Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

31 de diciembre de 2025

DIOS SE HACE PRESENTE

Tanto Lucas como Mateo dan por supuesto el hecho, aunque lo explican de distinta manera. En Lucas se dan razones para justificar que Jesús nació en Belén, aunque no era de allí. Mateo trata de justificar por qué terminó viviendo en Nazaret, dando por supuesto que nació en Belén. Ambos resaltan la importancia de que el Mesías fuese descendiente de David, para ellos el más grande. 

Recordamos el nacimiento de Jesús, que sucedió en un lugar y en un momento determinado. Pero lo que celebramos está más allá de toda circunstancia de tiempo y espacio. Si se manifestó en Jesús, quiere decir que estaba en él, se encarnó en él. Podemos estar seguros de que Dios es encarnación y nunca podrá dejar de encarnarse. El Dios desencarnado no existe. La Realidad ni empieza ni termina, ni está aquí ni está allá. Dios está en mí exactamente igual que en Jesús.

Para creer en la encarnación hay que dejar de creer en un Dios desencarnado. Si no se manifiesta en mí como se manifestó en Jesús, la culpa es solo mía. En Jesús ha nacido un libertador. Pero en mí sigue habiendo un opresor, porque el salvador que hay en mí, aún no ha nacido.

Repito, lo que Dios ha hecho en el hombre Jesús, lo está haciendo hoy en mí. El nacimiento de Dios en Jesús fue tarea de toda su vida. Nada se le dio como cómoda posesión automática. También él tuvo que nacer de nuevo. El nacimiento del Espíritu tiene que ser consciente.

Nunca puede ser un presupuesto, ni para Jesús ni para nadie. Se nos da gratis, pero hay que desenvolver el regalo, y la envoltura tiene muchas capas que nos fascinan y nos invitan (tientan) a quedarnos ahí y no seguir quitando capas inútiles. En lo más hondo de ti, estará siempre Él.

Miremos hacia dentro. Cuando Pablo nos dice que somos otro Cristo, quiere decir algo muy profundo y real. Dios está en mí; “yo y el Padre somos uno”, no es símbolo, sino realidad más real que el Belén, los pastores, los magos y los ángeles juntos. Esto es lo que estamos celebrando.

El portal de Belén no es más que un símbolo sensible, pero dentro de mí, está la realidad de un Dios identificado conmigo. Tengo que descubrir el Niño en mí. Toda la magia y la luz que puedo percibir en esa escena, está dentro de mí. No permitáis que la Navidad quede fuera.

Entonces la llevaréis con vosotros a todas partes y os permitirá caminar, y los que os vean, podrán caminar también a esa luz. Estamos celebrando no un hecho que pasó sino algo que está pasando.

La buena noticia no es que “en la ciudad de David os ha nacido un Salvador” sino que dentro de ti está ese salvador y puedes darle a luz en cualquier instante. Para eso estás aquí. Está dentro de ti, pero tan envuelto en trapos y capisayos que puedes quedarte sin descubrirlo.

Celebrar la navidad es dar a luz en nosotros a ese Niño, para que todos puedan ver que Dios sigue naciendo aquí y ahora. No te conformes con celebrarlo en el recuerdo. Atrévete a vivir la realidad presente y actual. Dios será siempre un Niño que yo tengo que dar a luz como decía Eckhart.

Si miro hacia fuera, puedo quedar deslumbrado por las luces o por los cantos de los ángeles, pero me perderé el verdadero tesoro que está escondido en mí y en cada uno de los seres humanos.

Para Dios, los pastores, despreciados por la sociedad de entonces, son lo preferidos. Dios ve su verdadero valor y los llama a su salvación. Otros en cambio le cierran las puertas. Un pesebre es comedero. Este evangelio se escribió cuando la eucaristía era ya práctica litúrgica significativa para el cristiano. Sin duda el relato quiere hacernos pensar en Cristo pan de vida.

Jesús no responde a las expectativas que lo judíos tenían con relación al Mesías. Los cristianos cambiaron sustancialmente el significado de la salvación, pero siguieron manteniendo el lenguaje aplicando conceptos distintos a las mismas palabras. Aquí se precisa que la salvación es para los marginados, para los que no contaban ni desde el punto de vista social ni del religioso.

Y en la tierra paz. ¡Ojalá descubriéramos el profundo significado de esta palabra! No se trata solo de ausencia de guerras, de conflictos, de refriegas. La paz es la consecuencia de una armonía, primero interna, luego hacia los demás. Desde lo divino que hay en nosotros, sería impensable cualquier guerra. Si Dios me acepta como soy, ¿por qué no puedo aceptar a los demás como son, sin pretender que sean como yo quiero que sean? Piensa que, al rechazarlos, rechazamos a Dios.


Fray Marcos

Fe Adulta