El docente y escritor venezolano Valmore Muñoz Arteaga examina los puntos
clave de la Exhortación Apostólica Dilexi Te (Te he amado), el primer texto del
papa León XIV, cuyo tema central es el amor a los pobres.
Antes de dar inicio
formalmente a estas reflexiones, debo dejar claro que, cuando la Iglesia
cuestiona con vehemencia los desvíos del hedonismo, entiende perfectamente que
se trata de un hedonismo que se ha desviado, incluso, de sus fuentes
originarias. No está mirando hacia Epicuro, para quien el placer es lo que
separa del sufrimiento y la moderación es el camino más expedito para ello. Un
hedonismo que desarrolló una ética basada en el placer, pero no un placer
cualquiera, sino aquel que brota de un gran autocontrol y de una profunda
madurez intelectual. El hedonismo moderno, al cual la Iglesia cuestiona
sistemáticamente, es muy distinto, vacuo, superficial, consumista y
descontrolado.
El papa León XIV hizo
público el pasado mes de octubre el primer documento de su naciente
pontificado, la Exhortación Apostólica Dilexi Te (Te he amado), cuyo tema
central es el amor a los pobres. Documento que comenzó a redactar el papa
Francisco como una especie de cierre conclusivo a su última Carta Encíclica
Dilexit Nos (Nos amó).
En la exhortación, León
XIV expone claramente esta perniciosa visión de la existencia como un mal que
desarticula el encuentro entre el hombre y su propia dignidad, saboteando así
la posibilidad de alcanzar su plenitud, es decir, la razón por la cual está
aquí.
Michel Onfray, defensor
del hedonismo clásico, acusa vehemente esta visión del placer que reconoce como
vulgar, debido a que ha puesto como objetivo de felicidad el acceso a los
objetos de consumo y no al engrandecimiento del espíritu humano.
Tanto Francisco como
León XIV señalan al hedonismo moderno como el germen que ha conducido a la
marginación y descarte de seres humanos de una sociedad cada vez más
eficientista y despiadada. Frente a ella, nos recuerdan que cada uno es valioso
a los ojos del Señor, volviendo su mirada a unas palabras que iluminan el libro
del profeta Isaías: “Porque tú vales mucho a mis ojos, yo doy a cambio tuyo
vidas humanas; por ti entregaría pueblos, porque te amo y eres importante para
mí” (Is 43, 4).
No solo se trata de
volver a poner a la dignidad de la persona humana en el centro del pensamiento,
sino que, a su vez, hay un afán por relanzar al catolicismo como un humanismo
que vuelve a beber con intensidad de las aguas del Concilio Vaticano II.
También de los
magisterios de León XIII, San Juan XXIII y San Pablo VI. Magisterios
caracterizados, precisamente, por sortear la reflexión social, cultural,
política y económica desde el amor o, mejor aún, desde un rescate de la
categoría de prójimo, que trasciende olímpicamente la idea de otro.
Dilexi Te abrazará el
recuerdo de San Francisco de Asís como modelo para desmontar la fachada
hedonista de una realidad que ha buscado fragmentar al hombre, orientándolo
hacia el desarraigo de sí mismo y de su participación protagónica en los
procesos históricos y sociales.