Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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10 de mayo de 2018

Gustav Landauer


Gustav Landauer
Revolucionario (1870-1919)


“Quien mata, muere él mismo. El que desee crear vida deberá vivir en forma diferente y nacer otra vez desde adentro…Sólo de adentro hacia afuera puede formarse el mundo.”
 
Gustav Landauer vivió en la era de la revolución; mas entre los alemanes revolucionarios de su tiempo, él era algo así como una anomalía: místico, poeta y activista político todo a un tiempo. Combinaba el ideal anarquista de la libertad con el compromiso socialista con la comunidad. Empero, sus acciones tenían raíces en una visión espiritual y moral que tendía a incitar la burla de sus camaradas más pragmáticos. 

Landauer nació el 7 de abril de 1879, en una familia judía de clase media. Desde temprana edad se vio envuelto en los movimientos revolucionarios de su tiempo. Pero no se interesó mucho en los partidos políticos. Aborrecía en forma particular las tendencias autoritarias del marxismo, con su obsesión por tomar el poder político. Landauer buscaba una revolución desde abajo. Ésta involucraba la transformación de las relaciones, ya fueran a través de cooperativas, consorcios o gremios de un espíritu de poder a un espíritu de comunidad. Su estrategia consistía en fundar un nuevo mundo dentro de la envoltura del viejo. “El Estado”, escribió, “es una condición, un tipo de relación entre seres humanos, un modo del comportamiento humano; lo destruimos contrayendo otras relaciones, comportándonos de manera diferente”. Al mismo tiempo se oponía fuertemente a la tendencia de sus compañeros anarquistas de recurrir a la violencia o a la aventura del terrorismo. “Todo acto de fuerza significa dictadura…El anarquista debe darse cuenta de que el objetivo puede ser alcanzado sólo si los medios que se utilizan se hallan teñidos ya por el color de éste”.


Como resultado de sus actividades políticas, Landauer pasó varios períodos en prisión. En 1899 cumplió seis meses de prisión por haber escrito en contra de un comisionado de la policía de Berlín. Mientras estuvo en prisión, estudió y tradujo los escritos de Meister Eckhart, el místico alemán del siglo XIV. Quedó muy impresionado por la exhortación de Eckhart a descubrir a Dios en nuestra alma. De allí derivó Landauer la comprensión de que ahondando profundamente en nuestras almas podríamos hallar las raíces de una comunidad universal. Editó más tarde los escritos de Eckhart, una obra que él consideraba como la unión crítica entre su visión espiritual y sus convicciones políticas.
Previendo el advenimiento de la Primera Guerra Mundial. Landauer trabajó sin descanso para impedirla. Espera que los trabajadores se resistirían a la marea de nacionalismo y militarismo. Pero en esto se vio decepcionado y se encontró prácticamente solo.

Landauer fue un moralista en una época oscura. Era un poeta y un místico que creía que ninguna sociedad humana verdadera podía fundarse a menos que tomara de la imagen de Dios, el sentido de la unidad de la vida, grabado profundamente dentro del alma humana. Su voz podría haber añadido una nota de humanidad a un mundo al borde del caos. Pero no pudo ser escuchada.

En Múnich, luego de las consecuencias desastrosas de la Primera Guerra Mundial, Landauer ejerció brevemente como Ministro de Educación durante la corta vida de la república revolucionaria. En 1919, fue arrestado por tropas alemanas y golpeado hasta morir. Sus últimas palabras fueron: “Mátenme entonces. ¡Y pensar que ustedes son humanos!

Por Rosario Carrera.
Inspirado en el libro Todos los Santos. Robert Ellberg