...no caer en la indiferencia ante quien busca protección
Tras el rezo del ángelus, León XIV recordó la celebración, el 20 de junio, de la Jornada Mundial del Refugiado y apeló a "las conciencias de los responsables de las naciones" en el 75º aniversario de la Convención de Ginebra.
"Nadie puede ser
indiferente ante quien busca protección y ayuda." Con estas palabras,
pronunciadas este domingo desde el balcón del Palacio Apostólico tras el rezo
del ángelus, el Papa León XIV ha querido sumarse a la celebración de la Jornada
Mundial del Refugiado, conmemorada el sábado 20 de junio ante miles de fieles
congregados en la plaza de San Pedro bajo un sol ya plenamente veraniego.
El Pontífice exhortó a
"acoger a quienes son víctimas de persecución para que puedan vivir en
paz, con dignidad y mirar al futuro con esperanza", y expresó su deseo de
que "el espíritu que animó la elaboración de este importante instrumento
internacional continúe hoy iluminando las conciencias de los responsables de
las naciones". León XIV se refería así a la Convención sobre el Estatuto
de los Refugiados de 1951, que este año cumple 75 años, y cuyos principios
fundacionales —recordó el Papa— deben seguir guiando las decisiones de
gobiernos e instituciones encargadas de la acogida de personas desplazadas.
"No volverse hacia
otro lado"
En la misma línea, el Papa había insistido durante el ángelus en que "nadie puede volverse hacia otro lado ante quienes buscan protección y seguridad", subrayando que dicha Convención fue creada precisamente "para proteger a quienes son perseguidos". Las cifras que enmarcan este llamamiento son contundentes: según el informe de Tendencias Globales 2025 de ACNUR, 117,8 millones de personas se han visto forzadas a huir de conflictos, violencia y persecución en el mundo —una de cada 70 personas—, de las cuales los niños representan el 38%. A finales de 2025, el número de refugiados en sentido estricto ascendía a 41,6 millones.
Una jornada de peregrinaciones marcada por la migración
El mensaje llegó al
cierre de una jornada intensa para el Papa, que el sábado había peregrinado
hasta Pavía para venerar las reliquias de San Agustín, antes de visitar la
parroquia de Sant'Angelo Lodigiano dedicada a Santa Francisca Javiera Cabrini,
patrona de los migrantes. Allí, León XIV subrayó que la migración constituye
"un desafío eclesial complejo" que exige respuestas concretas más
allá del discurso. El Pontífice tiene previsto seguir poniendo el foco en esta
cuestión el próximo 4 de julio, cuando viaje a Lampedusa para llamar la
atención sobre la crisis migratoria en el Mediterráneo.
No es la primera vez
que León XIV aprovecha cada escala de sus viajes para situar a los migrantes en
el centro de la agenda. Ya lo hizo durante su reciente visita a España, donde
la parada en Canarias —con el simbólico encuentro en el puerto de Arguineguín,
rebautizado como "Muelle de la Esperanza"— sirvió para visibilizar el
drama de quienes llegan a las costas europeas en embarcaciones precarias.
Lampedusa se perfila así como un nuevo capítulo de ese mismo empeño: convertir
cada parada del pontificado en un recordatorio de que la migración no admite
indiferencia.
Contemplación y
compromiso
Antes de referirse a los
refugiados, el Papa había dedicado sus palabras introductorias al evangelio del
día (Mt 10,26-33), invitando a los fieles a "contemplar" para
convertirse en "apóstoles creíbles y libres". Advirtió que esta
disposición no es "una experiencia exclusiva, reservada a algunos santos o
a los monjes y a los ermitaños", sino que está al alcance de todos
mediante "momentos de quietud para permanecer en silencio ante Dios".
Esa misma actitud contemplativa, vino a sugerir el Pontífice, es la que sostiene
el compromiso con quienes huyen de la persecución y buscan, sencillamente, un
lugar seguro donde vivir.
Inma Calvo Torrejón
Ciudad del Vaticano