Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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3 de septiembre de 2015

¿QUÉ HARÍA JESÚS HOY EN GUATEMALA?

Jesús Revolucionario hoy en Guatemala

Muchas veces le huyo a discursos religiosos y moralistas por los vacíos e incoherencias que me dejan. Los ritos están cargados de rezos, oraciones, cantos, lecturas; en este tiempo resaltan las tradiciones de la época, las penitencias, los ayunos, etc. Entonces, ¿Cómo es que todo ese amor, entrega a Dios y a la iglesia se refleja en esta sociedad?

Pienso que si todas esas personas cristianas conocieran y profundizaran realmente en la figura de ese Cristo de quien son seguidores, tendrían un gran ejemplo para seguir y sería otra la realidad que tendríamos en este país.

Más que el Jesús milagroso y espiritual, me gusta pensar en ese Jesús de carne y hueso. Ese que nació en el cajón donde se ponía el alimento de las vacas y ese que murió desnudo, burlado y olvidado; nada de lujos ni pretensiones. No pienso en ese Jesús que convirtió el agua en vino, que multiplicó el pan, que curó enfermos y que caminó sobre el agua. Pienso en ese Jesús -aquel personaje histórico- que luchó contra el statu quo que, en ese entonces como ahora, favorecía a la minoría poderosa.
Pienso en ese Jesús que fue un revolucionario en su época. ¿Por qué? Porque desafió al sistema, denunció las injusticias, rompió las leyes que oprimían a las personas, acompañó y vivió entre los “indeseables” para la sociedad: las mujeres, las prostitutas, los enfermos, los extranjeros, etc. Algunos estudiosos del tema señalan el papel central de la liberación de las mujeres en el evangelio; Jesús reconociéndolas como sujetas y no objetos.

Estoy segura que si Jesús viviera hoy en Guatemala no sería parte de la Guatemala privilegiada y poderosa. Podría ser una niña indígena en un pueblo del área rural. Estoy segura que le dolerían todas las injusticias porque todo eso va en contra de la dignidad de las personas. Le dolería lo que fue la guerra y lo que queda de ella (impunidad, olvido); la explotación laboral e infantil, los salarios de vergüenza; la falta de tierra, vivienda y alimento de millones; el irrespeto a la visión de los pueblos indígenas; la persecución de quienes denuncian las injusticias y defienden la vida; la explotación irracional contra la Madre Naturaleza para el enriquecimiento privado, etc.

Jesús no sólo abriría sus ojos a nuestra realidad, sino que reflexionaría y actuaría para transformarla (ver-juzgar-actuar). No se quedaría en rezos, oraciones y penitencias. Estoy segura que si Jesús viviera en este momento en Guatemala, ya hubiera sido tachado como terrorista, criminal, bochinchero, haragán, comunista e izquierdista extremo. Probablemente ya se hubieran emitido algunas órdenes de captura en su contra o ya hubieran atentado contra su vida.

Si los cristianos de hoy conocieran la verdadera esencia de ese Cristo, sabrían que denunciar las injusticias y luchar contra este sistema que castiga a las mayorías, no es de comunistas ni de terroristas, es cuestión de amor al prójimo a través de la justicia y la solidaridad, más allá de la mera caridad. Y entonces, me sigo preguntando, ¿qué están haciendo las y los cristianos por transformar las realidades injustas de este país?