Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

19 de marzo de 2026

107 COMUNICADO CIRCULO DE SILENCIO

Cádiz 12 de Noviembre de 2025.

 Comenzamos nuestro Círculo de Silencio, después de varios meses sin vernos a causa de las lluvias, para recordar algo esencial, que hay que ir recordando y que algunas personas y organizaciones no quieren reconocer, en vista de sus actuaciones, y es que todas las personas, sin excepción, nacemos con la misma dignidad y los mismos derechos.

Esa famosa frase proviene del Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, fue redactada como respuesta a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, ratificada y aceptada como base legal por casi todos los países del mundo, y miembros de la ONU, que son 195. Solo 8 se abstuviero, EE UU e Israel la ratificaron. Actualmente es un estándar internacional aceptado, aunque no es un tratado vinculante.

 

Y ahora lo comparamos con la realidad que vivimos, y que muchas veces se intenta invisibilizar: millones de personas en el mundo se ven obligadas a abandonar sus hogares para poder sobrevivir.

Hoy, en pleno siglo XXI, el desplazamiento forzado alcanza cifras que la humanidad nunca había conocido. Según datos de Naciones Unidas, más de 120 millones de personas en el mundo han tenido que huir de sus hogares a causa de la guerra, la violencia, la persecución o las violaciones de derechos humanos. Esto significa que una de cada 67 personas en el planeta vive desplazada.

Detrás de estas cifras hay historias concretas, Hay nombres, rostros, familias, hay madres que huyen con sus hijos en brazos, hay jóvenes que cruzan fronteras sin saber si volverán a ver su hogar, Hay personas mayores que dejan atrás toda una vida construida.

Las guerras siguen siendo una de las principales causas de este sufrimiento.

Hoy continúan activos numerosos conflictos armados que provocan destrucción, miedo y desplazamiento. Entre ellos, la guerra en Ucrania, el devastador conflicto en Sudán —que ha provocado la mayor crisis de desplazamiento actual—, la violencia persistente en Siria, la inestabilidad en Afganistán, los conflictos armados en la República Democrática del Congo, la tragedia humanitaria en Gaza, y tantas otras crisis que rara vez ocupan titulares.

Millones de personas siguen viviendo bajo bombas, persecuciones o violencia armada.

Solo en Sudán, más de 14 millones de personas han sido desplazadas por la guerra.
En Siria, más de 13 millones de personas siguen fuera de sus hogares.
Millones de personas de Afganistán, Ucrania o Myanmar han tenido que buscar refugio dentro o fuera de sus países.

Otro dato que se desconoce sobre las personas desplazadas es que la inmensa mayoría no llega a Europa.

De hecho, casi el 90% de las personas refugiadas del mundo son acogidas por países limítrofes de renta baja o media sostienen gran parte de la responsabilidad humanitaria.

Curiosamente el país que más refugiados acoge en la actualidad es Irán, con unos 4 millones de personas de nacionalidad afgana, personas que salieron de Afganistán buscando la paz, y ahora se encuentran nuevamente en el dilema de tener huir.

Y mientras tanto, el mundo sigue siendo testigo de nuevas tensiones y guerras que amenazan con ampliar aún más el número de personas desplazadas.

En estos días observamos con profunda preocupación la escalada del conflicto en Irán y las acciones militares en las que están implicados Estados Unidos e Israel. Los primeros enfrentamientos ya han provocado decenas de miles de personas desplazadas en la región, y organismos internacionales advierten de que una guerra más amplia podría desencadenar una crisis humanitaria de enormes dimensiones.

La historia nos enseña que cada guerra abre nuevos caminos de exilio, cada bomba destruye hogares, cada conflicto rompe comunidades, y cuando esas personas llaman a nuestras puertas, no lo hacen por elección. Nadie abandona su hogar si su hogar es seguro.

Las personas migrantes y refugiadas no son una amenaza, son personas que buscan protección, seguridad y futuro.

También queremos recordar que demasiadas personas pierden la vida en ese camino.
Miles de hombres, mujeres y niños han muerto en rutas migratorias, especialmente en el Mediterráneo, convertido en una de las fronteras más mortales del mundo.

Ante esta realidad, no podemos responder con la indiferencia; Como sociedad, tenemos la responsabilidad de defender los derechos humanos, de promover políticas de acogida dignas y de trabajar por la paz.

 

Desde este Círculo de Silencio pedimos:

·        Que se priorice siempre el diálogo y la diplomacia frente a la guerra.

·        Que se proteja a las personas desplazadas y refugiadas.

·        Que se creen vías legales y seguras para quienes necesitan protección.

·        Que se respeten los derechos humanos en todas las fronteras.

·        Y que nuestras sociedades no se acostumbren nunca al sufrimiento ajeno.

Hoy guardamos silencio, un silencio que no es indiferencia, un silencio que es memoria, un silencio que es compromiso, porque creemos que otro mundo es posible: un mundo donde ninguna persona tenga que huir para salvar su vida.

 Amigos, comienza nuestro TIEMPO DE SILENCIO.

MESA DIOCESANA DE ATENCION Y ACOGIDA DE MIGRANTES Y REFUGIADOS DE CÁDIZ Y CEUTA.