Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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20 de octubre de 2018

LA MESA... Palabras a Voleo

PALABRAS A VOLEO

Otra vez en nuestras palabras a voleo, nos tropezamos con el lenguaje de dos caras,  como muchas ocasiones. Me refiero a palabras que al aterrizar sobre este mundo ya vienen cargadas con un doble contenido, el que podemos llamar NATURAL o SOBRENATURAL.  Se van a   sorprender cuando les diga que les propongo reflexionar sobre  el  vocablo

MESA


Seguro que en estos momentos a muchos se les pone cara de interrogante y me exigen  que hable correctamente. Me dirán  que lo que yo considero mesa  con sentido sagrado, dentro del templo, se llama ALTAR.

Yo me pongo testarudo y digo que no;  que  no acepto  en mi fe cristiana la palabra altar.  Opino que el llamado ALTAR es otra cosa.  Considero que se trata de una traición  al lenguaje de la fe. Que una  mesa es  una mesa y un altar es un altar.

Intento explicarme. Desde que en mi infancia en las escuelas religiosas se hablaba sobre  ofrecimiento de sacrificios a Dios nos entraba por los ojos de la imaginación o del catecismo el humo subiendo a lo alto y hasta casi olíamos la carne  con olor a churrasco cuando el maestro o catequista  nos hablaba de “holocausto” y nos contaba lo  que significa en griego (holos = todo, kaustos = quemado) "quemarlo todo",  todito  el toro que habían despanzurrado y desangrado sobre esa gran piedra que era el altar. A nadie se le ocurría llamar mesa a la piedra de sacrificios. Bien nos explicaban que el la religión del antiguo testamento allí sí había altar y se prohibía beber la sangre, símbolo de la vida, que
se derramaba  sobre las piedras.



También sentimos escalofríos cuando contaba la biblia que Abraham oyó la extraña voz de Dios que  le ordenaba “sacrificar”  a su hijo. (luego le dijo que era sólo una prueba,  pero el susto nadie se lo quitó al patriarca ni a la criatura).


Años más tarde, cuando nos enfrentábamos  en estudios de historia con otros cultos diferentes, volvieron a hablarnos de los sacrificios mayas y aztecas y de altares  donde  no sólo victimas animales  sino humanas caían bajo el cuchillo del sacerdote.


Los invasores-conquistadores, escandalizados por esos sacrificios… los seguían ofreciendo a su modo  también  ellos, que  adoraban  al dios oro. Se llevaban los metales preciosos de América a sus catedrales europeas para enriquecer  sus… ¡altares!  sin el menor escrúpulo por sacrificar al pueblo indígena.

Por eso mejor dejemos de hablar de altares y sacrificios e imaginemos la celebración de ese Nazareno que en vez de sacrificios se dedicaba a los  banquetes.  Cuántas veces a ese tal Jesús se le encontraba sentado a la mesa, en una casa o en pleno campo compartiendo pan, pescado, dátiles, vino,  cordero asado…  Por eso no decían  de él que era un “sacrificador” sino que era un comedor y bebedor (si no se lo creen busquen el evangelio de  Mateo 11, 19) y para acabarlo de estropear, en Mateo 9,13 dice, copiando al profeta Osea,  “¡misericordia quiero y no sacrificios!”.  La misericordia se siente más en una comida de amigos o en un comedor de cáritas  que  sobre un altar humeante de animales quemados.

Pero nosotros, mujeres y hombres del siglo XXI tenemos metidas en el pellejo las costumbres y mitos de altares y sacrificios:

Hablamos del “santo sacrificio de la misa” y de  acercarse al altar a presentar nuestras ofrendas.  No nos imaginamos reunidos amigablemente en torno a la mesa del Señor.  Desde pequeños nos fueron enseñando a hacer u  ofrecer sacrificios y, cuando hicimos la primera comunión, no nos acercamos a  la mesa del comedor o del banquete sino al sagrado altar. La práctica nos traiciona: la mesa es para sentarse en torno, al rededor de  ella .  El altar, la palabra lo indica, se pone alto y lejos.

Sólo el  celebrante y los ayudantes se ponen cerca. y eso que muchos de ustedes no tienen el recuerdo (eran jóvenes) de cuando el  sacerdote se ponía de espaldas al público.  Ahí  de mesa de reunión  nada. Comparen la imagen anterior con  esta:

La de la  cena de Jesús con sus amigos y amigas  (se supone que María  y ellas, las que lo seguían , estaban también allí).

Pues ha transcurrido  el tiempo y… ¿qué  está pasando hoy en nuestros templos?  Me van a decir  que aquello de la cena de Jesús era cuando se reunían doce y algunos, algunas más. Pero hoy con los templos  llenos, aunque va disminuyendo el número de los que asisten a misa, hoy no es  posible reunirse alrededor de una mesa por muy grande que sea.

Yo les sugiero   que hoy se puede ir buscando caminos nuevos  y que  el irse  reuniendo alrededor de la mesa se  ha conseguido ahora de distintos modos, cuando la gente que asiste no se resigna a “oir misa”  sino que va   a celebrar la muerte resurección de Jesús y nuestra propia muerte y resurrección. En  esta foto  tienen una eucaristía, fracción del pan , hoy en el siglo XXI reunidos  en torno a la mesa. A esta actitud  de verdaderas comunidades  le acompañan muchos otros intentos de ser fieles al testamento de Jesús.

Por ejemplo hoy día se propone:

AUMENTAR LOS RESPONSABLES: No tienen por qué presidir  la celebración sólo  los  ministros (=servidores) célibes, solteros. En muchos lugares los obispos están proponiendo personas casadas , y no sólo varones, que presidan la eucaristía. Ningún texto del evangelio lo impide.

TODOS TIENE LA PALABRA:, en  la  eucaristía no sólo se come el pan eucarístico, hay algo más que ” tragar”:  está  también  sobre la mesa el alimento de  la palabra. Lo dice el apocalipsis: Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.  Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre (Ap. 10:9-10)  En los templos católicos se presta más atención a la comida eucarística y se pasa muchas veces sin interés  el alimentarse  de la palabra.  Sin embargo el menú de la misa  es el pan… y la palabra.

. Todos y todas pueden tomar y comunicar  la palabra  en las asambleas. Depende también de  que la mediten    y que puedan participar dialogando sin “enrollarse” (Hay personas que no suelen hablar en misa, pero el día que  agarran la palabra no la sueltan; no son capaces de aportar pequeñas frases para que todo – no sólo el “padre” -  participen cuando tienen algo que decir).

SENCILLEZ EN  LA CEREMONIA:  Tampoco son necesarios complicados hábitos y vestidos litúrgicos. Los primeros cristianos celebraban la cena del señor  con su traje de todos los días.

Y COMPARTIENDO LA COMIDA DEL PAN EUCARÍSTICO: En vez de recibir esa cosita blanca,redonda, que no parece ni pan  y dejar la  copa  que la beba el padre,  puede ser que el: tomen  y coman, tomen y beban, sea un pequeño banquete donde tomar y partir el el pan sea de verdad tomar en la mano, partir  y pan  no algo que se dice pero no se hace.

El pan y el vino se cultivan en los países  en torno al mar Mediterráneo donde vivían los primeros cristianos  donde   se consume el trigo y las uvas pero  la tierra es muy extensa y   en otras partes de ella  hay otros alimentos que pueden también ser signos de comunión.  El maíz, el café, el cacao… Exige discernimiento   para ajustar  lo que  se celebró en Judea a las costumbres y símbolos de otros países donde hay gente que quiere seguir a Jesús.¿y si no  hay trigo  o vino, ¿todo de importación?

La mesa del pan y la palabra, la mesa de la misa tiene que ir cambiando. Lo dicen muchos de los que estudian y meditan sobre  la llamada “liturgia”. Pero  otros se agarran a la tradición de cuando ellos eran jovencitos y hacen de  la misa algo mecánico sobre un altar y si pueden se ponen de espaldas al pueblo y la dicen en latín.

¿Les parecen a ustedes  muchos cambios?
No digan:” esto  siempre se ha hecho así y nunca se hará  de otra manera”. Piensen  este poema de Bertold Bretch.






El sastre de Ulm

-¡Obispo, puedo volar!-
le dijo el sastre al obispo.
-¡Fíjate, voy a probar!-
Y con algo como alas
el sastre subió al lugar
más alto de la catedral.
Pero el obispo no quiso mirar.
- Como el hombre no es un ave,
eso es pura falsedad -
dijo el obispo del sastre
- Nadie volará jamás.-

- El sastre ha muerto - la gente
al obispo fue a informar
Fue una locura. Sus alas
se tenían que desarmar.
Y ahora yace destrozado
sobre la plaza de la catedral.
- ¡Que repiquen las campanas!
Era pura falsedad
Como el hombre no es un ave
- dijo el obispo a la gente -
¡nunca el hombre volará! -


Preguntas para reflexión:
¿Por qué muchos de los que van a misa se  ponen lejos de la mesa (lo llaman altar) y separados unos de otros?
¿Hay manera de evitar que sólo el sacerdote “diga” la misa y los demás sean espectadores?
¿Se pueden encontrar modos para que  la mesa en la misa sea un signo de reunión  y no un altar del que las personas se sienten y se sientan lejos?
¿Se puede evitar que muchos de  los llamados cristianos  no quieran que nada cambie  en la iglesia,  o podríamos hacer  lo posible por  “volar”?