Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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8 de septiembre de 2016

Hacia un diálogo interreligioso juvenil: Reflexión 2




Hacia un diálogo interreligioso juvenil para la transformación social
Edwin Roberto Mendoza Hipp

INTRODUCCIÓN

Es un hecho indiscutible que el ser humano es un ser de relación. Diversas ciencias reafirman que esta capacidad de interacción constituye un elemento inherente a la persona, pues ésta se encuentra siempre en una búsqueda de nexos para su propia protección y en una constante creación de vínculos para la integración de redes de relaciones afectivas. Sin embargo, la convivencia humana no siempre se ha producido de manera pacífica y favorable, pues usualmente desemboca en la cerrazón y la intolerancia, llegando muchas veces a provocar guerras y enfrentamientos violentos entre naciones y grupos religiosos. A pesar de las múltiples lecciones que las guerras fratricidas han dejado para la humanidad, las sociedades todavía no han aprendido a valorar plenamente la vida como un don sagrado.

Por otra parte, a pesar de los grandes avances científicos, tecnológicos e industriales, la humanidad sigue sin resolver el problema de la pobreza, que lacera diariamente a millones de personas en todo el planeta. Si bien es cierto que esta es una problemática muy compleja que involucra acciones concretas de cada Estado, las naciones deben comprender que todos los seres humanos forman parte de una sola familia que comparte una misma casa común. En un mundo interconectado donde la religión, la economía o la política son realidades que influyen grandemente en la vida de las sociedades, la humanidad ya no pude ni debe concebirse a sí misma simplemente como un conglomerado de razas, como si se tratase de distintos seres que vienen de otros planetas.


Frente a este mundo que está siendo testigo de su propia destrucción por causas como la pobreza, las guerras y la explotación abusiva los recursos naturales, los seres humanos deben tomar conciencia que se requiere de acciones integrales y globales para acabar con estos flagelos, y no solamente de acciones paliativas y mediocres que a menudo buscan la protección de intereses financieros y económicos de unos pocos, de lo contario, las futuras generaciones sufrirán las consecuencias, heredando así un mundo completamente en ruinas. Aunque también es plausible el esfuerzo que realizan muchas organizaciones sociales, humanitarias, ecologistas y religiosas para contribuir a la construcción de una mejor sociedad, se necesita sobretodo de un trabajo coordinado entre naciones para rescatar a la humanidad de la latente hecatombe mundial que pone en riesgo la existencia de todos los seres vivos que habitan este planeta.

En medio de este desalentador panorama, las religiones siempre han jugado un rol muy importante dentro de la sociedad, pues a menudo se convierten en una notable fuente de inspiración que orienta las convicciones vitales y determina el comportamiento de los creyentes. Esto pone de relieve el papel tan influyente que poseen las religiones, tanto para la transformación positiva de la sociedad como para su deterioro y descomposición, pues muchas veces también tienden a fomentar espiritualidades alienantes y desencarnadas de la realidad que conducen generalmente al fundamentalismo y al distanciamiento del compromiso ético y social.

Hoy en día las nuevas generaciones están experimentado una verdadera metamorfosis espiritual, la cual se ha visto reflejada a través de un alejamiento de las instituciones religiosas. A pesar de este ascendente indiferentismo religioso, la gran mayoría sigue manteniendo la fe y la creencia en un ―”Ser Superior”, como muchas veces se le denomina. Para estas nuevas culturas juveniles, las religiones parecen ser ya instituciones anacrónicas que no responden a las preguntas más hondas de la existencia humana ni a los nuevos lenguajes y formas de expresión juvenil. En ese sentido, la teóloga dominicana Geraldina Céspedes Ulloa ha reflexionado acerca de esta vertiginosa crisis religiosa, la cual no solamente se experimenta ya entre las sociedades europeas, sino también en ambientes latinoamericanos, pero sobre todo, entre las juventudes urbanas. De esta cuenta, Céspedes ha desarrollado esta idea a través de un rico simbolismo advirtiendo que ante los constantes cambios culturales, las religiones tienen la oportunidad de entrar en la danza de la vida para seguir ofreciendo un horizonte de sentido para la humanidad, o de lo contario desaparecerán de la escena como instancias significativas e inspiradoras para personas adultas que saben distinguir entre la copa y el vino.

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Esta es una parte del trabajo de tesis de Edwin Mendoza Hipp. Seguiremos presentando los párrafos que consideremos más importantes.  Si alguien desea  leer la tesis completa puede escribirnos a: somos@todos-uno.org