Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

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23 de julio de 2016

Necesitamos un líder al estilo Francisco



¿Crisis de liderazgo y/o resistencia lúcida?
"El verdadero líder lucha contra la tendencia dualista que surge en momentos de crisis"


 El líder se propone concienciar a los individuos en la búsqueda del bien integral para la sociedad

El conocido columnista del New York Times, David Brooks, en su último artículo de esta semana titulado "Choosing Leaders: Clueless or Crazy" ("Elección de líderes: desorientado o loco") -tras analizar y cuestionar las propuestas de cada candidato a la presidencia de los Estados Unidos y el panorama político del momento- propone la figura de un personaje al estilo del Papa Francisco.

Dice Brooks al final de su artículo: "Probablemente necesitamos un tipo al estilo Papa Francisco en la política, que viene de lejos y entiende la vida de allí". Esta "propuesta" nos recuerda la literatura apocalíptica judía y judeocristiana cuyos orígenes se remontan al siglo II a.C., y el siglo I d. C.

El estudio de tal literatura ha mostrado que ésta florece en tiempos de crisis. Los escritos más significativos se enmarcan en un contexto de crisis global: política, económica, cultural y religiosa. Frente a ello, los creyentes reaccionaban de diversa manera. Unos colaboraban con el poder dominante. Otros, como los que encontramos en el libro de los Macabeos, reaccionaban con violencia, otros, finalmente, resisten con el pensamiento, produciendo obras que fundamentan la esperanza.

Sin embargo, las crisis de liderazgo del momento nos llevan a concebir a un líder diferente, un líder que conozca la vida, que deje fluir las ideas y, sobre todo, que sepa ocupar su lugar sin dejarse influir por los mensajes y discursos de aquellos que intentan dominar desde el centro.


Saber estar libre de todas las seducciones que provienen de los personajes del centro es un desafío que implica un discernimiento constante. Un saber estar en constante equilibrio que implica un conocimiento suficiente de las normas -de la institución, grupo, comunidad, etc.- a la que se sirve o trabaja y que rigen o pretender orientar el actuar humano para saber cómo romperlas de manera adecuada y en el momento oportuno. No es realmente un romper en absoluto, sino encontrar su verdadero propósito: no para abolirlas, sino para completarlas.

Un líder de esta categoría se involucra en los cambios constantes de su contexto, de su institución. Nunca se exime de los compromisos y es posible que llegue a ser amigo pero no completamente querido como la gente que suele ocupar los puestos del centro.



Un líder así, puede ver claramente la realidad, de los de dentro y de los de fuera y mientras los de dentro y los de fuera tienden a pensar de forma dualista -nosotros contra ellos y ellos contra nosotros- el líder lucha contra esa tendencia dualista y se propone concienciar a los individuos en la búsqueda del bien integral para la sociedad.

Es lo que con otras palabras nos indica el documento que los obispos de los Estados Unidos han escrito para la formación de la conciencia de los ciudadanos al momento de participar en la política. Notemos que estas intuiciones nos genera una situación de crisis, de violencia y que tiene profundas conexiones con la Sagrada Escritura.

San Juan en su libro del Apocalipsis, ante tanto engaño y violencia se propone concienciar a sus Iglesias para que desarrollen una resistencia lúcida frente al imperio, evidenciando su mentira y su falta de poder auténtico. Y también avivar la esperanza de las comunidades, la fuerza necesaria para vivir su fe, y fomentar los valores alternativos del Evangelio, que son los que acabarán haciendo caer el falso poder y las mentiras.

Es necesario, por tanto, no dejarse deslumbrar por los logros económicos del momento, pues éstos no son auténticos, sino que solo benefician a unos pocos. Como creyentes nos toca mantener viva la esperanza de un mundo mejor, de un liderazgo constructivo e integrador. Por lo tanto, frente a los actuales imperios político-económicos, se requiere lucidez crítica, esperanza y resistencia activa que no puede venirnos más que de la lectura y meditación de la Palabra de Dios.

La crisis de liderazgo remarcada por David Brooks refleja la ausencia de un liderazgo sincero y honesto, y al mismo tiempo, revela que la no apertura a la fe o la negación de la misma hace difícil o casi imposible los valores "contraculturales" propios del Evangelio.