«Se le puede encontrar en las bases. Está ligado a una comunidad concreta, inserto vitalmente en ella. Ejerciendo el servicio de la iluminación teológica, pertenece al caminar de la comunidad. Se le puede sorprender durante un fin de semana en alguna chabola, en un grupo de la periferia o en una parroquia rural. Allí está, caminando con el pueblo, hablando, aprendiendo, oyendo, interrogando y siendo interrogado. No existe el teólogo puro, sólo teólogo que solamente sabe teología... el teólogo de la liberación debe poseer en alto grado el arte de la articulación: articular el discurso de la sociedad, de los oprimidos, del mundo de las significaciones populares, simbólicas y sacramentales con el discurso de la fe y de la gran tradición. En el ambiente de la liberación querer saber solamente teología es condenarse a no saber ni la propia teología. Por eso el teólogo de la liberación posee su momento de pastor, de analista, de intérprete, de articulador, de hermano de fe y compañero de camino. Debe ser siempre un hombre del Espíritu para animar y traducir, en reflexión de fe, de esperanza y de amor comprometido, las exigencias del evangelio confrontado con los signos de los tiempos, que aparecen en los medios populares.
También se podrá
encontrar al teólogo en los encuentros con el pueblo de Dios: será un retiro
espiritual, un encuentro de diócesis para una revisión o programación; será un
curso bíblico; será un encuentro sobre pastoral de la tierra o de la mujer
marginada, o será un debate sobre los desafíos de la cultura negra o indígena.
Allí está él sobre todo como asesor. Oye los problemas, escucha la teología
hecha en y por la comunidad, es decir, esa primera reflexión de base que es la
teología del pueblo a partir de su vida. Invitado por la asamblea, intenta
entonces reflexionar, profundizar, criticar, replantear la problemática
suscitada, confrontándola siempre con la palabra de la revelación, con el
magisterio y con la gran tradición. Otras veces lo vemos en debates
interdisciplinares, en mesas redondas, incluso en los medios de comunicación
social, como representante del caminar de una Iglesia que ha tomado en serio la
opción solidaria con los pobres. Podríamos decir que entonces hace teología con
el pueblo.
Finalmente, encontramos
al teólogo en su mesa del trabajo: leyendo; investigando; preparando
conferencias, clases y cursos; escribiendo artículos y libros. Es éste el
momento teórico o científico. Ahí, en ese laboratorio, es donde la experiencia
de la base y la praxis de los agentes de pastoral son reconsideradas
críticamente, reflexionadas en profundidad y elaboradas en forma de conceptos,
es decir, dentro del rigor científico. De ahí sale el teólogo no solamente para
la animación pastoral, para asesorar a los agentes de pastoral o para algún
debate, sino también para las clases, conferencias, congresos, a veces viajando
por el extranjero, hablando en los centros metropolitanos del poder y de la
producción. Y ésa es una teología a partir del pueblo».
- Leonardo Boff y
Clodovis Boff, "Como hacer teología de la liberación".
Publicación de Facebook
de Alberto Motta Ochoa