Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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13 de octubre de 2017

De la mesa al altar

Lo que va de ayer a hoy



(Historias   bíblicas de ayer que se repiten hoy)

DE LA MESA COMÚN  AL ALTAR  EN LO ALTO

Eso que llamamos misa o cena del Señor o eucaristía, sabemos que partió de aquella noche dramática en que aquel líder campesino de Nazaret invitó a cenar a sus amigos para   la tradicional pascua, cuando se recordaba  la antigua huida del pueblo hebreo amenazado por la esclavitud de los faraones. Desde entonces hasta nuestros días se ha seguido celebrando esa cena con otros nombres y estilos diferentes. Nuestros hermanos judíos según su tradición y los cristianos en la memoria de la cena de Jesús.

Podíamos preguntarnos qué es más auténtica entre nosotros si la manera de celebrarla hoy, al cabo de unos dos mil años, o la que entonces se tuvo en el pequeño salón   que unos vecinos les alquilaron a Jesús y su gente. 

Hagamos una comparación entre la hoy llamada misa… LA QUE VA DE AYER a HOY

Ayer

Fue   aquella noche hacia el mes de abril cerca del año 30 de nuestra era.  

Podemos ponernos en el pellejo de esos muchachos de pueblo, parece que no muy ilustrados, que admiraban y seguían a aquel campesino de su tierra.

Lo seguían cada vez más inquietos según veían el ambiente que se estaba creando a su alrededor. Aquella cena de un cordero como plato principal,  con ensalada de hierbas amargas, un huevo cocido, un postre de frutos secos,  el pan sin levadura, el vino, esencial en la comidas hebreas…

Todos estos alimentos tenían su simbolismo, no voy ahora a explicar cuál, sólo que   estaba en relación con los sufrimientos de su antigua esclavitud en Egipto, los trabajos duros, la huida apresurada al desierto sin poder siquiera hacer el pan con su levadura…

En un momento de esa cena que todos los años celebraban,   el más joven de la familia reunida hacía la tradicional pregunta: “¿qué hace diferente esta noche de las otras?” Y entre ´la narración de los más ancianos y salmos cantados a coro se recordaba la historia de aquel pueblo caminando en busca de la libertad

Los especialistas en el evangelio discuten si la cena de Jesús con sus amigos fue exactamente la celebración de la pascua judía o no. El teólogo José Antonio Pagola en su libro Jesús aproximación histórica lo duda (igual lo dudan otros). Eso es lo de menos.

Pero sabemos que la cena de aquella noche tenía un ambiente especial: la tensión por sentirse perseguidos y saber que su maestro había tenidos duros enfrentamientos en el templo, discutiendo con las autoridades religiosas, junto a la irritación de los comerciantes de “objetos más o menos religiosos” en el templo porque el profeta les habían estropeado las ventas.

Aunque el evangelista Juan desarrolla mucho el diálogo de Jesús,  los sentimientos de aquel  anochecer    pedían que no sólo hablase Jesús, mientras  los demás escuchaban, sino que  la conversación se desarrollase   con el sentimiento de peligro y temor ante los últimos acontecimientos.

En la misma cena, a pesar de que lo pintores suelen limitar los asistentes a  Jesús con los doce, algo
nos hace pensar que no solamente el grupo se reducía a los elegidos.  Los evangelios distinguen bien entre apóstoles -los doce- y discípulos, otros hombres y mujeres que iban uniéndose a Jesús según aumentaba su cariño y entusiasmo por él.En torno a esta cena podemos distinguir tres momentos:

1.- lo que había sucedido los días anteriores a la celebración: sus enfrentamientos con las autoridades religiosas

2.- la misma cena, lo que se dijo, se hizo en ella, y

3.-la  tragedia que iba a suceder después 

Cuando llegó el momento en que escucharon:” levántense y vámonos de aquí”  salieron, según costumbre  al huerto de los olivos. Así dicen algunos evangelistas. No cuentan si  al decirlo se le formó  al Maestro un nudo en la garganta  mientras  los demás cruzaban  miradas desconcertadas y angustiosas.

Así salieron ayer.  Hoy quien tiene la pretensión de hablar en lugar de Jesús.   Dice tranquilamente al final: “pueden ir en paz”. Besa la mesa y sale tranquilo a la sacristía donde despide a los que han estado “oyendo” esa “misa”… ¿Oyendo? Hablemos de

HOY

Podemos ahora ver las diferencias de ese hoy con el ayer que hemos descrito.

Hoy.-  los llamados creyentes no se  reúnen en una sala de comedor sino en  un llamado “templo”,  a veces  de pequeñas dimensiones,  a veces un monumento de tamaño y dimensiones desproporcionadas para  el número de los que  asisten.

Hoy   no se suele reunir un grupo de amigos, compañeros, que llevan tiempo conviviendo, sino gente que apenas se conoce y que ocupan unos asientos alargados – bancas las llaman – cada uno en cualquier sitio que elija y sin intercambiar palabras de amistad con   los que están cerca de él. (se puede dar el caso  de que  haya por allí alguna persona con quien se lleva mal y tiene diferencias pequeñas  o grandes, pero no importa, allí están los dos sin mirarse ni hablarse.

Hoy, cuando ya están todos  reunidos, (menos los  que llegan atrasados, a veces bastantes…) sale  hasta  el llamado”presbiterio” el llamado sacerdote, que dicen representa a Jesús (que sólo era un  simple trabajador). Sale   acompañado por unos ayudantes, todos vestidos con trajes solemnes, llevando candelas, y otros signos religiosos. En bastantea casos  acompañan la entrada con cantos que hablan de ir con alegría juntos como hermanos a la casa del señor.  Muchos de los asistentes ni cantan ni tienen cara de alegría y menos de sentirse reunidos.

Hoy  el presidente no sale a reunirse con los demás asistentes en una mesa de comedor como antiguamente,   en vez de mesa lo llaman altar y suele estar claro, alto, sobre escalones, y lejos. Como además los asistentes    dejan las bancas de delante vacías, pues más lejos todavía (será para que no les contagie)

Hoy el, llamémoslo presidente de aquella asamblea, saluda a los presentes “enelnombredelpadrehijoyespiritusanto” que está con ustedes y ellos, algunos por lo menos, le contestan que también con su espíritu.

Hoy, El presidente pide piedad y perdón en nombre de todos, o solamente el grupo de músicos canta “el señor ten piedad”. No se sabe si los presentes piden perdón sinceramente o no se enteran ni  por  qué  se pide eso. Algo malo  habrán hecho tal vez.

Hoy…Allá delante hay un atril y algunos de los acompañantes del que preside leen  párrafos de la biblia. Alguno trata de los viejos tiempos de los patriarcas o de los más modernos de los apóstoles.  Por fin el presidente se levanta y lee algo que recuerda al carpintero de Nazaret.  No sólo lo lee sino que  lo comenta. En ese momento hay una sensación más cercana de que aquello tiene que ver con  el maestro platicando con sus discípulos en aquella primera-ultima cena. El predicador si se da cuenta del ambiente, procura no prolongarse mucho. Hay gente que tiene prisa porque luego tiene una fiesta o un viaje… Pero  si el que habla no se da cuenta, pobres de los asistentes que empiezan a agitarse  inquietos en la banca y a mirar el reloj.

Pero ya parece que terminan las palabras y se organiza una traída de ofrendas sobre la mesa – altar. Empezamos entonces a recordad que aquello  es una comida; veremos el  menú.  Se empieza por sacar unos cestitos y recoger dinero. ¡Ah es que no habrían comprado  la comida

Pero después sobre la mesa-altar los ayudantes  colocan unas copas,   y  un plato. Sobre él  unas cosas blancas y redondas, alguna más grande. Por lo que dicen lo comentarios parece que eso es pan. No lo parece. Y sobre la copa vierten un poco de vino, con un poquito de agua para que no se suba a la cabeza de quienes lo beban.

Ese menú tan resumido será recuerdo de lo que entonces con Jesús se compartió: el cordero, la ensalada, el pan y el vino… ¿ pan y vino es el resumen? Y efectivamente en ese momento el presidente hace unas oraciones  más largas donde cuenta lo de Jesús aquella noche, cuando partió el pan  (pero él no lo  parte) y les dijo: “tomen y coman”, (pero aun nos le da a comer) y : “tomen y beban” (pero no les da de beber)…. Uno se queda decepcionado de esa comida tan económica y tan impersonal donde los asistentes solo asisten pasivos. Todo se lo organiza el presidente, él solito… Pero esperen que no hemos terminado.

Hoy…: de pronto el presidente tiene un ataque de espontaneidad y les pide a los asistentes que se den la paz. Ahí se monta un pequeño revuelo, la gente se da la mano y hasta se besa, y los pequeños corretean abrazando a todo bicho viviente, incluso al presidente. Dura solo un ratito y vuelve la formalidad.

Hoy… llega un momento en que  parece que ya  se puede comer. El presidente   parte un trocito del pan ese blanquito  y con  colaboración de algunos ayudantes  se baja del altar y empieza a repartir los redondelitos de  pan.  Poe si no se habían enterado les dice al dárselo: “el cuerpo de Cristo”.   Lo que se habían puesto en cola dicen amén y algunos ponen la mano como los apóstoles para recibir aquel trocito pero otros no se consideran dignos y le sacan la lengua al presidente para que atine a colocárselo en la boca sin mojarse los dedos de saliva.

Por los cantos que se cantan en ese momento parece que a esa parte del misa la llaman “comunión”.  Uno pensaba que comunión es algo más serio e importante que comprometía a toda la persona, pero parece que no. Para muchos solo se compromete la boca, ni siquiera la mano.

Para acabarlo de complicar alguno de los ayudantes  desde el atril dice a la gente que los que no puedan comulgar pueden hacer una comunión “espiritual”. ¿Y eso qué es?  Parece que algo así como una comida sin comer.  ¿Alguno de los asistentes a  la cena de Jesús se quedaría sin comer?: Parece que hasta  Judas Iscariote tomó, comió y bebió.

Pero  los asistentes a esa llamada misa de beber nada.

Ya la celebración cuesta abajo, el presidente hace unas cortas oraciones, a veces  uno de los ayudantes se acerca al atril y da algunos avisos de otras ceremonias para días cercanos. Todo va terminando.

El presidente bendice a los asistentes y les dice para que respiren tranquilos: “Pueden ir en paz”. El sale con los ayudantes con sus  vestidos especiales y después salen los demás, unos con cara de urgencia porque tienen un compromiso y se les hace tarde, otros  se detienen a platicar entre ellos y con el presidente y  se intercambian saludos y abrazos, eso deja mejor sabor de boca a la celebración.  Lógicamente la preocupación por lo que les espera al salir… suponemos que algunos de los asistentes  tienen que ir a algún monte de los olivos, a algún juicio donde la vaya alguien  la vida o a algún calvario personal o de conocidos. ¿Terminamos?

Sólo déjenme que les haga una pregunta: qué parecido encuentran entre esta celebración de hoy en el templo, lejos del altar, alto, sobre escalones, con gente pasiva  ante lo que  hace el llamado sacerdote, que habla casi él solo,  gente que cobra con algún dinero cuando pasan el cestito, que  miran  silenciosos cuando les dicen  tomen y coman (algunos no miran,  bajan la vista,) y  poniéndose en cola, sacando la lengua cuando les dicen que eso es el cuerpo de Cristo…

¿Qué tiene eso que ver con la intensa, cariñosa, reunión de los amigos de Jesús  aquella noche de jueves santo, poniendo sus vidas en común, compartiendo la comida, dialogando con  el amigo y escuchado los consejos de quien  estaba consciente de  lo que se está tramando,  tomando en su mano y comiendo el pan como signo de su  persona entregada, bebiendo su sangre signo de u vida derramada   antes de salir al  huerto de los olivos…   Qué tiene eso que ver con los actos mecánicos de lo que  siguieron  los discípulos celebrando como fracción del pan, como cena del Señor, como memoria de su pasión… y hoy llamamos simplemente misa y nos quedamos  tan tranquilos.

Hasta algunos se quedan satisfechos con una llamada “primera comunión”
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((Para abrirles el apetito les copio aquí una parte del capítulo 12 de  ese libro, Jesús aproximación histórica

((el libro completo  lo encontrarán en internet)):

Despedida inolvidable También Jesús sabe que sus horas están contadas. Sin embargo no piensa en ocultarse o huir. Lo que hace es organizar una cena especial de despedida con sus amigos y amigas más cercanos. Es un momento grave y delicado para él y para sus discípulos: lo quiere vivir en toda su hondura. Es una decisión pensada. Consciente de la inminencia de su muerte, necesita compartir con los suyos su confianza total en el Padre incluso en esta hora. Los quiere preparar para un golpe tan duro; su ejecución no les tiene que hundir en la tristeza o la desesperación.
Tienen que compartir juntos los interrogantes que se despiertan en todos ellos: ¿qué va a ser del reino de Dios sin Jesús? ¿Qué deben hacer sus seguidores? ¿Dónde van a alimentar en adelante su esperanza en la venida del reino de Dios? Al parecer, no se trata de una cena pascual. Es cierto que algunas fuentes indican que Jesús quiso celebrar con sus discípulos la cena de Pascua o séder, en la que los judíos conmemoran la liberación de la esclavitud egipcia. Sin embargo, al describir el banquete, no se hace una sola alusión a la liturgia de la Pascua, nada se dice del cordero pascual ni de las hierbas amargas que se comen esa noche, no se recuerda ritualmente la salida de Egipto, tal como estaba prescrito. Por otra parte es impensable que esa misma noche en la que todas las familias estaban celebrando la cena más importante del calendario judío, los sumos sacerdotes y sus ayudantes lo dejaran todo para ocuparse de la detención de Jesús y  organizar una reunión nocturna con el fin de ir concretando las acusaciones más graves contra él. Parece más verosímil la información de otra fuente que sitúa la cena de Jesús antes de la fiesta de Pascua, pues nos dice que Jesús es ejecutado el 14 de nisán, la víspera de Pascua. Así pues, no parece posible establecer con seguridad el carácter pascual de la última cena. Marcos, Mateo y Lucas dan suficientes indicaciones para que el lector identifique la cena con la Pascua judía (Marcos 14,1.12.16-17.18 y paralelos); Lucas incluso nos dice que ese era el deseo de Jesús: “¡Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con vosotros antes de morir!” (22,15). Jeremias, Gnilka y otros piensan que Jesús celebró la cena de Pascua. Sin embargo, según Juan, fue crucificado la víspera de Pascua (18,28) y, por tanto, la cena fue antes de Pascua; tampoco Pablo dice nada de una “cena pascual” (1 Corintios 11,23-26). Hoy, por lo general, los autores niegan el carácter pascual de la última cena o lo dejan bajo interrogante (Schürmann, LéonDufour, Theissen, Schlosser, Roloff,
Theobald...). Probablemente, Jesús peregrinó hasta Jerusalén para celebrar la Pascua con sus discípulos, pero no pudo llevar a cabo su deseo, pues fue detenido y ajusticiado antes de que llegara esa noche. Sin embargo sí le dio tiempo para celebrar una cena de despedida. En cualquier caso, no es una comida ordinaria, sino una cena solemne, la última de tantas otras que habían celebrado por las aldeas de Galilea. Bebieron vino, como se hacía en las grandes ocasiones; cenaron recostados para tener una sobremesa tranquila, no sentados, como lo hacían cada día. Probablemente no es una cena de Pascua, pero en el ambiente se respira ya la excitación de las fiestas pascuales. Los peregrinos hacen sus últimos preparativos: adquieren pan ázimo y compran su cordero pascual. Todos buscan un lugar en los albergues o en los patios y terrazas de las casas. También el grupo de Jesús busca un lugar tranquilo. El relato de Marcos 14,13-15 y paralelos sobre la preparación de la cena pascual tiene rasgos legendarios y no permite deducir ninguna conclusión histórica. Esa noche Jesús no se retira a Betania como los días anteriores. Se queda en Jerusalén. Su despedida ha de celebrarse en la ciudad santa. Los relatos dicen que celebró la cena con los Doce, pero no hemos de excluir la presencia de otros discípulos y discípulas que han venido con él en peregrinación. Sería muy extraño que, en contra de su costumbre de compartir su mesa con toda clase de gentes, incluso pecadores, Jesús adoptara de pronto una actitud tan selectiva y restringida. ¿Podemos saber qué se vivió realmente en esa cena? La última cena está consignada en Marcos 14,22-26; Mateo 26,26-30; Lucas 22,14-20 y 1 Corintios 11,23-26. Nadie duda de la historicidad del hecho. Sin embargo son textos muy condensados y densos que no pretenden describir con detalle lo ocurrido, sino proclamar una acción de Jesús que dio origen a una práctica litúrgica que se está viviendo en las comunidades cristianas. Las divergencias se deben a que cada redactor narra la cena desde la práctica cultual de su propia comunidad. No es difícil observar que son textos litúrgicos que fijan lo esencial: gestos que hay que hacer y palabras que hay que pronunciar. A través de ellos hemos de tratar de aproximarnos a lo que se vivió en la cena de Jesús.  Jesús vivía las comidas y cenas que hacía en Galilea como símbolo y anticipación del banquete final en el reino de Dios. Todos conocen esas comidas animadas por la fe de Jesús en el reino definitivo del Padre. Es uno de sus rasgos característicos mientras recorre las aldeas. Jesús compara el reino de Dios a una cena en que toman parte “los pobres, lisiados, ciegos y  cojos”, sin excluir a nadie (fuente Q = Lucas 14,15-24 / / Mateo 22,2-10). Incluso los gentiles tomarán parte en ese banquete (fuente Q = Lucas 13,2829 / / Mateo 8,11-12). También esta noche, aquella cena le hace pensar en el banquete final del reino. Dos sentimientos embargan a Jesús. Primero, la certeza de su muerte inminente; no lo puede evitar: aquella es la última copa que va a compartir con los suyos; todos lo saben: no hay que hacerse ilusiones. Al mismo tiempo, su confianza inquebrantable en el reino de Dios, al que ha dedicado su vida entera. Habla con claridad: “Os aseguro: ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el reino de Dios”. (Marcos 14,25 y paralelos). Por lo general, los autores ven en estas palabras el eco de un dicho genuino de Jesús. No se observa ningún rasgo teológico de la comunidad cristiana. Jesús aparece como “comensal” en la mesa del reino sin ningún título cristológico. La muerte está próxima. Jerusalén no quiere responder a su llamada. Su actividad como profeta y portador del reino de Dios va a ser violentamente truncada, pero su ejecución no va a impedir la llegada del reino de Dios que ha estado anunciando a todos. Jesús mantiene inalterable su fe en esa intervención salvadora de Dios. Está seguro de la validez de su mensaje. Su muerte no ha de destruir la esperanza de nadie. Dios no se echará atrás. Un día Jesús se sentará a la mesa para celebrar, con una copa en sus manos, el banquete eterno de Dios con sus hijos e hijas. Beberán un vino “nuevo” y compartirán juntos la fiesta final del Padre. La cena de esta noche es un símbolo. Movido por esta convicción, Jesús se dispone a animar la cena contagiando a sus discípulos su esperanza. Comienza la comida siguiendo la costumbre judía: se pone en pie, toma en sus manos pan y pronuncia, en nombre de todos, una bendición a Dios, a la que todos responden diciendo “amén”. Luego rompe el pan y va distribuyendo un trozo a cada uno. Todos conocen aquel gesto. Probablemente se lo han visto hacer a Jesús en más de una ocasión. Saben lo que significa aquel rito del que preside la mesa: al obsequiarles con este trozo de pan, Jesús les hace llegar la bendición de Dios. ¡Cómo les impresionaba cuando se lo daba a los pecadores, recaudadores y prostitutas! Al recibir aquel pan, todos se sentían unidos entre sí y con Dios. Esta “fracción del pan” era un acto importante entre los judíos al comenzar la comida. Al parecer, en tiempos de Jesús se hacía ya de forma fija y ritualizada. Creaba entre los comensales una “comunión de mesa” ante Dios (Jeremías, Schürmann, Léon-Dufour). Pero aquella noche, Jesús añade unas palabras que le dan un contenido nuevo e insólito a su gesto. Mientras les distribuye el pan les va diciendo estas palabras: “Esto es mi cuerpo. Yo soy este pan. Vedme en estos trozos entregándome hasta el final, para haceros llegar la bendición del reino de Dios” No es posible reconstruir las palabras exactas de Jesús a partir de las dIferentes versiones. Grandes especialistas como Jeremias, Schurmann o Léon-Dufour han renunciado a ello. La posición mas generalIzada ve en Marcos (= Mateo) el sustrato mas antIguo “Esto [es] mI cuerpo”, Pablo ha añadIdo “por vosotros”, Lucas ha completado “Esto es mI cuerpo entregado por vosotros” (Schlosser, Roloff, Theobald) “Cuerpo” en arameo viene a ser la “persona concreta”, “yo mIsmo”. ¿Qué sintieron aquellos hombres y mujeres cuando escucharon por vez primera estas palabras de Jesús? Les sorprende mucho más lo que hace al acabar la cena. Todos conocen el rito que se acostumbra. Hacia el final de la comida, el que presidía la mesa, permaneciendo sentado, cogía en su mano derecha una copa de vino, la mantenía a un palmo de altura sobre la mesa y pronunciaba sobre ella  una oración de acción de gracias por la comida, a la que todos respondían “amén”. A continuación bebía de su copa, lo cual servía de señala los demás para que cada uno bebiera de la suya. Sin embargo, aquella noche Jesús cambia el rito e invita a sus discípulos y discípulas a que todos beban de una única copa: ¡la suya! Todos comparten esa “copa de salvación” bendecida por Jesús. Tal vez Jesús siguió una costumbre que consistía en enviar una “copa bendecida” a alguien a quien se le deseaba hacer partícipe de la bendición, aunque no estuviera en la mesa (Dalman, Blllerbeck, Schurmann) Se le llamaba “cáliz de salvación” (Salmo 116,13) y, al parecer, tenía mas o menos el valor de nuestra accion de brIndar por alguien “¡A la salud!” En esa copa que se va pasando y ofreciendo a todos, Jesús ve algo “nuevo” y peculiar que quiere explicar: “Esta copa es la nueva Alzanza en mi sangre. Mi muerte abrirá un futuro nuevo para vosotros y para todos” Todas las fuentes hablan de la “alianza”, pero de forma dIversa Pablo y Lucas dicen “Esta copa es la nueva alIanza en mI sangre”, Marcos y Mateo, por el contrario “Esta es mi sangre de alianza” Los autores dudan en privilegiar un texto u otro. Bastantes prefieren la forma de Pablo y Lucas, pues el paralelismo “esto es mI cuerpo” = “esta es mi sangre” parece más propio de una adaptación a la acción lIturglca que del lenguaJe de una cena (thelssen) Otros dudan de la historicidad de las palabras sobre la sangre, pues nunca aparece en labios de Jesús la palabra “alIanza”, pero tampoco se excluye que la empleara en esta ocasión. Jesús no piensa solo en sus discípulos más cercanos. En este momento decisivo y crucial, el horizonte de su mirada se hace universal: la nueva Alianza, el reino definitivo de Dios será para muchos, “para todos” En Marcos 14,24 se dIce que la sangre es derramada “por muchos” La expresión grIega hyper pollon sIgmfIca lIteralmente” por muchos”, pero en la lengua aramea en que esta hablando Jesús no tIene sentido exclusivo, smo que sugiere la Idea de totalidad. La mejor Traducción española es “por todos”. Con estos gestos proféticos de la entrega del pan y del vino, compartidos por todos, Jesús convierte aquella cena de despedida en una gran acción sacramental, la más importante de su vida, la que mejor resume su servicio al reino de Dios, la que quiere dejar grabada para siempre en sus segUIdores. Quiere que sigan vinculados a él y que alimenten en él su esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio. SegUIrá siendo “el que sirve”, el que ha ofrecido su vida y su muerte por ellos, el servidor de todos. Así está ahora en medio de ellos en aquella cena y así quiere que lo recuerden siempre. El mandato “Haced esto en memona mía” (1 Corintios 11,24, Lucas 22,21) y la orden “Cada vez que bebáIs, haced lo mIsmo en memona mla” (1 Corintios 11,25) no pertenecen a la tradición mas antigua. Probablemente provienen de la liturgia cristiana posterior, pero sin duda ese fue el deseo de Jesus al celebrar esta solemne despedida. El pan y la copa de vino les evocará antes que nada la fiesta final del reino de Dios; la entrega de ese pan a cada uno y la participación en la misma copa les traerá a la memoria la entrega total de Jesús. El pan partido no es símil del cuerpo muerto y despedazado de Jesús, ni el vino es imagen de su sangre (el color rojo no es mencionado nunca), son mas bien imagen del banquete y la fIesta del reino de Dios Es el gesto de Jesús entregando un trozo de pan a cada uno y hacIendo beber a todos de su copa el que sIgrufIca su entrega hasta la muerte.

“Por vosotros”: estas palabras resumen bien lo que ha sido su vida al servicio de los pobres, los enfermos, los pecadores, los despreciados, las oprimidas, todos los necesitados... Estas palabras expresan lo que va a ser ahora su muerte: se ha “desvivido” por ofrecer a todos, en nombre de Dios, acogida, curación, esperanza y perdón. Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre. Profundizando mas en esa entrega de Jesús hasta la muerte, Marcos dIce que la sangre de Jesús “se derrama por todos” (14,24), Mateo añade que se derrama “para el perdón de los pecados” (26,28), Pablo y la carta a los Hebreos la presentan teológIcamente como “un sacrificio de expiación” por el pecado de la humanidad. Así fue la despedida de Jesús, que quedó grabada para sIempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos; la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de “vino nuevo” en el reino de Dios. No sentirán el vacío de su ausencia: repitiendo aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo y su presencia. Él estará con los suyos sosteniendo su esperanza; ellos prolongarán y reproducirán su servicio al reino de Dios hasta el reencuentro final. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final. Recientemente, diversos investigadores han visto en la “última cena” una acción que “complementa” el gesto profético realizado poco antes por Jesús contra el templo. Según esta hipótesis, Jesús habría entendido la “cena” como una alternativa nueva y radical al sistema del templo. El servicio al reino de Dios y su justicia no estaría vinculado al sistema religiosopolítico-económico del templo judío, sino a la experiencia fraterna de una comida donde los seguidores de Jesús se alimentarían de su espíritu de servicio al proyecto de Dios y de su confianza en la fiesta final junto al Padre (Theissen, Neusner, Chilton, Wright, con diversos matices y subrayados). ¿Hace además Jesús un nuevo signo invitando a sus discípulos al servicio fraterno? El evangelio de Juan dice que, en un momento determinado de la cena, se levantó de la mesa y “se puso a lavar los pies de los discípulos”. Según el relato, lo hizo para dar ejemplo a todos y hacerles saber que sus seguidores deberían vivir en actitud de servicio mutuo: “Lavándoos los pies unos a otros”. La escena es probablemente una creación del evangelista, pero recoge de manera admirable el pensamiento de Jesús. Se encuentra solo en Juan 13,1-16. Aunque hay estudiosos que defienden su autenticidad (Dodd, Robinson, Bauckham), la mayoría tiende a considerar el relato como una composición tardía. La introducción (13,13), teñida del lenguaje y la teología propia del evangelio de Juan, no ofrece garantías para vincular este episodio con el contexto histórico de la última cena. El gesto es insólito. En una sociedad donde está tan perfectamente determinado el rol de las personas y los grupos, es impensable que el comensal de una comida festiva, y menos aún el que preside la mesa, se ponga a realizar esta tarea humilde reservada a siervos y esclavos. Según el relato, Jesús deja su puesto y, como un esclavo, comienza a lavar los pies a los discípulos. Difícilmente se puede trazar una imagen más expresiva de lo  que ha sido su vida, y de lo que quiere dejar grabado para siempre en sus seguidores. Lo ha repetido muchas veces: “El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos” (Marcos 10,43-44. Cf. También Marcos 9,35). Jesús lo expresa ahora plásticamente en esta escena: limpiando los pies a sus discípulos está actuando como siervo y esclavo de todos; dentro de unas horas morirá crucificado, un castigo reservado sobre todo a esclavos.