Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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8 de enero de 2017

En nombre de los invisibles

Algunos muy educados, otros sucios y pordioseros, algunos vivos y esperanzados, otros muertos y abandonados, miles de historias, miles de casos, y nuestros ojos siempre tan ciegos.

En nombre de los invisibles.

Son los invisibles, la vergüenza de nuestra sociedad "del bienestar", lo "escondible" de las ciudades, lo que nadie quiere que vea, la indigencia, la miseria, el rechazo. Invisibles a nuestros ojos de consumidores, propagadores de la lástima más ruin y superficial, la mentira y la verdad de nuestro sistema, el principio y el fin de nuestra moral.

Algunos son tachados de locos, enajenados, borrachos y vividores, sus cabezas no fueron lo suficientemente fuerte para aguantar la vanidad impuesta por nuestra raza, poco habladores, nadie escucha sus historias, sus vidas, nadie se interesa por los motivos que les llevaron a acabar en la calle; alguno simplemente es pobre, otro fue repudiado por su familia porque no supo superar sus problemas, otro simplemente tuvo una mente tan débil o sensible que no fue capaz de superar la pérdida de un familiar o el engaño de una mujer, otros nacieron en la calle de la que se hicieron doctores... cada uno una historia, una vida, mil aventuras, y sin embargo "nosotros", los visibles, nos consideramos mejores. Mejores por ser sumisos al sistema, por no haber caído en su desgracia, por no ser los rebeldes ni soñadores, por tenerlo todo y no tener nada. Más de una vez pensé y pienso que puedo acabar así, que puede que mi almohada sea una bolsa y mi colchón las tablas de un banco o el frío mármol de una sucursal bancaria, que el mundo me da la espalda, que también soy invisible como ellos, o que yo soy de ellos, que ellos son de los míos, sin entrar en la razón de que ellos no son más que el espejo de nosotros, pues todos somos lo mismo. Algunos muy educados, otros sucios y pordioseros, algunos vivos y esperanzados, otros muertos y abandonados, miles de historias, miles de casos, y nuestros ojos siempre tan ciegos. Nos da vergüenza de ellos, nos cambiamos de acera, no nos acercamos, para algunos dejaron de ser personas cuando perdieron su identidad, pero en el fondo sabemos que no es así, que son como nosotros, que son nuestra cara visible aunque no queramos, nuestro espejo, la verdad emergente de nuestra mentira social, y la vergüenza es nuestra permisividad, nuestro mirar para otro lado...

Va por ellos, por nosotros, mi alegato.


Comunidades Solidarias de Cádiz