Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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2 de septiembre de 2018

FAMILIAS DIVIDIDAS

FAMILIAS DIVIDIDAS
El caso de David Xol y su hijo de 8 años es uno de los 565 casos de familias separadas en por la política anti-inmigrantes del gobierno de Donald Trump. Nómada y el Texas Tribune investigaron la historia en la frontera entre México y Estados Unidos, y en la remota aldea de Chisec, a Alta Verapaz, a 300 kilómetros de la Ciudad de Guatemala.



1. La llamada desde Texas
Suena el celular de David Xol en la aldea San Miguel Limón. Responde entusiasmado cuando mira el número de Estados Unidos. Al otro lado, una señora rápida y mecánica le pide que confirme el nombre de su hijo para recibir una llamada. “Él se llama Byron Darío”, dice David Xol. A los segundos se escucha un niño hablando en q’eqchí. El tono de voz de David Xol cambia. Frágil, nervioso, saluda a su hijo, pero un momento después pasa el celular a Florinda, su esposa.


– ‘Quiero hablar con mamá’ fue lo primero que me dijo. Ya no le gusta hablar conmigo.

Florinda sostiene una foto de Byron de bebé.



Resignado, David Xol se queda a la par de Florinda y escucha la conversación. Para él es una tortura.

Desde que fue separado de su hijo y deportado de McAllen, Texas, el 28 de mayo de 2018, esas llamadas de diez minutos una o dos veces por semana es el único contacto que David Xol tiene con su hijo Byron, de 8 años. El niño lleva tres meses en un albergue para niños migrantes, separados de sus padres, en Baytown, Texas. Es uno de los 565 niños que siguen bajo la custodia del Gobierno estadounidense.

Estos tres meses han sido insoportables para Byron y para sus padres, Florinda y David Xol, que viven en Alta Verapaz. En las primeras llamadas Byron lloraba y rogaba que su papá viniera por él. Preguntaba porqué lo había abandonado allá. Pero Byron ya no llora. Desde hace tres semanas la tristeza se convirtió en resentimiento hacía su papá.

– Mi hijo me empezó a odiar. Me dijo: ‘¿Por qué me dejaste? Acaso no soy tu hijo?’ Yo le dije que no dijera eso. ‘Si soy tu hijo, busca la manera de cómo venir a sacarme’. Sólo eso me dijo y ahora sólo quiere hablar con su mamá. A ella le dijo que, ‘mi papá se está portando muy mal conmigo, porque me abandonó’. A mí eso me cuesta, porque no era la intención de dejarlo allá. La intención era trabajar para ellos, pero quedé mal. Quedé mal con él.

2. La separación en la frontera
La última vez que papá e hijo estuvieron juntos fue en un salón grande rodeado de malla con otras 200 personas, en un centro de detención en Texas. Dos guardias llegaron para llevarse a David Xol. Byron lloraba, no entendía por qué a su papá le pusieron grilletes en las manos y los pies. Escuchó que iban a ser separados y entró en pánico. Comenzó a gritar. David Xol lo recuerda:

– Papa, ¿por qué dijo el hombre que nos van a separar? No quiero que me dejés. Por favor, si te vas a ir, yo también me voy. Yo quiero llegar con mi mamá y mis hermanos. Quiero que me llevés de regreso, le gritó Byron.
– No mijo, no le creas, eso es mentira. No te voy a dejar. Estate tranquilo. Esto es parte del viaje, le mintió David Xol, creyendo que el Gobierno de Estados Unidos no llegaría a ese extremo.

– ¿Pero papa por qué te están amarrando? ¿Que hiciste?
– Nada mijo, vamos a llegar. Esto es solo un chiste.

Por más que David Xol intentó que se calmara, Byron no le creía. Con razón. No era parte del viaje. Días antes, en abril, el gobierno de Trump ordenó que cada persona que cruzara la frontera ilegalmente con sus hijos fuera separado. “Será un fuerte disuasivo”, dijo el jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, a la radio NPR en mayo.

3. La pobreza extrema en medio de los millones de la palma
La aldea San Miguel Limón está en la Franja Transversal del Norte, en un valle de exuberante vegetación y tierra fértil, cerca del Río Limón, que desemboca en el Río Chixoy. Aquí la vida pasa despacio. Los vecinos se mueven a pie o en bicicletas entre las aldeas. Los niños pasan las tardes largas y asoleadas jugando en el agua fresca del río a la par de sus mamás mientras lavan ropa. Parece una postal idílica.

Pero Alta Verapaz es el departamentos con mayor índice de pobreza en Guatemala, con más de 83%. Hasta mayo de este año el Ministerio de Salud registró la muerte de 25 niños menores de cinco años por desnutrición aguda. Dicho en otras palabras, se murieron de hambre. La mitad de ellos eran de Alta Verapaz.



La aldea San Miguel Limón es una postal de la desigualdad. La casas no tienen agua potable y cada madrugada los vecinos recogen agua del mismo río, donde se bañan y lavan ropa en la tarde. Viven unas 400 personas según el centro de salud en Chisec, que queda a una hora en bus. El hospital más cercano está en Cobán, la cabecera departamental, a 113 kilómetros. Muchos de los adultos, como Florinda y David Xol, nunca han ido a la escuela. Florinda no sabe leer ni escribir, mientras David se alfabetizó gracias a su hermano mayor.

Aunque en San Miguel Limón quedan la palmera Palmas del Ixcán y la petrolera Rubelsanto, las oportunidades de trabajo son escasas. Hace 6 años, cuando llegó la palmera, patrocinó una valla metálica y una computadora para la escuela de la aldea, y dos veces ha regalado cuadernos, borradores y crayones a los alumnos. Hace poco más de un año, Solel Bonel, una constructora israelí acusada de sobornos por el MP y la CICIG, terminó de construir la carretera que cruza en medio de la aldea y debería conectar las dos esquinas del país, desde Huehuetenango en la frontera con México hasta Izabal en el Caribe.

“Ya nada es igual aquí en la casa sin él, hace tanta falta su presencia”, dice David Xol mientras mira hacía la esquina del dormitorio.

La palmera y la petrolera compraron los terrenos donde las aldeas sembraban para sobrevivir. Un vecino contó a Nómada que cuando comenzó Palmas Ixcán en el municipio, la empresa trasladaba trabajadores de otras regiones del país hasta que el Consejo Comunitario de Desarrollo se opuso. Ahora la mitad de la aldea sigue sembrando en las tierras que aún no han sido vendidas a la empresa, y la otra mitad trabaja en las plantaciones de palma bajo condiciones de explotación. Jornadas de trabajo de 10 horas, seis días a la semana por Q60 a Q70 diarios, cuando el mínimo legal son Q90. Q1,600 mensuales (US$224) cuando el salario mínimo son casi Q3 mil (US$400).

De acuerdo con el portal empresarial Central American Data, Palmas del Ixcán era propiedad hasta 2010 de Green Earth Fuels LLC, de los fondos Riverstone Holdings, The Garlyle Group y Goldman Sachs que invirtieron US$14 millones. Desde 2016 es propiedad de otro consorcio, presidido por José Manuel Aguirre Vielmann; su familia fue accionista del Banco Reformador, que fue vendido en 2013.

Palmas del Ixcán fue una de las 16 empresas por las que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, en inglés) demandó en 2014 a Guatemala. Acusó a las empresas de violar derechos laborales y con esto crear competencia desleal en el marco del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Guatemala.

5. “Yo migré para dar un mejor futuro a mi hijo”
– Trabajo con buen sueldo no se consigue aquí. El problema es que el estudio, dicen que supuestamente es la base del éxito. Pero como nosotros no estudiamos no tuvimos como tener ese éxito. No tenemos como ingresar a trabajar en una empresa donde nos puedan dar el sueldo mínimo. Entonces tenemos que trabajar en la agricultura que es el trabajo que se le pueda dar a cualquiera, dice David Xol.

Sus papás eran agricultores antes de la llegada de las empresas, cuando la milpa y el frijol todavía eran los cultivos principales. David Xol nació en 1991, y Florinda Xol en 1995, ambos crecieron en San Miguel Limón, ubicada entre Chisec e Ixcán, la última zona de la guerra civil en Guatemala (1960-1996). Byron, su primer hijo, nació en 2010, cuando Florinda tenía 15 años y David 19. Tienen otros dos hijos, de 6 y 3 años.

Hace 5 años David Xol tuvo suerte. Logró sacar un diplomado para manejar maquinaria pesada, con el apoyo de su hermano, y con eso consiguió un trabajo en una plantación de palma donde le pagaban Q3,800 al mes por 60 horas de trabajo semanales (US$500).

El salario le dio acceso a sacar un préstamo de Q45,000 en el banco para comprar un pequeño pedazo de terreno y tener su propia casa. La casa de madera, piso de tierra y techo de lámina mide unos 4 metros de ancho y unos 7 metros de largo. Tiene dos espacios, una sala con una hamaca, una tele y tres sillas plásticas, una repisa para la ropa y un dormitorio con dos camas para los cinco miembros de la familia.
La casa de los Xol.

La prosperidad relativa de la familia Xol llamó la atención en la pequeña aldea. Los rumores llegaron hasta Chisec y provocó una situación inesperada. David Xol cuenta que hace dos años miembros de una pandilla en Chisec, lo vapulearon por negarse a pagar una extorsión y lo dejaron herido en una carretera. A principios de este año los mismos pandilleros entraron a su casa para robar.

David Xol pagaba Q2,800 mensuales en el banco. Aunque la familia se mantenía con los Q1.000 que sobraban, vivían con un presupuesto limitado. Un día en marzo se enteró que un vecino de la aldea se había ido con su hijo de 16 años para los Estados Unidos. El viaje les salió bien y el señor encontró trabajo. Fue la primera vez que David Xol tuvo la idea de irse para el norte y buscó al coyote.

– A veces Byron me decía: ‘papa, yo no quiero sufrir como sufrís vos’. Como él me miraba trabajando desde las 4 de la mañana, a veces hasta las 10 de la noche. Y aún así mis hijos sufrían un poco. A veces nos quedábamos sin dinero, entonces yo tenía que prestar para que ellos no sufrieran. Uno de padre se da cuenta que la familia no está bien. Tiene que trabajar para que los hijos salgan adelante, pero aún así cuesta.

– ¿Por eso migraste? ¿Para buscar algo mejor?
– Para ellos y para nosotros también. Pero nunca se dio. En vez de salir adelante, más atrás nos fuimos.

David Xol quiebra en llanto. Su segundo hijo, César, lo observa; él también extraña a su hermano. Sube a la cama y le pone su cabeza en el hombro de su padre. “Me van a tener que disculpar, pero me aflige su ausencia”, dice ahogado en lágrimas.

“Dicen que está en los Estados Unidos, pero no nos dijeron nada. Es un excelente alumno. Siempre hacía sus tareas y ayudaba a sus compañeros. No molestaba. No molestaba para nada, era tranquilo. Tenía muchas amistades”, dice Carlos Pop, el profesor. Al lado del niño de camiseta roja está la silla de Byron Xol, vacía.






6. La que no sobrevivió el viaje a EEUU

El coyote explicó a David Xol que habían dos precios. Q95,000 (US$12,600) por un adulto, que incluía tres intentos con transporte desde Guatemala hasta la frontera entre México y Estados Unidos. O la mitad, Q45,000, por un adulto con un niño, en solo un intento porque el viaje terminaría después de cruzar el Río Bravo en Texas donde papa e hijo se entregarían y pedirían asilo.

No fue una decisión fácil. A Florinda y David Xol les tomó dos meses decidirse.

– Creo que sería bueno que aprendiera algo, allá puede aprender más que aquí. Si te lo llevás, cuidalo bien y ponelo a estudiar, le dijo Florinda Xol a su esposo.


El 5 de mayo Byron y David Xol se embarcaron en un viaje brutal de doce días. Lo único que llevaron fue una mochila con tres mudadas de ropa para cada uno, Q2,000 para cualquier emergencia o extorsión en el camino, un celular, el DPI de David y el certificado de nacimiento de Byron.

Cambiaron de coyote tres veces. Cada vez las condiciones del viaje y el trato se fueron más inhumanos. Durmieron varias noches junto a 45 migrantes en el tercer nivel de una casa residencial en Villahermosa, México. En el piso, porque no había camas, y tenía un solo baño. Dos veces al día recibían una porción de frijoles con dos tortillas. No tenían permiso para salir.

El acuerdo era que todo el viaje sería en bus. Pero al salir de Villahermosa, los coyotes cambiaron el plan.

Para el último tramo, los metieron en un furgón, les dieron una manzana a cada uno y los encerraron en cajas de madera. Iban cuatro en cada una, con cubetas con tapadera para orinar. Antes, los coyotes confiscaron los celulares de todos para que no se pudiera rastrear la señal y les dieron pastillas para que no defecaran en el camino. David Xol compró galletas para Byron aunque los coyotes les habían prohibido comprar nada más que agua para el camino.

– Yo llevaba golosinas para el niño, y le di mi manzana. Yo sí aguanté el hambre los tres días que viajamos. Pero murieron dos personas en el viaje, que no aguantaron. Solo oímos los gritos de las otras cajas cuando se dieron cuenta que una señora ya no respondía.

Los coyotes no sacaron el cuerpo del furgón, y tuvieron que trasladar a un muchacho a la caja donde estaba Byron y David Xol, porque ya no aguantaba el olor del cadáver. Los familiares de esa señora jamás sabrán qué les pasó. Cuando el furgón llegó a Reynosa, Tamaulipas, en México, los coyotes bajaron todas las cajas menos la de la señora fallecida.

David Xol y su hijo cruzaron el Río Bravo en una balsa a las 1 de la madrugada. Dos horas después fueron detenidos por la policía fronteriza y llevados al centro de detención.

8. El regreso a Chisec y la culpa que mata
Tres semanas después de haber salido para Estados Unidos, David Xol se encontró otra vez en frente de su casa. El sol calentaba igual que siempre, se oía el mismo rugido de los camiones que transportan las piñas de la palma. Y las sonrisas de Alan y Cesar lo saludaban como siempre. Pero todo era diferente. Florinda lo vio desde la puerta de la casa y comenzó a llorar. No sabía qué David venía, ni que lo habían separado de Byron. David no sabía cómo decírselo.

– ¿Qué pasó? ¿Y el niño dónde está?, preguntó Florinda.
– Allá se quedó, respondió David Xol agobiado de culpa.

Florinda comenzó a gritar. Fuerte. David se quedó callado.

En su consciencia carga los gritos de su esposa y el llanto de Byron. El reproche del juez de Texas que ignoró la súplica de David de no deportarlo sin su hijo y acusó a David y los otros 60 migrantes de usar sus hijos como “carnada para llegar a los Estados Unidos”. Y los reproches de su papá y su hermano.

– ¿Por qué te fuiste? Si la pobreza no mata, le dijo su hermano, aunque sí, la pobreza mata de hambre y de enfermedades.

– Cuando vine acá, como al mes, se me vino a la mente suicidarme. Por las deudas. Por la falta de mi hijo. Y en estos días no me he estado sintiendo nada bien. Los del banco han venido a cobrarme y no tengo dinero. No es que no sea hombre, pero me estoy quedando sin nada.

9. El Gobierno no ha movido un solo dedo

David Xol no ha recibido ningún apoyo de las autoridades guatemaltecas. Ni cuando creció ni antes de irse de migrante indocumentado. Ni cuando estuvo en el centro de detención en Texas ni desde que fue deportado.

El viceministro de Relaciones Exteriores, Pablo García, asegura que los consulados guatemaltecos en Estados Unidos están dando seguimiento constante a cada caso de menores que han sido separados de sus familias y que se realizan visitas diarias a todos los albergues. Sin embargo, el ministerio no se mueve para ayudar a los familiares que han sido deportados sin sus hijos.

Pero esto contrasta con el caso de Byron y David Xol.

El Consulado de Guatemala en Houston ni siquiera responde las llamadas telefónicas en horarios de oficina, como comprobó el Texas Tribune, un medio texano y aliado de Nómada en esta investigación.

Desde EEUU, Brian Marriott, el vocero del Departamento de Salud y Servicios Humanos que coordina los albergues donde están resguardados los niños migrantes, dijo al Tribune que “siempre se enfocan en la seguridad e interés de cada niño” y que el gobierno “está trabajando rápidamente para reunir estos niños con sus padres”. Pero no ofrece ninguna explicación en el caso de Byron que lleva tres meses separado de su familia.

El testimonio de la familia Xol refuta las declaraciones de las autoridades de los Estados Unidos, que afirman que si hay separaciones de niños de padres es porque los padres lo solicitaron.

Hasta el momento, 565 niños migrantes continúan separados de sus padres, a pesar de una orden judicial que obligaba al Gobierno reunificar cada niño con sus familias antes del 26 de julio. Los padres de 366 niños migrantes ya han sido deportados a sus países de origen.

David Xol vive en un limbo de abandono en su propio país y lejísimos de Estados Unidos. No sabe que puede pedir apoyo gratis del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tampoco sabe dónde o cómo pedir ese apoyo. Y no puede perder los días de trabajo que necesitaría para ir a la capital a buscar ayuda.

“Todavía no hay ninguna indicación de que el Gobierno (de EEUU) tenga voluntad para hacer eso (reunificar los niños con sus familias)”, dijo Efrén Olivares, un oficial del Texas Civil Rights Project, al Texas Tribune. “No creo que exista voluntad política de parte de ellos. Tenemos que seguir presionando”.

El testimonio de la familia Xol refuta la versión del Gobierno de Estados Unidos, que responsabilizó a los migrantes de la separación de sus hijos porque ellos supuestamente habían escogido dejar a sus hijos en suelo estadounidense.

El jueves pasado, por primera vez en tres meses, por fin hubo buenas noticias para Florinda y David Xol. Los abogados, Ricardo de Anda y Michael Avenatti, decidieron trabajar el caso de Byron ad honorem. Lo representarán para revocar la deportación de David Xol y que sea reunificado con su hijo en Texas.

Michael Avenatti, un declarado crítico de Trump, es conocido por representar a la estrella de porno Stormy Daniels en su batalla contra el presidente después de revelar que tuvieron relaciones en un hotel en 2006. El abogado Avenatti quiere ser candidato presidencial para las elecciones de 2020.

Recientemente De Anda y Avenatti han colaborado en varios casos de familias separados, y el 14 de agosto lograron reunificar a otro niño con su mamá en Guatemala.

En el caso de Byron Xol los abogados tienen dos opciones para reunificarlos con su familia: Solicitar un juez que otorgue a Byron una “partida voluntaria” para que pueda regresar a Guatemala; o intentar revertir la orden de deportación de David Xol para que sean reunificados en Estados Unidos y puedan solicitar asilo.

Alta Verapaz es un departamento con muy poca presencia de pandillas, según Pablo Castillo, vocero de la Policía Nacional Civil. Y David Xol ha expresado que espera que su hijo regrese a la casa con su familia. Sin embargo, el abogado De Anda dijo que por el momento el equipo legal se inclina hacia la segunda opción, en base al ataque que sufrió David Xol de la pandilla que potencialmente pone en peligro a su familia.

10. Byron, en el albergue

Byron, de 8 años, ríe en el teléfono cuando habla con su hermano César, de 6. Byron dice que lo tratan bien en el albergue y que le gusta la comida de la cafetería. Tiene un amigo que se llama Anderson, un niño de Honduras.
Byron, en una foto del celular.
– ¿Te dijeron cuándo vas a poder regresar a Guatemala?, le preguntó esta periodista por teléfono.
– Rápido. La miss nos dijo que no mucho tiempo. Con mi papá.

Byron cumplió 8 años encerrado en el albergue en Texas el 24 de junio. Su felicidad por contar que es un año más grande se interrumpe con una segunda pregunta.

– Entonces, ya vas para los 9 años. ¿Y cómo celebraste tu cumple allá?
– No, aquí no tuve cumpleaños. Adiós, ya se acabó mi hora. Bye.

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Este reportaje es parte de una alianza periodística entre el Texas Tribune y Nómada. Por parte del Tribune participaron Juan Luis García, David Yaffe-Bellany y Jay Root. Por parte de Nómada, Pía Flores, Carlos Sebastián (foto) y Gabriela Ríos (video).