Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

5 de marzo de 2015

Respuesta a Prensa Libre



En el número de Prensa Libre del domingo 1 de marzo, hay un artículo titulado  El papa y sus dichos”. Este  escrito da pie a algunas reflexiones.


La primera es que afortunadamente un  papa  dice algo que  escueza a los lectores y  especialmente a  gobiernos  y lectores de “categoría”. Ya en otras ocasiones algunos, hasta jerarquías de la iglesia, han dicho del papa Francisco  que tenía ideas “comunistas”. Menos mal. Como dijeron hace años  algunos curas obreros   a ciertas  jerarquías: “Ya que la iglesia se ha equivocado muchas  veces a favor de los ricos déjennos equivocarnos  alguna vez a favor de los oprimidos”.

Y es que, si  leemos, aunque  sea rápidamente,  el evangelio descubriremos que ese Jesús, que está a la raíz de la iglesia, también tuvo frases que molestaron a las autoridades de su tiempo.


Si tienen un rato léanse  el capítulo 23 de Mateo o el 12 de Marcos o el 11 de Lucas
También Jesús  empleó palabras políticamente  incorrectas  llamando perros, en la expresión vulgar de la gente de su tierra a los fenicios, paganos del pueblo fronterizo, aunque después de su provocación  escuchó y puso  de ejemplo la súplica de la mujer extranjera.(Marcos 7, 24-30)

Es mucho más seguro  limitarse a  citar encíclicas y documentos pasados, con doctrinas abstractas,   que reaccionar espontáneamente, con el corazón en la mano, ante situaciones angustiosas  que claman al cielo. Que clamen al cielo- dirán algunos -pero que no  clamen contra países y políticos  que viven bien cómodos en sus privilegios y abusos.

Nosotros los cristianos de cualquier confesión, y cualquier persona que busque  un mundo de justicia, debemos preferir que los responsables de nuestras comunidades hablen claro y afronten cara a cara los problemas, aunque a veces se le  escapen expresiones  que no sean medidas por una prudencia  diplomática sino por la solidaridad con los  oprimidos  que tuvo  Jesús de Nazaret.