Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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26 de enero de 2018

De Ayer a Hoy



Historias   bíblicas  de ayer que se repiten hoy
Aquí tienen una  serie en 5 capítulos sobre un suceso de la vida de Jesús.
Ya saben, o deben saber,  que los evangelios no son historias de Jesús al estilo tradicional  sino catequesis   para ayudar a conocer su palabra y su vida y que quien lo lea  sienta  en su corazón  el deseo  de lo que él decía a muchos: “Sígueme”
Pues nosotros vamos a  adornar  una de esas narraciones evangélicas con el pincel de nuestra imaginación. Seguro  que la historia les suena. Vamos a preguntarnos qué  pasó con aquel trozo de cuerda  que Jesús utilizó para expulsar a los mercaderes del templo de Jerusalén. ¿Qué pasó eh?
Pues vamos  a    contarles, al estilo de nuestras narraciones, (lo de ayer y lo de  hoy) la historia de…

EL LÁTIGO 

Ayer
Capítulo  1: Una cuerda para recordar

El atrio del templo quedó vacío. Por el suelo, quedaron trapos, trozos de madera, excrementos de ovejas y vacas, algunas monedas... El Maestro se retiró a Betania, para quitarse el mal humor con un trago de vino en casa de María, Marta y Lázaro... Pero en cuanto él desapareció, reaparecieron como zopilotes los mercaderes a ver qué podían salvar de aquel naufragio. Recogían mesas, monedas, banquetas mirando a los lados, por si volvía aquel profeta furibundo.
-           Yo nunca le había visto así - murmuraba Ased, el cambista
-           Ese hombre tenía muy buen carácter, andaba jugando con los niños y charlando con los mendigos de por aquí. ¡No sé qué mosca le habrá picado! Ased se calló de golpe, miró a un rincón y se agachó:
-           ¡Mira, mira, un souvenir!
-           ¿Un qué?
-           ¿Un suqué?
-           Un recuerdo típico ¡hombre!, un souvenir como dicen los franceses.

Ased levantó un trozo de cuerda retorcido y deshilachado. Algunos también lo reconocieron. Era el látigo, el trozo de esparto con el que les había amenazado aquel muchacho de Nazaret.

-           ¿Qué vas a hacer con eso?
-           Por ahora, guardarlo. ¡Nunca se sabe! Y se lo colgó a la cintura.


(La imagen se desvanece fundido en negro).

-           Ando investigando acerca del famoso látigo de un tal Jesús de Nazaret.

Ased le contó que el susodicho látigo estaba en sus manos y que era un objeto de preciado valor. Ased y el fenicio llegan a un acuerdo.
Aquel día el látigo tomó un nuevo destino. Había hecho una buena compra y en el futuro vería los sustanciosos beneficios.

(La imagen se desvanece fundido en negro).

Pocos años después pasó por el mercado un fenicio.
-Soy antropólogo- dijo el fenicio
-           y busco...
-¿Antropólogo? le interrumpió Ased.
-Si eso no se ha inventado todavía!
(Fundido largo. Se abre y estamos en Roma)


Hoy
Este hecho sucedió en el templo de Jerusalén y sus alrededores en los tiempos en que la religión y la política del pueblo  judío estaban íntimamente relacionadas: la religión, la política y al fondo de todo el dinero.  Ya me entienden;  esto fue la causa de que quienes dirigían  las compraventas en el templo  no soportasen  que el profeta les estropease en negocio y a la sombra de la religión se lo quitaron de en medio.
Sí, pero hoy  siguen existiendo templos, más que entonces. El de Jerusalén  fue destruido por el imperio, pero  en todos los países y religiones del mundo  se  han seguido levantando  templos o similares con diversos nombres: pagodas, mezquitas, sinagogas, santuarios, catedrales, basílicas...  y junto a ellos han proliferado también los imperios que unas veces los han destruido y otras han levantado  grandes y bellos monumentos con nombre de sagrados. Y  no podía faltar, junto al templo y el poder político, el tercer ángulo de esa peligrosa trinidad: lo  que con distintos nombres se conoce como  dólar, euro, yen, peso, quetzal, rupia… ya sea en metálico o en cheques, etc.  Todo dependía de la relación  que  en cada país tuviera el poder económico y  político con la religión.
O sea que con el paso del tiempo no ha desaparecido, junto al lugar sagrado, el patio del mercado donde intercambiar monedas, hacer préstamos o donativos, regalos o sobornos… con la inseguridad de  que pueda aparecer algún otro profeta molesto  que con látigo de cuerdas o con  un micrófono indignado intente liberar al espíritu de la cueva de ladrones donde la humanidad lo había encerrado.
Ustedes que leen esto piensen cómo se presenta la religión en su país, si como un soporte   del gobierno que se aprovecha de ella o como crítica a lo que se hace en las altas esferas.  Piensen también en la reacción de los que han encontrado reliquias del profeta, sus látigos y sus escritos, sus historias pasadas y  si esas memorias preferían olvidarlas, echar tierra encima o  contarlas como dignas de recuerdo.
¿Quiénes son hoy  los fenicios que han guardado  los látigos  inquietos y los han vendido como “souvenirs” a los turistas religiosos?
Uno piensa en las joyas de arte o de riqueza que se han hecho y vendido a lo largo de la historia  con los recuerdos de profetas y mártires:  las camisetas con la imagen de Che Guevara,  con el rostro o frases de Monseñor Romero o, sin ir más lejos, con el repugnante leño,  patíbulo del Crucificado que hoy se  convierte en cruces de plata como pendientes en las orejas de las jovencitas o en obras de arte en los museos (¡qué bello crucifijo!- dicen extasiados los visitantes)
Raro   es que en los tesoros catedrales  donde se guardan plumas del arcángel  Gabriel (iglesia de la madona di Loreto), leche de los pechos maternales de la Virgen María (catedral de Murcia)… No haya aparecido el látigo con el que Jesús ahuyentó las vacas y ovejas del atrio del templo.
Hoy las reliquias siguen siendo también  menos religiosas: la guitarra de Elvis Presley, una chaqueta de Michael Jackson…
Siempre es más cómodo quedarse mirando al pasado y sus recuerdos que  lanzarse a construir un futuro nuevo y mejor
Tal vez por eso nadie ha osado  “encontrar” el látigo que hizo restallar Jesús en el templo.
Es más seguro tener al profeta con las manos clavadas en la cruz no se le vaya a ocurrir volver a expulsar de las casas de oración a comerciantes de lo religioso.
A lo largo de este cuento en cinco capítulos vamos a imaginarnos lo que pudo haber pasado durante 20 siglos con la bendita soga que según dicen los  biblistas fue la causa principal del arresto y tortura del atrevido nazareno.
Dicho  lo cual,  la imagen de nuestro látigo  hace un fundido encadenado y aparece en…