Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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17 de octubre de 2015

Lo que va de ayer a hoy... Una sola bandera

Lo que va de ayer a hoy
Historias   bíblicas  de ayer

que se repiten hoy

UNA SOLA BANDERA

AYER   


Pero dentro de esos colectivos se desarro-llaban dos fuerzas contradictorias: la solida-ridad que los unía, especialmente con los  más cercanos y la competencia  teñida de  agresividad con los lejanos, aunque fueran  cercanos en la misma tierra por  la que se  enfrentaban y se mataban.  
 
Esta vez   nos vamos  a un ayer muy ayer…. Al primer ayer de la humanidad, y como  en esa época no existía la escritura, vamos a verlo en la ficción de Stanley Kubrick, una escena de “2001 Odisea del Espacio”.




Aquellas tribus de pre homínidos reunidos en pequeñas  bandas vivían aquellos inicios de lo que iba a ser la humanidad que hoy conocemos.   Los que han intentado seguir de cerca (¿) y han estudiado la evolución de la especie descubren señales de  que estos seres  no están hechos para vivir aislados. Les guía  el instinto, la necesidad de sobrevivir   agrupados.  Por lo que ahora sabemos,   seguían unidos en hordas, grupos, que fueron evolucionando hacia los homínidos (homo habilis, homo erectus,  homo Sapiens , homo Sapiens Sapiens). 




 
Pero dentro de esos colectivos se desarrollaban dos fuerzas contradictorias: la solidaridad que los unía, especialmente con los más cercanos y la competencia teñida de agresividad con los lejanos, aunque fueran cercanos en la misma tierra por la que se enfrentaban y se mataban.

   


Con la evolución  las tribus  se  fueron convirtiendo en aldeas. Las aldeas en pueblos, los pueblos en ciudades.
 Las ciudades  en reinos.


Algunos de los reyes se fueron haciendo  suficientemente poderosos para  convertir su dominio en un imperio con naciones sometidas  a  su poder.

Siempre se sigue  el camino entre  la unión y el enfrentamiento.
 



Según avanzaba la humanidad en muchos lugares fueron surgiendo tiranos, conquistadores,  asaltantes que destrozaban la unidad de los pueblos y la seguridad de las personas. El mundo falsamente unido bajo mano de hierro.



Se llamaban patrias e imperios pero eran dominios  e invasiones.
A la vez también iban apareciendo en la historia humana pensadores, sabios, profetas, que clamaban  por una  humanidad unida, solidaria.

 
En la evolución de distintos pueblos surgía  en los seres humanos  el pensamiento en un ser superior al universo. Tenía  muchos nombres e imágenes, porque nadie  lo había visto y  los humanos se inventaban cómo podría ser;  reflejaban en ese ser sus deseos de felicidad, de unidad, también los turbios deseos de poder.





Por eso, a  ese ser superior lo vieron de modos muy diferentes. Unos como una fuerza de unidad entre todos los seres humanos y otros como un dios propio de su grupo,  que se enfrentaba con los dioses de las otras tribus y pueblos vecinos.



 



Además, cada pueblo, reino, imperio fue levantando en alto sus símbolos:

Sus estandartes, sus banderas y hasta las imágenes de sus dioses,  para así marcar sus diferencias con los demás pueblos.


Pero al progresar en cultura  las naciones,  han ido desapareciendo los reyes, reempla-zados por gobiernos llamados democráticos. Un paso adelante a la unidad igualdad  y liberación de la humanidad.





Aunque a la vez, junto al nombre de democracia  empezó a crecer el poder de  dos extraños inventos:

 Uno: la industria y las máquinas que mejoran algunos aspectos de la humanidad, pero cambian sus relaciones, a veces las corrompen.
Otro: el dinero y la propiedad privada de todas las cosas que los seres humanos podían comprar con él.
Eso debilitó otra vez la unidad de las personas y los pueblos porque, teniendo unos mucho, otros poco y otros muriéndose de hambre, ya no eran todas  las personas  iguales sino unas mucho menos iguales que otras. Se  volvió a desgarrar  la unidad.

A pesar de todo siguió la lucha por esa unión de los humanos,  porque  entre las naciones y los gobiernos llamados “democráticos” fue surgiendo otra vez  la idea de asociarse en vez de enfrentarse. Surgió la “unión de las naciones”… pero una unión donde unos pocos  dominan y ponen veto a las iniciativas de otros, aunque sean más.
 
Ya ven: igual que en los tiempos de los  pre-homínidos, todavía sigue la vieja tensión entre la solidaridad y la unión frente a la separación y la competencia agresiva. Así estamos hoy:





HOY

Encontramos países llamados democráticos llenos de miseria; con niños muertos de desnutrición, con separaciones de muy pobres y muy ricos, con guerras y enfrentamientos.
Encontramos  avances de la ciencia junto a inventos de armas que cada vez matan mejor.
Encontramos pueblos muy religiosos con un dios  que les “manda” rechazar  a los que no son de los suyos y hasta degollarlos.
Encontramos gente que dice seguir fielmente a Dios mientras se queda pasiva ante el sufrimiento de otros seres. 
Pero también siguen apareciendo en la historia de hoy sabios y profetas que continúan clamando el grito del Nazareno:           ¡que todos sean uno!.
   

Son mujeres y hombres de muchos países, de muchas ideas religiosas, de muchas culturas, pero  conscientes de  que  está incompleto  mientras no tengamos la conciencia de que este mundo es uno solo.
Sabios, filósofos, profetas y hasta los científicos van descubriendo, más al fondo de sus investigaciones la presencia de un espíritu que mantiene todo el universo en unidad.
Parece  ser que ya no nos basta con en H0Y  y el AYER y tenemos que pensar en el …

MAÑANA

Ese  mañana  está sembrado en el ayer y en el hoy. Dentro del universo, en continua creación y recreación está la unidad y la solidaridad  de todos los seres.

El carpintero de Nazaret a ese mundo nuevo lo llamaba Reino de Dios. Decía que ya estaba dentro de nosotros.
 
Nosotros  explicamos que  sí … que  ya está, pero que todavía no(!).
Caminamos (con atascos y retrocesos, pero caminamos) hacia un solo mundo donde todas las diferencias no sean competitivas  sino  complementarias.
Caminamos hacia un mundo donde todos nos entendamos aunque los idiomas sean todavía diferentes.  
Caminamos hacia un mundo sin fronteras, sin pasaportes, sin banderas, o, tal vez, donde las fronteras sean puertas de entra-da que nunca se cierren, los pasaportes sean tarjetitas donde podamos enseñar la foto de nuestra tierra, las banderas sean saludos de bienvenida  junto a una bandera de todos y para todos: Una bandera universal  que nos inventemos entre todos.