Hoy celebramos el don del agua, fuente de vida, de esperanza y de dignidad para nuestros pueblos. Como misioneras, reconocemos en cada río, en cada lluvia y en cada gota, el amor creador de Dios que sostiene la vida y nos llama a cuidarla.
En tantas comunidades donde el agua es escasa o amenazada, nuestra misión se vuelve compromiso: defender la vida, proteger la casa común y acompañar a quienes más sufren por su falta.
Que este día nos impulse a ser guardianas del agua, promoviendo su uso responsable, su acceso justo y su preservación para las futuras generaciones.