Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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29 de octubre de 2015

Entrevista a Leonardo Boff



Por Benjamín Forcano


                    

         La entrevista de hoy contigo, Leonardo, reviste para mí un interés singular. Está muy en la cima de la publicidad la Encíclica del Papa Francisco “Laudato ,Sí” y nadie duda de que el haber llegado hasta ahí, se debe en gran parte a tu  labor  pionera en el campo de la ecoteología. Una labor necesitada, muy sugeridora, que ha puesto a vibrar uno de los temas más cruciales en la humanidad actual. Tus escritos de veinte años para acá rezuman un aire fresco tuyo,  inconfundible, muy reiterado, y que yo me propongo llevar a nuestros lectores, extrayéndolo de uno de tus últimos libros: “La gran transformación, en la Economía y en la Ecología”. 

Para entender la sociedad en que vivimos, consideras imprescindible analizar  y valorar la Gran Transformación que se formó a partir del año 1834. ¿En qué consiste?
          Yo la entiendo como el paso de una sociedad con mercado  a una sociedad sólo de mercado, es decir, una sociedad que coloca la economía como único eje estructurador de toda la vida social, sometiendo a ella la política y enviando la ética al limbo. Se trata de un mercado competitivo, en el que cuenta el beneficio individual o corporativo, conseguido por lo general a costa de la devastación  de la naturaleza  y de la gestación perversa de las desigualdades sociales.  Dicho mercado postula ser libre,  y rechaza todo control, incluido el de un Estado, que trata de ordenar el Bien Común  con sus leyes.


Y esta gran transformación , ¿qué tiene de malo?
         Pues que lo mercantiliza todo, desde el sexo a la Santísima Trinidad. Todo es  objeto de compra y venta, de todo se puede obtener lucro, de la  salud, educación, deporte, artes, religión, …Se crea una gran masa de consumidores  para obtener ingresos, se trate de bienes materiales o de bienes espirituales. Y hay cosas y sectores que no debieran entrar en el circuito comercial del mercado, tienen gran valor, pero  no debieran ser sometidos a precio. 

¿Esta mercantilización global tiene consecuencias?
Sí, muy graves. Señalo tres  fundamentales.
Primera: escinde la humanidad de arriba abajo,  creando un  foso enorme entre pocos ricos  y muchos pobres, se crea una injusticia  social espantosa, con multitudes descartables, consideradas ceros económicos.
Segunda: su afán explotador y acumulador , sin ninguna consideración social, sanitaria o ética, ejerce una injusticia ecológica tremenda.
Tercera: actúa a sus anchas un capital especulativo (se calcula en unos 600 billones de dólares), del cual un billón y medio circulan diariamente en busca de ganancias mayores, por cuya razón decaen los capitales productivos, aumenta la precarización de trabajo y se expande más y más la pobreza.

 ¿Y esto supone repercusiones o efectos especiales para el planeta Tierra?
         El planeta Tierra tiene unos límites físico-químicos.ecológicos-, que no soportan esa depredación y sobrevienen reacciones suyas violentas (terremotos, tsumanis, huracanes, desregulación de los climas…) para mantener su equilibrio y que resultan destructivos de las bases que sustentan la vida. La vida corre peligro y la especie humana pudiera ser extirpada  por ella como si fuera una célula cancerígena.

 Ya que señalas  este punto, por qué no explicas lo que supone la Gran Transformación en este campo de la ecología.  ¿Por dónde comenzarías?
          Por dónde  comenzó  la Teología de la Liberación, por liberar  las opresiones que recubren la sociedad: obreros explotados, afrodescendientes discriminados, indígenas sobrevivientes,   patriarcalismo - machismo y, finalmente, el grito de la Tierra, generadora de todas las formas de la vida y explotada en todos sus bienes desde siglos. Ella es la Gran Pobre, crucificada,  y que clama por su resurrección: si la marca registrada de la Teología de la Liberación es la opción por los pobres contra la pobreza y su injusticia, la Tierra debe ser incluida en primer lugar en esta opción. Si no liberamos a la Tierra eliminamos la base real para cualquier otro tipo de liberación.

         Denunciamos  que la misma lógica  que explota al trabajador, a las clases y a los países,  explota también a la Madre Tierra.  Minorías poderosas se enriquecen ilimitadamente, sin ética ni equidad social alguna en el presupuesto de que la Tierra es una especie de baúl con una riqueza inagotable, lo que efectivamente no es. 

Sin embargo, yo que te conozco y acompaño desde hace  más de treinta años, veo que esta opción por la Tierra Oprimida, apenas si aparece en el primer itinerario de la Teología de la Liberación.
         Nuestra prioridad por la opción de los pobres no tardó en descubrir el paralelismo e imperativo de nuestra Opción por la Tierra Pobre. La ecoteología hizo crecer la conciencia colectiva  de que la Tierra ha llegado a la frontera de su sostenibilidad. Es decir, hemos descubierto que el avance de ese caos destructivo de la Tierra, tiene origen en la relación agresiva e irresponsable que el ser humano tiene  con su hábitat natural. Somos como un meteorito, no venido del exterior, que destruye el sistema-vida y el sistema-tierra. Los cientistas han creado una palabra para expresar esta realidad perversa: el antropoceno. Se trata de una nueva era geológica, en la cual el gran amenazador de la vida y del equilibrio del sistema-Tierra es el propio ser humano.

¿Existe y crece de verdad esa conciencia?
         Nosotros nos hemos organizado  en torno al triunfo del más fuerte, que busca ventajas sobre los demás seres por competición y hemos abandonado la lógica solidaria del Universo, que es una lógica de conectividad, de interdependencia y colaboración, según señalan todos los científicos. Nuestra lógica es antinatural,  hay que cambiarla, si queremos evitar el desastre.
         Esta otra conciencia cosmológica nos obliga a ajustar nuestra conducta con la lógica del Universo, que asegura la expansión y autocreación  con todos sus seres,  inertes y vivos. Cuanto más se expande y complejiza el universo, más  interiorización y subjetividad adquiere y más estrechan todos los seres su interdependencia y comunión. A la Teología de la Liberación ya no le servía  el paradigma de una cosmología mecanicista y estática: la metáfora de una pirámide en cuya punta se encuentra Dios.  
                          


¿Ves importante y posible instaurar esta nueva visión?
         Difícil, después de tantos siglos que nos posee otro modelo. Pero, la crisis actual nos impone dejar atrás la monocultura del pensamiento único en la política, en el economía y en el teología oficial. Al ser humano no le basta  con el consumo de los bienes materiales. Somos hijos e hijas de la Madre Tierra que, a través de nosotros, siente, ama, cuida y se preocupa por el futuro común, y nos responsabiliza sobre todo de los excluidos  y de los que más injusticia sufren. Somos Tierra como se sugiere en el Génesis 2,7.

Afirmas que,  si mantenemos en este nueva era geológica la mentalidad del antropoceno, como te referías antes podemos llegar a la sexta extinción masiva.  
         Hace tiempo que biólogos y cosmólogos nos advierten de que nuestra intervención agresiva está quitando a la Tierra su capacidad reguladora y aparece como posible  el extermino de nuestra civilización.
         La Tierra ha conocido 15 extinciones de grandes proporciones. En los últimos 540 millones de años se ha dado una cada cien millones de años. La última, que ha destruido gran parte de la vida en el mar y en la tierra, ocurrió hace 65 millones de años, cuando fueron exterminados los dinosaurios, después de haber vivido más de cien millones de años en nuestro planeta. 

 ¿Y cómo sabemos que estamos en la sexta extinción?
         Se reducen las especies  (se calculan en 250.000 las especies exterminadas), crece la contaminación del agua, del suelo, del aire, se ha revertido en tres millones de años el proceso evolutivo; no denunciamos lo que está siendo un atentado contra la Vida y contra la Tierra: biocidio y geocidio. 

¿Se puede desacelerar esta sexta extinción?
         Se puede y se debe. Son 13.700 millones de años los que nos separan de nuestros orígenes.  El Universo –impregnado de inteligencia y propósito-  nos interpela y solicita nuestra colaboración para renovar el Contrato entre la Tierra y la Humanidad, que exprese nuestro cuidado y respeto hacia ella; para vencer la lógica individualista y competitiva y reinventarnos  como especie que se preocupa de las demás especies y aprende a convivir con toda la comunidad  de vida, respetando el valor intrínseco de cada ser. Al paradigma del sometimiento y extinción, tiene que suplir el paradigma de la compasión, del cuidado y del respeto.
         Por tanto, sí que podemos,  si acertamos a relacionar todas las cosas entre sí, combinar los saberes y  controlar las ganancias del mercado.   

¿Tiene algo que ver con esto el calentamiento global? ¿Es ciencia o ficción?
         No voy a llorar como lo han hecho otras personas cuando les ha tocado narrar ante las Naciones Unidas el horror de tifones devastadores, etc. Voy a   dar unos datos:
-La temperatura del Pacífico tropical, que estaba por debajo de los 19,2º C, alcanzó en 1998  los 30ºC. Los tifones y vientos  han incrementado su velocidad  de 240 km / h en 1951,  a 380 km / h en el 2013.
-La concentración de CO2 al inicio de la era industrial era  de 280 ppm, hoy hemos llegado a 450 ppm. 

¡Y los Gobiernos, multinacionales y otras instituciones sin reaccionar!
         Hay gentes de dinero, negacionistas a ultranza, que llegan a coaccionar  a científicos para que no digan todo lo que saben. Su razón enloquecida les impide  ver los perjuicios de su riqueza acumulada. Y hay Gobiernos y otros dueños del poder que  dificultan de mil formas cualquier consenso. Quieren que las cosas sigan igual. 
         Pero la cuestión central está en reconocer que este caos ecológico se debe a nuestro modo de producción, que destruye la naturaleza  y alimenta la cultura del consumismo ilimitado.
          No hay más alternativa que la de cambiar la economía neoliberal, agresiva y competitiva y que establece una guerra de mercado, de todos contra todos.
         La Tierra no aguanta más, necesita un año  y medio para recuperar lo que le arrancamos en uno. El calentamiento global no es sino la fiebre que denuncia que ella está gravemente enferma.

Frente a esta situación, ¿ves alguna solución, cuál sería tu propuesta?
         Hablo de una sostenibilidad:
-Que afecta en primer lugar a la Tierra,  que contiene vida, está viva, se autorregula, se regenera y evoluciona. Sin ella, desaparece la base  para la sostenibilidad de las otras formas de vida.
-De una sostenibilidad integradora: entre todos los seres hay un lazo de parentesco  por su alfabeto genético básico. Somos todos interdependientes. Y nos necesitamos para subsistir. No sólo, pues,  antropocéntrica sino holística, que asegura las condiciones necesarias  para la generación de los seres, que los haga sostenibles en su valor intrínseco.
-En este proceso evolutivo, el ser humano  es como punta de lanza.  Somos  portadores de conciencia, sensibilidad e inteligencia. Nos corresponde por tanto cuidar de la Madre Tierra,  garantizar la continuidad de la civilización y vigilar nuestra capacidad destructiva. 
- El Universo se alimenta  de la Fuente Originaria de todo ser, y posee un fin en sí mismo, como lo manifiesta el hecho mismo der existir  que la da sentido y creatividad.
-Las necesidades humanas podemos cubrirlas bien a través de un uso racional y cuidadoso de los bienes que la Tierra y el Cosmos nos ofrecen. Hay que vivir una sobriedad compartida, una frugalidad voluntaria y intentar ser mśs con menos.
-Las futuras generaciones tienen derecho a heredar una Tierra y una Naturaleza bien preservadas y hasta enriquecidas por nosotros. La Tierra es suficiente  para hoy y para mañana, pero sólo si  establecemos relaciones de cooperación y solidaridad.

¿Cómo encajas en esta visión y cuidado con el hecho vergonzosamente mundial del hambre?  
         Gandhi decía con razón:” el hambre es un insulto; deshumaniza, destruye el cuerpo, el espíritu y la propia alma. El hambre es la forma más asesina que existe”. Por el hambre, son muchas las personas que sufren. Y sufren porque en todos los países se ha establecido como patrón de progreso el consumismo ilimitado. Y sufren porque sucumbimos a políticas económicas que producen  los bienes superfluos  y, mediante feroces campañas de propaganda , nos hacen creer que los superfluo es necesario y fuente secreta de felicidad. Y sufren porque se fomenta nuestro deseo de poseer y consumir, que es ilimitado. Y sufren porque vivimos en una sociedad abarrotada de bienes superfluos, con centros comerciales omnipresentes, verdaderos santuarios de consumo.

¿Y  no santuarios de felicidad?
         No, porque esos santuarios con sus ídolos-fetiches dejan vacía el alma, no colman sus deseos que, además de pan, necesitan transcendencia, comunicación, belleza, y  otros  valores que no se compran ni se venden como son la gratuidad, el desinterés, el amor. 
         Multinacionales  y  muchos políticos no saben sino espolear  el ansia de consumo  para superar la crisis económica, siempre claro  a costa del Planeta Tierra y de sus ecosistemas. Como decía en el 68 el presidente Robert Kennedy  “El PIB  mide todo menos aquello  que hace la vida  verdaderamente digna de ser vivida”. No concordaba con el sistema imperante, tres meses después fue asesinado.

O sea, ciudadano en esta sociedad, pero esclavo de la trampa del consumismo.
         No, porque  podemos adoptar un comportamiento anticorriente, antisistema, mediante este quinteto de erres:  reducir los objetos de consumo; reutilizar los que ya hemos usado; reparar los que ya se han estropeado; reciclar los productos dándoles otra finalidad; rechazar lo que el marketing nos obligar a consumir. De esta manera, creamos  una nueva relación hacia los bienes, la naturaleza y, sobre todo, hacia las necesidades que son la mayor parte. Nos convertimos en anticultura. 

¿Qué quieres decir  cuando afirmas que el respeto es el fundamento de la ética y de los derechos humanos?
         El respeto es reconocer al otro como otro, percibir que tiene valor por sí mismo. Ahora, el otro son todos los que surgen ante mí, desde un árbol, un paisaje, un animal a un ser humano cualquiera.   
         El primer otro es la naturaleza; no tratar a la naturaleza con respeto es el gran vicio del antropocentrismo, imperante en casi todas las culturas mundiales. Nos hemos creído que todos los seres no tienen sentido sino en cuanto subordinados, para ser utilizados a nuestro antojo.
         La mayoría de los seres vivos son más viejos que nosotros: águilas  (150 millones de años), perros (30 millones)… Nosotros entramos en el escenario de la evolución cuando el 99,98 %  de la historia de la Tierra estaba concluida.
         La naturaleza no necesitó del ser humano para organizar esa inmensa complejidad y biodiversidad. Debiéramos admitir como lo más correcto sentirnos en comunión con la comunidad de vida anterior. En este sentido, son para meditar las palabras del famoso investigador Edward Wilson: “El ser humano ha transformado el Edén  y el Paraíso ocupado  en una paraíso perdido. El viene desempeñando hasta hoy el papel  de asesino planetario, preocupado sólo por su propia supervivencia a corto plazo”.
         El segundo otro es el ser humano, surgido hace siete millones de años  y como sapiens hace cerca de 100.000 años, portador de una conciencia de dignidad y un fín en sí mismo y merecedor de reverencia y respeto.Esa dignidad impide utilizarlo  como medio para la producción,  la guerra o la experimentación científica.  Culmen  de la evolución conocida hasta hoy, la evolución se hará, para el  bien o el  para mal, con su intervención libre y creadora.
         Sin el respeto, se impone el derecho del más fuerte, que sustituye el Derecho por la Fuerza, y pretende reducir al otro en objeto o cosa, destituyéndole de su estatuto humano. 
         Esta reducción es del todo inadmisible cuando se pasa  por encima de la conciencia personal, que reclama respeto sin condiciones, aun cuando sea invenciblemente errónea.
         La dignidad de la persona es la base de la laicidad –ciudadanía universal- y de la democracia. De esa dignidad brota un imperativo ético universal,  que hace  sentirnos unidos y en comunión con todos. Las personas son todas iguales , todas tienen un valor propio irrenunciable, y todas deben ser respetadas en sus derechos y deberes. Por lo que ningún Estado laico puede privilegiar a ninguna de las Confesiones religiosas;  su misión es garantizar el pluralismo religioso  y de las minorías,  siempre que se ajusten a las reglas básicas, comunes, de la convivencia.
     
           
¿A la vista de lo que estamos viviendo, este respeto del que hablas, es quimera o realidad? 
         Quimera, no; utopía, sí. Hemos conseguido por lo menos que sea reconocido como  un ideal, una meta válida, teóricamente admitida y respaldada  por todos los Estados. Si todos los seres humanos  tienen un valor,  lo es por el hecho mismo de existir, ninguno puede ser manipulado , se alza ante nosotros como un  misterio  que reclama cuidado, responsabilidad y veneración. Immanuel Kant tenia razón cuando decía que el ser humano es un fin en si mismo y jamás puede ser un medio para cualquier otra cosa.
         El Budismo enseña a vivir en armonía  con todas las cosas y con el Todo; el Hinduismo vive del respeto a todos  y de la no violencia; Francisco de Asís daba el dulce nombre de hermanas y hermanos  a todas las criaturas, de quienes, por maravilloso y de todos desconocido, adivinaba los secretos , como quien goza ya de la libertad y de la gloria de los hijos de Dios. Es el saber estar con las cosas,  conviviendo  con ellas, y no estar sobre ellas dominándolas. 
         Figuras eminentes de la Filosofía y de las Religiones  coinciden en que lo que necesitamos es respeto y compasión hacia todos los seres del Universo, volverse de verdad humanos y hacer por los pobres lo que debe ser hecho, vivir en medio de vidas que quieren vivir.
         La ética  nos hace responsables  de todo lo que existe y vive y de ella nace el respeto y la veneración por cada  ser de la naturaleza. La falta de ética humanitaria es la causa de la mayor crisis de la historia  de la cultura moderna.  O vivimos el respeto incondicional a todo ser,  o perdemos la base  que sustenta el empeño  por la dignidad y los derechos humanos.
         No sólo eso, sin el respeto y la veneración, perdemos la memoria de lo Sagrado  y lo Divino, que atraviesan el universo y emergen en la conciencia humana. 

Quizás, Leonardo, lo más incitante de tu discurso ecológico es que, frente al mundo descreído de hoy, sitúas a Dios en medio de este gran proceso cósmico.
         Mira, este proceso, que tiene la friolera  de 13.700 millones de años, ostenta paradas, retrocesos y avances, destrucciones masivas y renovaciones. Pero, visto hacia atrás, el proceso muestra una flecha que apunta hacia adelante  y hacia arriba. Hay quienes descartan toda direccionalidad  en el Universo, no tiene sentido. Otros no aciertan a entender que el universo carezca de sentido.
         Para mí,  El Universo en proceso evolutivo manifiesta  una escalada ascendente  desde cuando la energía se convierte en materia hasta el surgimiento de  la vida consciente e inteligente.

 Pero, ¿cómo está Dios en este proceso?
         Está dentro y está fuera. Dentro como energía que subyace a todo lo que existe. Fuera porque es anterior a todo lo que existe y es el impulsor inicial de todo cuanto existe.
         De la nada, no viene nada. ¿Quién hace brotar el big-bang con su energía material e informativa y quién le da el impulso para que ocurriera? Alguien puso a los seres en su existencia y los mantiene.
         Sobre el Misterio de esta energía Pura,  nadie puede decir nada, pues está antes que toda materia  y que todo espacio-tiempo. Realidad incognoscible, pero que percibimos y sentimos  como presente en el Universo  y despierta en nosotros el sentimiento de grandeza,  respeto y veneración. ¿Quién hizo esa noche cuajada de estrellas? “Es imposible  despreciar la aurora del amanecer, permanecer indiferente cuando se abre  una flor  o no quedarse pasmado ante un recién nacido” ( A.J. Hacschel). Espontáneamente decimos: Dios puso todo en marcha.  Si Dios no estuviera en el origen de todo, antes de todo,  y, en cierto modo, fuera  y al mismo tiempo dentro penetrando y sustentando todo, todo volvería a la nada o al vacio cuántico.
                



Entonces, ¿todo lo que existe, Dios  lo creó  con una finalidad?
         Si sabemos responder a esto, dice Stephen Hawking, entonces habremos alcanzado el conocimiento de la mente de Dios.
         Mientras los científicos buscan este designio escondido de Dios, nosotros podemos decir: El Universo es como un espejo de sí mismo, un desbordamiento de su ser, bondad e inteligencia y lo crea para hacerlo partícipe de su sobreabundancia.
         Ahí estamos nosotros con conciencia para oír su mensaje,  captar las hisrorias de los seres de la creación,  de su propio proceso  y religarlos todos a su Fuente.  Creó al ser humano para ser compañero  de su bondad y de su amor, para ser visto y conocido  desde fuera por alguien diferente a El, pero semejante. Para la tradición judeo-cristiana existimos para llevar adelante la creación y acabarla, siendo cocreadores, protectores y cuidadores de todo lo que ha sido creado.
         Mientras ascendemos y no llegamos a mostrar todas nuestras potencialidades escondidas,  descubrimos muchas cosas buenas. Cuando llegue el momento de la plenitud, sólo entonces podremos afirmar con  Stephen Hawking conocer algo  de la mente de Dios, su designio sobre todo lo creado,  y nuestra existencia. No sé si, acaso entonces, como dicen los místicos, no seremos convidados por Dios para ser también nosotros, Dios por participación. ¡Oh Gloria! 

A la luz de todo lo que dijiste en esta entrevista, ¿cómo interpretas la encíclica del Papa Francisco sobre “el cuidado de la Casa Común”?
        
         Yo diría que la encíclica va en la línea de nuestras reflexiones. Lo interesante es notar que, por la primera vez,el magisterio pontificio,asumió el nuevo paradigma, dejando para atras el viejo que es el convencional y todavía dominante. 

         Los términos del nuevo paradigma están todos ahí: la interdependecia de todos con todos; la íntima conexión del ser humano con la naturaleza; el rescate de la razón sensible y cordial por que la razón cientifico-técnica es insuficiente para aclarar los problemas ecológicos actuales; la ética del cuidado, de la ternura y de la responsabilidad colectiva; una espiritualidad cósmica, que hace que el dolor de la Tierra y de los demás seres sufrientes sea sentido como nuestro dolor; la fe de que Dios es el “soberano amante de la vida” como se dice en el libro de la Sabiduría (11,26) y que no va a permitir la desaparición de la vida en la Casa Común; el sentido de fiesta y de esperanza, la presencia de la poesía en sus textos como en el final: ”Caminemos cantando; que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza”(n.244) 

         No se trata de una encíclica “verde”, sino que desarrolla una ecología integral que abarca lo ambiental, lo social, la político, lo cultural, lo  cotidiano y la espiritualidad. 

          Yo diría, sin exagerar, que es la Carta Magna de la moderna ecología en el  sentido más amplio y profundo.