Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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29 de noviembre de 2019

Palabras de a voleo "Mi casa"


 PALABRAS A VOLEO

  
 

La  palabra que vuela hoy por encima  de   nosotros  es una que    varía mucho de importancia y de amplitud.

   Hubo un tienpo en que fue muy popular  por una película… 

la recordarán  cuando piensen en  aquel  extraterrestre   


bajito señalando al cielo  estrellado con su   dedo laguirucho  exclamando:

¡¡MI  CASA!!


Cuando el simpático E.T señalaba a lo alto, no explicaba  si “mi casa” era  alguna cuevita  de una estrella o satélite  en cualquier  lugar del   espacio, o un portentoso edificio supermoderno que superaba  la obra decualquier  arqitecto  terrícola.


Imagínense cualquiera de  los E.T s  astronautas de nuestro mundo que han subido por ahí arriba y al divisar nuestro pequeño planeta iluminado  en la noche exclamnan absortos: ¡mi casaaa! Pero sin pensar en cualquiera  de  aquellos puntitos  luminosos donde vivía  su familia sino  en la bola entera  que baila dulcemente  al redor del sol.

¿Cuál  es de verdad   nuestra casa?,   ¿el  rincón  donde nos acostamos a  dormir cada  familia o persona   o la tierra entera que nos abriga o nos  congela, nos abastece de lechugas y vacas?,¿o  de  donde extraemos el plomo     que nos  ayuda a matanos  mejor unos a otros.

Pues esta tierra, ahora nos sugiere  volver a la etimología  que  siempre incluimos  en estos documentos   Resulta que en griego  casa  se dice  oikos de donde se deriva la palabra economía  (administrar la  casa) y  ecología ( la reflexión, el cuidado de  este mundo que es  nuestra casa).

La economía  nos obliga a poner puertas, con cerraduras o rejas   a nuestra   casa, para protejerla de robos. Y  con talanqueras que se van imponineo en muchos  barrios, con murallas en la edad medias y  actualmente  aduanas  y barreras, que irónicamente  llaman  concertina pero no ese  instrumento sino      esto     
            
El místico   Tomás Merton nos habló hace años en un libro de que ningún hombre es una isla. La visión transpersonal del mundo nos va diciendo ahora lo mismo. No somos seres aislados flotando cada uno en su   planeta distinto.   
Alguien nos dirá que no “debemos serlo” pero desgraciadamente   ese yo que se nos mete en el pellejo nos hace con demasiada frecuencia   rodear nuestra vida individual con alambres de púas.



La familia tampoco es una isla, aunque también a veces salten tensiones entre sus miembros y estén sus oikos, (casas) demasiado cerradas a sus vecinos
 También    proliferan muros y alambradas entre naciones; cuando   rechazan las que se consideran avanzadas a quienes buscan en otros países, un puerto de acogida

 Lo contrario a esta situación se da
cuando   grupos de familias, en su misma tierra andan buscando techo. El papa Francisco habla de que todo ser humano necesita las tres T: Tierra, trabajo y Techo. 
 En este caso, hablando de techo debemos decir que la necesidad es de toda comunidad humana… porque ninguna comunidad es tampoco una isla, ni un archipiélago.

¿Hablamos de comunidad?... No es comunidad el Chalet, la finca exclusiva, el rascacielos de oficinas…


Se acerca más a ella la aldea de montaña, el pueblito campesino, la pequeña colonia   de barrio marginal, aunque, seamos realistas, a veces aplasta las ilusiones   el triste refrán “pueblo pequeño infierno grande”





Déjennos soñar un poco contemplando la película MILAGRO EN MILÁN. La podrán ver en internet:


Como símbolo en ella la escena del viejito que se come el pollo rifado en el barrio de chozas, mientras los vecinos le contemplan con gozo y admiración como si les hubiera tocado a todos ellos en la rifa: “qué bien se lo come”

Em muchas ocasiones hoy la gente que necesita vivienda como los que intentan algún otro progreso en su existencia van comprendiendo que ese progreso se consigue comunitariamente.

Por lo general son los pobres aquellos que sienten la necesidad de colaborar, ¿Se dan cuenta? Con -laborar, trabajar juntos conscientes de que las manos unidas consiguen lo que no se logra individualmente.  Pero no siempre es así,” por lo general”.

Se necesita una bella y difícil palabra: Colaborar
En ese mundo 
nuevo que soñamos
no se hará el trabajo
con la fiebre angustiada
de quien   pende del 
hilo del empleo
para no morir de hambre.


En ese mundo nuevo
el trabajo será como un servicio amable
de cada uno a todos los demás
no hervirá como hoy
la obsesión por ser competitivo
que consiste en trepar
sobre los cráneos del débil o del torpe
tan sólo llamaremos competencia
a servir a los otros los primeros,
sin que a eso nos mueva
la turbia obstinación de ganar más que otros
ganar…
Esa palabra sólo será en plural
ganaremos cuando ganemos todos
pero ¡todos!

(del libro Para que otro mundo sea posible    editado por PPC en Madrid y CAUCE en Guatemala.)
El fondo de la cuestión se nos plantea cuando tomamos conciencia del contraste entre competir y colaborar.
Es la raíz de las relaciones laborales y sociales.  ¿El otro, es otro?...  ¿lo tuyo es tuyo? La reflexión transpersonal nos hace tomar conciencia de que cuando uno gana, ganamos todos, porque todos somos parte unos de otro, como las piezas de un puzle. El trabajo en cooperativa hace que nuestra casa y la de todos los demás formen un barrio como una casa común que, aunque cada familia y cada persona necesite un mínimo de intimidad, hay mucho que podemos mantener y hacer crecer en común.
Nos falta mucho para llegar a eso, pero la conciencia comunitaria de la humanidad va superando el yo individual y se comienzan   a crear acciones, obras, iniciativas, proyectos en común, porque… ganaremos cuando ganemos todos… Pero ¡todos!