Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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1 de octubre de 2015

Lo que va de ayer a hoy... EL CAMAROTE



Historias   bíblicas  de ayer
que se repiten hoy

EL CAMAROTE

ayer


Imagínense el universo  como un océano infinito  donde flotan barcos  de  todas dimensiones y tamaños, desde  pequeñas lanchas   a  barcos de cabotaje  y trasatlánticos  enormes…
 Se trata de una inmensa flota   y, según parece por ahora,  las naves que conocemos  están vacías de pasajeros.  Las historias de platillos volantes y extraterrestres  no son por ahora más que  hipótesis y leyendas aunque nadie descarta que exista alguna otra nave tripulada.
También  según parece por los estudios actuales, todas estas naves y barquichuelas  empezaron a construirse al  mismo tiempo, cuando sonó el primer redoble de la big band (gran banda de jazz)… que fue  el  big bang (gran explosión) con la que empezó  el concierto del universo  y en millones de años, o años luz, según hoy analizan los astrónomos, se han ido  ordenando y  poniendo  en marcha  las  galaxias y   las órbitas de  cada estrella  y planeta.
Siguiendo con  nuestra  comparación marinera, nos asombramos de  que   sólo, por ahora, nos sintamos los   humanos únicos  tripulantes    en este océano de estrellas.  
Algunos de nosotros  se han asomado al   espacio y  hasta parece, no es del todo seguro,  que pusieron un pie en la lancha de aquí al lado, vulgarmente llamada Luna.
Pero  en   el  trasatlántico  habitado van aumentando los pasajeros.
Siguiendo el  lenguaje simbólico de ese libro de ruta  llamado Biblia, los primeros que sacaron boleto para la navegación, llamados varón y mujer, se encontraron en una nave maravillosa a la que no faltaba nada  para recrear la vista, para llenar el estómago, para abrigarse, defenderse del sol, de la lluvia, de las enfermedades.
“Sean fecundos  multiplíquense y llenen la nave – dijo el que provocó la explosión (génesis 9,7).  Y se multiplicaron  tanto que algunos empezaron a pelearse  por tener un espacio en aquella nave espacial (perdón por la redundancia).  Todos los camarotes de aquel bello trasatlántico se iban llenando de gente y  de cosas, cosas  que  extraían de la misma nave  por lo que ésta se iba desgastando con tanta extracción. Pues  ahora podemos saltar al

hoy

Veamos hoy  lo que está sucediendo en esta nave dentro de sus camarotes, en los que van aumentando los viajeros y los objetos que van cargando.   Pedimos permiso a unos señores hermanos  muy bien avenidos  que se llaman Marx  aunque no sean marxistas. Ellos nos van a explicar simbólicamente lo que está sucediendo en nuestra nave  Tierra.  Los  traviesos  hermanos  se metieron de polizones en un trasatlántico y  ocuparon un  camarote.  Basta que ustedes pinchen este enlace y  se sienten a ver una secuencia del filme  Una noche en la ópera” ( si quieres verla de una vez sino pues luego y sigue leyendo):


Pues ya ven, esta  secuencia de las más famosas del cine, nos puede servir de símbolo y resumen de lo que sucede en casi todos los camarotes  del trasatlántico (trans-universo)  Tierra.  Como no queremos amargarles la vida contando la trágica realidad,  aquí resumimos todo el amontonamiento de personas, de comida, de objetos, de trabajos que se dan   en ese espacio.  Cierren los ojos  y piensen  en  el desbarajuste que se está produciendo  en nuestra nave. Tanto   que ya están pensando muchas personas en  ir a ocupar  camarotes en  la navecilla Luna.  

Dicen que ya alguno puso un primer  pie en ella y plantó una bandera.  Tenemos el peligro de  que  empiecen  a patear  su cubierta, a llenarla de banderas y lanzamisiles, porque desde allí se puede atinar muy bien a los camarotes de la nave  tierra.  
Si eso ocurriera, la luna no serviría ya  para lo que hoy sirve,  para  que a su  pálida luz las parejas se quieran y   las big band interpreten a Glen Miller en su sonata a la luz de la luna. Les  propongo que mientras leen lo que falta, pinchen al siguiente audio y mientras estuchan esta música sigan la lectura






Aquí llega nuestra nave, envuelta en nubes, Intentando que los montes y las selvas  que  embellecen su cubierta, la locura  de viajeros ambiciosos,  no  conviertan sus pequeños camarotes en infiernos.  


Nuestra nave que perdida en las estrellas nos suplica  que tengamos  compasión y tratemos  nuestros campos , nuestros mástiles  erguidos de la selva, y las aguas que las nubes han llorado… las tratemos como  a nuestro propio cuerpo.




 

Nuestra  nave nos suplica que   el pequeño  camarote que habitamos no se vuelva  un terreno de alambradas ni se vaya convirtiendo en cementerio.  Que se ensanchen sus paredes, para que quepamos todos,  cocineros, manicuras, y plomeros, los payasos, camareras  y loquitos.  




 Que no quepan  armamentos ni papeles de desahucio ni condenas. Que se ensanchen  sus paredes y que nuestra nave, madre tierra se convierta en un solo y  grande camarote donde quepan todos: niños  y árboles, libros, aves, músicos ballenas y palomas, bailarinas y artesanos, monjes, lobos  rosas, y un montón de cocineros que amasen panes grandes para todo el camarote.