“Ya con flores y con tumbas va a ser por gusto. / El paquete y el depósito es un abrazo a la distancia y un mensaje de que están bien”.
Por: Redacción CAP
Ilustraciones: Diego Orellana
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PODCAST DEL REPORTAJE
Hola, papá, ¿cómo estás? Decile a mi tía que gracias por sus plegarias.
Me alegró mucho saber de ustedes.
En el paquete me ponen gelatina para el pelo, dos lociones baratas, un
par de zapatos talla 9 para jugar fútbol sala, 2 camisas Samias XL, 2
calzonetas blancas con bolsas. Si pueden, háganme ese favor. Regálenle $50 al
amigo que les entregue este escrito, por fa.
Cualquier cosa que sepan del proceso, háganmelo saber, por fa. ¿Qué
pasará después del 25?, ¿Termina el decreto?, ¿Hay posibilidades de salir libre?,
¿Cómo está la cosa?
Bueno, te voy a contar algo… José ya no está con nosotros. Hace unos días
lo llevaron para otro sector, ahí donde entregan ustedes los paquetes. Él está
enfermo. Te digo para que le avisen a la familia porque ya días no recibe paquete
y aquí yo le ayudaba.
Si pueden hablen con la familia para que lo ayuden hoy que pueden. Ya con
flores y con tumbas va a ser por gusto.
Él salió varias veces al Hospital Saldaña y le sacaron agua de los
pulmones, eso le provocaba calenturas y dolor y no quería comer esta comida
basura que dan acá, macarrones y arroz apestosos a rincón, más de tres años con
esto.
Es triste estar abandonado aquí. Sin la familia se sufre bastante. Yo les
agradezco. Puya, sin ustedes esta carga sería más difícil.
El paquete y el depósito es un abrazo a la distancia y un mensaje de que
están bien. Yo los amo y los extraño cada día.
Bueno, me despido. Los amo. Manden un par de fotos, por fa. Quiero
verlos.
***
I Pruebas de vida
En un país donde el régimen de excepción ya no es excepción, sino parte
del paisaje, las cárceles también producen algo escaso: noticias. Son cartas
escritas a mano que atraviesan muros de concreto gracias a una red informal que
las familias conocen como los cables. Para muchos familiares, esos papeles
doblados y gastados, enviados casi siempre por fotos a través de WhatsApp, son
la única señal de que alguien sigue vivo.
La lista de encargos —lociones baratas, camisas, calzonetas— no es un
simple capricho. Es parte de la vida cotidiana dentro de prisión: una forma de
resolver necesidades básicas y de sostener cierta normalidad dentro de un
sistema que tiende a reducir a los detenidos a números de expediente.
El equipo de redacción de Ciclos CAP tuvo acceso a cinco cartas de las
decenas que reos de distintos centros penales de El Salvador enviaron a sus
familias entre 2022 y 2025, en el marco del régimen de excepción, que en mayo
de 2026 sumó 51 prórrogas aprobadas por la Asamblea Legislativa. Estas cartas por
las que las familias suelen pagar entre cincuenta y doscientos dólares,
dependiendo de las condiciones impuestas por los intermediarios, son muchas
veces la única prueba de vida de personas encarceladas dentro de un sistema que
ha detenido a casi 91,000 personas y en el que, según registros de Socorro
Jurídico Humanitario, han fallecido 519 reos bajo custodia estatal hasta marzo
pasado.
Leídas en conjunto, estas cartas permiten identificar patrones comunes.
Son textos escritos con poco tiempo y bajo vigilancia, donde se mezclan
mensajes afectivos con información práctica: pedidos de paquetes o depósitos,
consultas sobre el proceso judicial y noticias breves sobre otros detenidos. Se
repiten fórmulas tranquilizadoras como “estoy bien” o “no se preocupen”,
mientras que casi no aparecen referencias directas a castigos o violencia. En
su lugar, se mencionan las condiciones del encierro de forma indirecta: se
habla del cansancio, de la enfermedad o de la calidad de la comida.
Las cartas también funcionan como un boletín desde dentro. El aviso sobre
un compañero enfermo o trasladado. Ese nombre de quien ya no está con ellos es
muchas veces la única forma de alertar a las familias. Mientras afuera el
debate público se reduce a dos posturas sin tonos medios como estar a favor o
en contra del régimen de excepción, dentro circulan noticias mínimas: quién
enfermó, quién fue movido de sector, quién dejó de recibir paquetes.
El preso lo sabe: cuando el paquete o el depósito deja de llegar, la
situación puede volverse más caótica. Su súplica por el compañero enfermo —“ya
con flores y con tumbas va a ser por gusto”— es también una advertencia para
que la ayuda llegue antes que el abandono.
“No me vayan a dejar abandonado. Quiero hallarlas con vida”
Hola, ¿Cómo estás? Espero estés bien. Te escribo de nuevo para decirte
que recibí tu respuesta y les escribo para darles las gracias a mi mamá y a mi
abuela, y en especial a vos, por estar al pendiente de mí y de mi abuela.
Gracias por cuidarla. No tengo cómo pagarte, amor.
Y te escribo para decirte que la respuesta me la dieron en mayo. Aquí yo
pagué $15.00 en producto de tienda y el producto lo pagué con los 300 cafés que
me mandaron y me vinieron 12 sopas. Solo las prestobarbas no me las dieron, me
las robaron. Solo venían los manguillos.
Hoy quiero decirte esto: en mayo llevo audiencia por el proceso anterior
de la redada porque me reabrieron el caso.
Quiero que le digás a mi mamá y a mi abuela que coman, que no pasen solo
pensando en mí. Cuando yo salga, espero hallarlas con vida. Les pido por favor,
no me vayan a dejar abandonado.
Quisiera saber qué saben ustedes de mi proceso y quiero saber qué se oye
del régimen porque aquí no nos dicen nada.
Quiero que me hagás un favor. Aquí está un brother, Esteban, amigo mío que
me conoce y conoce a tu sobrino, y él me pide que le hagás un favor: que vayás
donde la familia. Decile que el papá del niño manda a decirle que se comunique
con los hermanos de mi brother o con la mamá, que le digan que él está bien,
pero manda a decir que si le pueden poner paquete cuando puedan y decile que
ella le cuide a su niño. Él quiere saber cómo se encuentra su hijo.
Solo $50.00 vas a pagar. Espero tu respuesta, amor. Gracias por todo.
Quiero que me mandés una foto de mi abuela, una tuya y una de mi mamá,
para poderlas ver, pero mandalas, solo así las puedo ver. Cuídense mucho.
A veces creo que de aquí no me voy a ir, pero siempre pienso en mi
abuela, en mi mamá y en vos y eso es lo que me da fuerzas para seguir adelante.
TE AMO.
Recuerden ponerme un mes al pin y otro mes, paquete.
***
Ante la desesperación por la falta de noticias sobre los detenidos, las
familias tienen que pagar por recibir pruebas de vida desde las cárceles salvadoreñas.
II. Los cables
Detrás de cada carta que logra llegar a los familiares de los privados de
libertad se ha establecido un negocio: intermediarios conocidos de manera
informal como “cables”.
¿Quiénes son estas personas? No son una red solidaria gratuita. Son un
grupo de empleados del sistema penitenciario que establecen contacto con las
familias para proponerles el intercambio de cartas. Son un grupo de operadores
que imponen las tarifas y condiciones: “El viernes entro de turno, por si
quieren responder”, escribió uno de ellos a una de las familias.
Los cables rara vez dejan rastro. Funcionan con otra red de personas, que
bien pueden ser amigos, amigas, esposas, o cualquier persona vinculada a ellos
de manera directa, sin ser empleados formales del sistema penitenciario —no
aparecen en los registros del Seguro Social— y que reciben el dinero en cuentas
bancarias sin poner nunca un pie en un penal.
Tal es el caso de la esposa de un custodio que ofrece el servicio,
explota la desesperación desde fuera, usando información privilegiada; la
familia paga además de la carta por el permiso, que no se dice de manera
directa, de no ser delatados.
A pesar de la manera oculta en la que funciona este sistema y de la
extorsión por información, la carta que finalmente llega posee una cualidad
casi sagrada: es la prueba de que un ser querido sigue existiendo dentro del
centro penal. No importa si el texto es un inventario de necesidades o una
declaración de amor contenida. En un país donde la Ley de Acceso a la Información
Pública fue sepultada con la llegada del gobierno en turno, las cartas se
convierten en el único parte médico, el único boletín judicial y la única
visita familiar posible.
“Hay un tiempo para abstenerse de abrazar, y luego tiempo de reír y abrazar”
Querida y amada madre: Dios Todopoderoso me la tenga con bien, es mi
mayor anhelo. En este día tan especial que Dios trajo al mundo la madre tan
única y especial como tú, palabras me hacen falta para expresarte nuestro
agradecimiento, de mi hermano y yo, Antonio. Es tan difícil de creer, madre,
que este es el quinto cumpleaños de no poder estar a su lado, pero al saber que
está bien de salud y pilitas siempre nos alegra el corazón, en todo este tiempo
que estamos separados. Tenía esperanza de estar este cumple juntos, pero Dios
no lo ha permitido aún. Sin embargo, cuando ese día de nuestro reencuentro
suceda tendremos tiempo para recobrar este tiempo ausente; como dice el libro
de Eclesiastés, hay un tiempo para llorar, abstenerse de abrazar y luego tiempo
de reír y abrazar.
Sé que este proceso ha sido duro para usted y nosotros, y aún a veces
sigo sin entender, pero es cuando pido a Dios paz, fortaleza y salud para todos
nosotros. En lo personal, estos días me he sentido con sentimientos
encontrados, pues aún albergo la esperanza si no esta navidad de que pronto
estaremos juntos. He soñado varias veces acerca de este reencuentro y con
certeza puedo decir que tendremos tiempos aún mejores que antes. La extraño
tanto, hablar con usted, sus regaños, consejos.
Roberto también le manda un beso y fuerte abrazo. Gracias a usted y Caro
por no dejarnos y creer en nosotros. Dios la bendiga y me le conceda salud, paz
y bendiga el fruto de sus manos. Espero que esta nota le llegue, ya que cuesta
un poco poder darle esto a la persona. Se dice que estaremos hasta el 19 de
este mes por acá, es que pregunten aquí al muchacho cualquier cosa y me lo hace
saber. Este día quiero que se olvide de todo un momento. Le demos gracias a
Dios y la pase bien, que pronto todos estaremos juntos. La amamos mucho, madre.
La extrañamos y le mandamos un fuerte abrazo. Feliz cumpleaños mi querida mamá.
Roberto y Antonio, sus hijos.