La fe que nos anima es la fe en un Dios que ha fracasado, que también fue obligado a cargar con la cruz, que fue vilipendiado por todos sus contrarios. Curiosamente, o tal vez no tanto, aquella misma economía capitalista, o ese poder religioso omnímodo, que también colaboró y condenó al mismo Jesús, sigue hoy condenándolo. Condenando a Jesús y a la misma humanidad en el genocidio de Gaza
Curas contra el genocidio,
ante el Vaticano | Javier Baeza, cura en Vallecas
Ha sido un momento de
aprender, de tener información de primera mano de otras iniciativas que se
están llevando a cabo en diferentes países, desde Inglaterra o Irlanda, hasta
Sudáfrica, Sudán, el Chad, Italia, Francia o España, pasando por Alemania, o
Brasil. Esa diversidad de participantes le ha dado riqueza al acto.
Curas contra el genocidio | Javier Baeza, cura en Vallecas
Lo más potente, sin
duda, ha sido ese sudario que hemos llevado entre todos los compañeros,
anotando los nombres de los 309 niños y niñas asesinados en Gaza desde octubre
de 2025 a agosto de 2026. Ha sido emocionante leer esos nombres, y pasear ese
sudario por las calles de Roma. La primera, ante la Vía della Conziliacione,
ante tantas embajadas. Y otra, frente al pórtico de la plaza de San Pedro.
Otra, a los pies de la representación diplomática de Palestina.
Evidentemente, la fe
que nos anima es la fe en un Dios que ha fracasado, que también fue obligado a
cargar con la cruz, que fue vilipendiado por todos sus contrarios.
Curiosamente, o tal vez no tanto, aquella misma economía capitalista, o ese
poder religioso omnímodo, que también colaboró y condenó al mismo Jesús, sigue
hoy condenándolo. Condenando a Jesús y a la misma humanidad en el genocidio de
Gaza.
Este recorrido ha sido
sobrecogedor. Mientras caminábamos, íbamos cantando, escuchando pasajes de los
evangelios, escritos de distintos teólogos y del mismo Papa León, hasta llegar
a la empresa Leonardo, ese gran emporio fabricante de las armas con las que
Israel asesina al pueblo palestino. La majestuosidad de su edificio
acristalado, reluciente, contrasta con toda la oscuridad, ceniza y tiniebla con
las sus armas son capaces de contribuir al genocidio de Palestina.
Frente a ese edificio
que deslumbra muerte, el grito de unos cristianos, y también cristianas que se
han unido al final, de una gente que no tenemos más poder que nuestra palabra,
que no tenemos más poder que nuestro silencio y sobre todo que tenemos y
creemos en ese poder del silencio, de la oración y de clamar al buen Dios para
que ponga cordura en medio de estos locos como Netanyahu, avalados por el
silencio cómplice de Europa y por las manos homicidas del presidente Trump.
Quiero pensar que todo
lo que se haga para parar esta barbarie inhumana redundará en beneficio no solo
del pueblo palestino, sino también del pueblo de Israel y de toda la humanidad.