Una palabra de ánimo, una sonrisa, una visita, una oración o un acto de perdón pueden iluminar el día de una persona y acercarla a Dios.
La luz no hace
ruido, simplemente brilla; y la sal no se ve, pero transforma todo lo que toca.
Cuando vivimos con fe y amor, otras personas pueden descubrir a través de
nosotros, la bondad de Dios.
Colaboración de Juan García de Paredes.