Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

2 de septiembre de 2026

ESTE MUNDO...

tal como lo conozco hoy, lleno de problemas, conflictos y sufrimiento, no es nuestro destino último.

Creer en Dios significa sentir la vida como un regalo que me viene de una fuente que es amor y solo amor. Poder vivir esta vida que siento dentro de mí y de los demás como un proceso misterioso que nos está conduciendo a una plenitud de libertad, gozo y descanso final.

No vivimos solos y perdidos. No estamos en manos del destino o la fatalidad. La vida está dirigida por un Padre.

Creer en Dios significa sentir con otra hondura mi propia dignidad. No soy solo un conjunto de células que dentro de muy poco se disolverá. Alguien ha pensado en mí. Alguien busca mi bien. Me siento sostenido y estimulado por Dios para hacer mi recorrido por este mundo  con la esperanza y dignidad propias de un hijo de Dios.

Creer en Dios significa reconocer esa misma dignidad de hijos e hijas de Dios en todos los hombres y mujeres. Todos son amigos,  todos son hermanos míos. También esas gentes que mueren de hambre, miseria y desnutrición en los países últimos de la Tierra. No somos solo miembros de la especie humana. Somos hermanos. Formamos una sola familia porque tenemos un mismo Padre.

Creer en Dios significa que no puedo vivir de manera aislada, desentendiéndome de los demás. No podré hacer grandes cosas, pero sé que, desde mi pequeñez, he de contribuir a una vida más humana, más digna y dichosa para todos, empezando por los últimos, los más solos y desvalidos, los más indefensos y maltratados  por la vida o las injusticias.

Creer en Dios significa creer que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra.

Un día, todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes, nuestros deseos más íntimos, alcanzarán en Dios su plena realización.

No es lo mismo creer en Dios que no creer. Tú eres quien tienes que elegir como quieres vivir y morir. Si permaneces indiferente sin elegir nada ya estás eligiendo.

Has elegido no elegir. Probablemente es la elección más pobre y desacertada.


No te conozco bien,

no conozco ni siquiera mis necesidades...

Tú me conoces por entero....

Me has creado a tu imagen de un poco de polvo

y me has hecho hijo tuyo.

Honor, gloria y alabanza a ti.

 

       SUNDAR SINGH

   Cristiano indio (1889--1929)

Colaboración de Juan García de Paredes.