Martín Valmaseda +
Se trata de una palabra que hasta hace poco se usaba solo para los niños, se les llamaba con frecuencia los enanitos, los pitufos, o los PEQUEÑOS... Pero con la necesidad de buscar cómo llamar a los simplemente pobres, ahora se les va llamando los vulnerables, los nadies (en el poema de Galeano) o los PEQUEÑOS en este artículo de la revista ÉXODO que con su permiso les presentamos:
--Sinodalidad, un proceso sin vuelta atrás nacido de la vida de los pequeños
Por Luis Miguel Modino
Nº Éxodo 159
La sinodalidad no es algo nuevo en la vida de la Iglesia, podemos decir que estuvo muy presente en el primer milenio de su vida, y que el Concilio Vaticano II propuso este camino sinodal, fundamentado en la Teología del Pueblo de Dios, que aparece en la Lumen Gentium como un elemento fundante para la vida de la Iglesia.
También podemos afirmar que la llegada del Papa Francisco + a la Sede de Pedro supuso una retomada de esta dinámica sinodal, que va mucho más allá de la celebración de un Sínodo de los Obispos, una práctica que, por otra parte, ha estado presente en la Iglesia postconciliar. El primer Papa latinoamericano, fruto de una tradición presente en la Iglesia del continente, desde el principio de su pontificado, insistió en esta dinámica sinodal, hasta el punto de afirmar que la Iglesia del siglo XXI, o es sinodal o dejará de ser Iglesia.
En esta nueva forma de caminar eclesial, fundamentada en la sinodalidad, hay dos elementos que son fundamentales, la escucha y el discernimiento. Por eso, me permito decir que la primera experiencia real de sinodalidad en la Iglesia postconciliar fue el Sínodo para la Amazonía. El motivo de esta afirmación está en el hecho de que fue el primer Sínodo después del Vaticano II en el que de verdad se llevó a cabo un proceso de escucha, en el que todos tuvieron la oportunidad de participar.

