Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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23 de agosto de 2019

Palabras a Voleo ¿CUANTOS?


PALABRAS A VOLEO

Esta vez les sorprendemos   con   una palabra que es algo distinto del  habitual  sustantivo.  No ponemos esta vez sobre la mesa para comentar el  normal “nombre común” sino algo que  sí es bastante común, pero no como  nombre  sino   pronombre y además   como interrogativo algo que pide  respuesta y que posiblemente   les va - nos va -  a  complicar la vida.  Aquí van a tener ustedes la pregunta un tanto misteriosa,  que pocos, no sé si algunos nos la podrán responder, porque  el misterioso pronombre interrogativo es sencillamente

¿CUÁNTOS? …


Esta palabra que hoy ponemos sobre el tapete es esa pregunta que ahí leen… ¿a  qué  respuesta?

En esta sociedad mercantil  nos rodea por todas partes cuentas y  estadísticas. Abramos el periódico cualquier día y nos encontraremos  con los datos de la subida o bajada del nivel de vida,  del costo de la cesta de la compra, del  porcentaje de la sanidad de las personas, del número de ingreso de turistas  en el país,   del aumento o disminución de alumnos en las escuelas, de las consecuencias  en número de destrucción y de pérdida de vidas por  el último tifón, de  los ahogados  buscando refugio al atravesar el Mediterráneo… Todo se cuenta, calcula y se procura que los datos sean lo más exactos posibles.

Pero  la respuesta al “”cuántos””  que hoy planteamos también se puede dar en  forma  pronominal.  Los jóvenes alumnos aprenden en la gramática los llamados pronombres indefinidos.

 La Academia de la lengua habla de cuantitativos para referirse a los indefinidos que designan un número indeterminado de objetos. Esta propiedad es la que hace que admitan una gradación cuando hablamos de: pocos, muchos, todos, demasiado, bastante... y les acompañan  expresiones  de lenguaje familiar: Una barbaridad, un poquitín, ni te lo imaginas,  ¡cualquiera  sabe!.... A nivel periodístico estas expresiones son menos aceptadas y no digamos  en libros científicos. Imagínense lo que sería un documento de antropología que nos dijera: “los homínidos aparecieron  en la prehistoria  exactamente  hace un montón de años,  ¡ni se lo imaginan cuántos!”

Pasando a otros lenguajes nos preguntamos por ejemplo, si en la teología, más concretamente en la liturgia,  es permisible  este modo  poco concreto  de hablar.  En  estos tiempos postconciliares nos han aparecido algunos ejemplos  chocantes. El celebrante de la eucaristía al levantar el cáliz  dice: tomad, bebed, que esta es mi sangre   que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”.
  
Cuando algunos católicos observadores escuchan esto   se queda un tanto absortos… Jesús no murió por todos, según parece, ¿por cuántos murió?, ¿por cuánto no murió?         Afortunadamente la mayor parte los asistentes a misa ni se enteran. Dan por  supuesto  que a ellos sí les toca el sacrificio del Salvador ¿cómo  no?;  pero me temo  que a  personas escrupulosas les quede una inquietud: ¿estaré yo en la lista del “muchos o me dejan en la cuneta? Y lo malo es que según parece, algunas jerarquías del vaticano se lo tomaron esto muy en serio y hasta   aconsejaron a los fieles   que,   si escuchaban decir a un presbítero  que Jesús derramó su sangre por  todos, lo denunciase a las autoridades competentes. Que lo quemasen en la hoguera… parece que ya no lo decían.   

Yo no sé si  habrá que  reformar algún texto evangélico diciendo, con San Juan o contra San Juan, “en esto conocerán que sois mis discípulos   en que decís por muchos  y  no por todos…. Es  eso mejor, o más bien “en que os amáis los unos a los otros y das  pan a quien tiene hambre, etc.”

Afortunadamente  la gente cuando va a misa no se preocupa de  si son muchos o pocos.  Los pronombres indefinidos no les preocupan. Los que meditan las palabras de  Jesús saben que  no fueron muy literales los evangelistas cuando más de cuarenta años después   intentaron recordar exactamente lo que Jesús dijo en aquella cena y en muchas otras ocasiones.

¡Vamos a lo nuestro compañeros! a  meditar y vivir las verdaderas palaras  y
acciones de Jesús y olvidémonos de los  pronombres indefinidos. Es mejor que nos definamos más en el seguimiento de  ese  campesino de Nazaret  que no daba clases de gramática, que no hablaba latín, solo algo de griego y sobre todo arameo. ¿Cómo se dirá en ese idioma muchos, todos, o…  cuántos poco más o menos?...