Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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17 de marzo de 2016

Lo que va de ayer a hoy... LA MATARON, PERO SIGUE VIVA

Historias bíblicas  de ayer que se repiten hoy


LA MATARON PERO 
ESTÁ VIVA 



Empecemos  por…
AYER:  

A Él lo mataron primero.  También creyeron que habían matado su idea y que su grupo de amigos se había deshecho.
Pero el pequeño equipo de  hombres y mujeres,  que empezó por esconderse con las puertas cerradas por el miedo, volvió a encontrarse con  Él, a sentirlo en medio de ellos, a recobrar el ánimo y la memoria de todo lo que en pocos años habían aprendido y vivido. Fueron abriendo las puertas,  saliendo a la calle… y a todo el mundo, que entonces se recorría a pie, a caballo o  en pequeñas naves. 

Si en un lugar los rechazaban se iban a otro. Y no se callaban. 
Hasta empezaron a escribir memorias, que se sentían como panfletos incendiarios, hablando de un extraño reino divino  de paz universal, de perdón a los enemigos y defensa de los pobres.

Esa doctrina era peligrosa. Hacía tambalearse al imperio y sus dioses.
Por  eso los siguieron amenazando  y  echándolos de merienda a las fieras. Pero allí seguían, cada vez más en número,  vivos.

Así pasó el tiempo.
Hasta que alguien  comprendió que la mejor manera de estrangular una gran iniciativa no era perseguirla  sino  sobornar a sus miembros  y   dar poder a sus jefes.  

El  grupo de seguidores  del rebelde se convirtió en una religión como las demás. Creció, creció a la sombra de quienes antes  les perseguían.  

Aquel reino divino se  mezcló con reinos humanos y tiranos.

 Los verdaderos  fieles…  fieles   a aquel misterioso reino, tuvieron que seguir aguantando persecuciones. Aunque ahora quienes les llevaban al tribunal eran los mismos que edificaban templos y ponían coronas de oro a las estatuas de su  antiguo líder galileo.

Ahora, pasados los siglos, tenemos ocasión de asomarnos a un tiempo cercano que   podemos llamar …

Hoy
   En el hoy  del  que hablamos el mundo ya  no puede recorrerse a pie. Se necesitan vehículos como el  carro con motor o el  pájaro mecánico. Por eso en vez de hablar del mundo  en general, tendremos que ceñirnos a algún ejemplo en lugar y tiempo más limitado.
Pongamos que  hablamos de Madrid (dijo Joaquín Sabina), y en Madrid pongamos que hablamos de Vallecas ( “vengan a ver”,   dijo Luis Pastor)  en unos días  del  año 1975.

Para los que no lo conocen,  Vallecas era un barrio  con fama de pobre y rebelde,  de casas  humildes, en gran parte chabolas, champas, villa miserias, favelas… según  dicen distintos países latinos.  Sus habitantes, venidos  muchos de  pueblos marginados del país, mal mirados por las autoridades  como gente izquierdosa.
 
Pero volviendo a lo que  decíamos ayer,  a ese  barrio también habían ido a vivir    seguidores del galileo rebelde crucificado. Aunque allí  apenas tenían templos.  Aprovecharon para sus reuniones cualquier almacén o “barracón” y allí se juntaban, no solo  para partir el pan según su tradición,  sino también para compartir su vida, hablar sobre sus problemas y  ajustar su conducta a aquellos  panfletos subversivos escritos por los primeros  seguidores: Mateo, Lucas y compañía.
Para acabarlo de complicar o simplificar, según se mire,  aparecieron entre ellos unos líderes  con el nombre de obispos,  que se sintieron a gusto en  ese ambiente. Unos tales llamados Ramón y Alberto.

En tiempo de este último,  los vallecanos, platicando, observando la vida que hervía por esos lugares, pensaron hacer realidad lo que habían proclamado en un llamado concilio de años anteriores:
 Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. 
 Pues en ese barrio se propusieron reunirse en pequeños grupos para pensar cómo convertir  esa teoría en práctica.

Ya lo dice el  proverbio “nada hay más práctico  que una buena teoría”
Pero  como  en ese Madrid del que hablamos había demasiada gente que  se limitaba  a una religión de templos y procesiones… y como en aquel tiempo gobernaba el país  un general que usaba las catedrales para entrar en ellas bajo palio,  aquella  iniciativa popular empezó a sentar muy mal.

Dos años estuvieron los seguidores del galileo  reuniéndose intentando ver, analizar y pensar qué hacer  para responder con fidelidad a los panfletos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan  junto  a las propuestas de aquel incómodo concilio. 

Dos años en los que las nubes de tormenta, por encima y alrededor de sus diálogos, se iban oscureciendo,  como “ayer” se le fue  oscureciendo el horizonte a su profeta inspirador mientras subía a Jerusalén.

Llegó el día decisivo.
Cuando ya estaba todo preparado para la asamblea que  concretase  todos aquellos trabajos…. aquella tarde el salón se vio rodeado  de policías armados, vestidos, como las nubes, de gris, impidiendo el paso a los grupos de vallecanos que acudían alegres  al encuentro..

El obispo Alberto, pegado a la puerta  recibía el triste saludo, desde la otra acera,  de los amigos que contemplaban aquel otro asesinato de sus sueños.
 Arriba,  desde el poder,  pensaban satisfechos: “se terminó la  asamblea  de  Vallecas” y aquella noche durmieron más tranquilos.

Los fieles seguidores del galileo pobre se quedaron con una sensación semejante a la  de Pedro y sus amigos cuando vieron clavado en el madero a su profeta.

Hubo otros, ni fríos ni calientes, que se dedicaron a hacer filosofía  sobre la suspensión: “Claro es  que aquello  era imprudente en la situación social del país, bajo la dictadura del general…” (como  si le dijeran al   maestro de Galilea: “¿a quien se le ocurre echar del templo a los mercaderes en la actual situación religiosa de Jerusalén?)

Pero no miremos hacia atrás y sigamos mirando al HOY  con  aires de futuro.
La realidad es que el trabajo principal ya estaba cumplido durante aquellos dos años.
Un número de la revista PASTORAL MISIONERA   ofreció  una síntesis de los trabajos realizados. Eso fue  lo principal. Lo que ya estaba hecho. (“que nos quiten lo  bailao”, dirían los madrileños castizos).


 En estos  momentos, cuarenta años después,   cuando a sus noventa y dos  el profeta Alberto Iniesta ha descansado  de su entrega al  reino de Dios y de las incomprensiones  que eso le trajo, empieza a aparecer gente por Vallecas  que   comenta: “¿Y qué dificultad hay para que  ahora resucitemos lo que falta y  nos juntemos para completar esa  asamblea estrangulada? Ha muerto  el general y la dictadura que él impuso.  Han desaparecido de la historia muchos de los que se alegraron por la muerte de la asamblea.

Aunque el obispo no está físicamente, sigue en Vallecas vivo el espíritu de quien animó entonces la iniciativa.   Sigue  ese espíritu  en  muchas comunidades de base, en muchos líderes seglares y religiosos (aunque en otros lo apagó de un soplo la “posmodernidad”).

Tal vez  algunos  se queden diciendo: “eso fue cosa del pasado” y no se atrevan a dar los  cuatro pasos que faltan para completar lo que se trabajó con entusiasmo. 
Habrá que dejar en el baúl de los recuerdos realidades que se quedaron desfasadas,  también revitalizar muchas realidades que siguen vivas en los creyentes de Vallecas.  
Habrá que…

Habrá que  demostrar  que el trabajo de esperanza que junto a Alberto Iniesta llevaron  tantos vallecanos  a partir de una fe con los pies en la tierra… que aquello no fue inútil y que a la asamblea  de creyentes de Vallecas…


Creyeron que la  habían matado, pero sigue viva.

Si  en cualquier parte del mundo donde lean esto surgen problemas  semejantes a los de ese barrio,  les ofrecemos  este trozo de historia.   Piensen  que siempre es posible resucitar, unirse y  ¡vengan a ver! y a escuchar la canción de Luis Pastor: