Dije al almendro :
¡ Háblame de Dios !
Y el
almendro floreció.
Dije al pobre : ¡ Háblame
de Dios !
y el pobre me ofreció
su capa.
Dije a la naturaleza :
¡ Háblame de Dios !
Y la naturaleza se
cubrió de hermosura.
Dije al amigo: ¡
Háblame de Dios !
Y el amigo me enseñó a
amar.
Dije al ruiseñor : ¡
Háblame de Dios !
Y el ruiseñor se puso a
cantar.
Dije al dolor: ¡
Háblame de Dios !
Y el dolor se
transformó en agradecimiento.
Dije a mi madre: ¡
Háblame de Dios !
Y mi madre me dió un
beso en la frente.
Dije al enemigo: ¡
Háblame de Dios !
Y el enemigo me tendió la mano.
Dije a la Biblia: ¡
Hábla de Dios !
Y la Biblia se ahogó de
tanto hablar.
Dije a Jesús: ¡ Háblame
de Dios !
y Jesús rezó el
Padrenuestro.
Dije temeroso, al sol
poniente :
¡ Háblame de Dios !
Y el sol se ocultó sin
decirme nada.
Pero al día siguiente, al amanecer, cuando abría la ventana, ya me volvió a sonreír.
PALABRAS PARA EL
SILENCIO
Colaboración de Juan García de Paredes.