA PENA?

29 de diciembre, 36 años de guerra interna, Conflicto Armado en Guatemala, Ejercito de Guatemala, firma de la paz, Guerrilla, Ixcán, Movimiento Revolucionario, región ixil, URNG

El 29 de diciembre de 1996 se firmó la llamada Paz Firme y Duradera entre la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y el gobierno de turno. Ese día se cerró formalmente un ciclo de 36 años de guerra interna (1960-1996), uno de los más prolongados y devastadores de América Latina en el siglo XX. Fue también el inicio de una etapa inédita: la posibilidad de transformar el país por medios políticos, sin armas.

La firma de la paz no fue un acto de rendición, sino el reconocimiento de que la guerra había cumplido su papel histórico: abrir una puerta que el poder racista, oligárquico y cerrado de Guatemala había mantenido bloqueada por siglos. Debemos decir que, para entonces, las y los revolucionarios no tenían la posibilidad de un triunfo militar, pero tampoco el Estado había sido capaz de derrotar a la guerrilla. La negociación y firma de la paz era necesaria para ambos.

Hay quienes tratan de disminuir y demeritar la dimensión y el alcance que tuvo la guerra interna y la fuerza que llegó a representar la guerrilla. Dicen que el movimiento revolucionario armado sólo realizaba acciones de propaganda armada y, a lo sumo, hubo algunas escaramuzas. Sin embargo, la guerra fue fuerte y profunda, especialmente en el Ixcán y la Región Ixil, así como en otras partes del país, como el Petén y San Marcos. Nadie negocia con una fuerza derrotada. ¿Para qué?

Así como la paz, en un momento dado, se hizo indispensable para ambos bandos, la guerra también fue necesaria. Guatemala vivía en una terrible desigualdad estructural con raíces coloniales (que, a la fecha persiste), bajo un régimen de terror sostenido por las élites militares y económicas. A partir de la contrarrevolución de 1954, la represión había llegado al extremo de aniquilar incluso a quienes buscaban vías pacíficas de cambio. Políticos socialdemócratas e incluso socialcristianos, maestros, sindicalistas, religiosos, obreros, campesinos, estudiantes, indígenas y líderes comunitarios fueron perseguidos, desaparecidos o asesinados. En ese contexto, la lucha armada no fue un capricho ideológico, sino una respuesta histórica frente a un Estado que había cancelado todas las otras opciones para la transformación del país. 

Quizás entonces, la pregunta no debería ser si valió la pena la guerra, sino si era necesaria. Y la respuesta, por dolorosa que sea, es sí. No había otro camino. Es el precio que los Pueblos de Guatemala, las comunidades y familias que las forman, tuvieron que pagar para llegar a donde estamos, aún con todas las imperfecciones que debemos reconocer y señalar.

Ninguna guerra vale la pena. Con el tiempo he aprendido que es cierto que “la violencia genera más violencia” y que “si hay vencedores y vencidos, el conflicto continuará, de otra manera”. Acá la pregunta es “¿qué es violencia?” y “¿quién la inició?”.  ¿No es violencia el racismo y las discriminaciones, el despojo de los pueblos originarios, la explotación de las y los trabajadores? ¿No es violencia también la represión y la contrainsurgencia que significan muerte? No se trata de glorificar la violencia, pero tampoco podemos juzgar el pasado con los ojos del presente, sino comprender el contexto que la hizo indispensable.

MUNDOS DEL MUNDO: SINAÍ LA MONTAÑA DONDE DIOS HABLÓ CON LOS HOMBRES

El Monte Sinaí está en la Península del Sinaí de Egipto y según el libro del éxodo fue el lugar donde Dios habló con Moisés y le entregó las tablas de la ley con los 10 mandamientos.

 

24 de diciembre de 2025

PALABRAS A VOLEO: PEREGRINOS EN TODAS LAS ÉPOCAS

 MARTÍN VALMASEDA

En todas las épocas de la historia aunque no en todos los países han existido peregrinos; no en todos, solo en aquellos en que había un mínimo de paz, y de justicia,  no  había peregrinos sino fugitivos. El peregrino necesita un horizonte donde poner su esperanza --y algunas  metas  en  el camino  donde  dejar  su  corazón y donde  dejar  su fatiga.

Lo que le empuja  a  caminar; esa  utopía  puede  ser la falta de oportunidades para tener una vida digna.

EL EVANGELIO DEL DIA DE NOCHEBUENA

Homilía de la misa de Nochebuena

Ha costado, pero poco a poco, entre todos los vamos consiguiendo. Ya hemos casi logrado celebrar unas fiestas entrañables sin conocer exactamente su razón de ser. Nos estamos cargando la Navidad.

Nos felicitamos unos a otros y no sabemos por qué. Se anuncia la Navidad (que ha perdido hasta su nombre, sustituido por el de “Fiestas”), y se oculta su motivo. Muchos no recuerdan ya dónde está el corazón de estas fiestas.

Hoy escuchamos el primer “Pregón” de Navidad. Lo recibimos de San Lucas, escrito hacia el año 80 después de Cristo.

Según el relato es noche cerrada. De pronto, una “claridad” envuelve con su resplandor a unos pastores. El evangelista dice que es la “gloria del Señor”. La imagen es grandiosa: la noche queda iluminada. Sin embargo, los pastores se llenan de temor. No tienen miedo a la oscuridad, sino a la luz. Por eso, el anuncio empieza con estas palabras: “No temáis”.