Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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24 de diciembre de 2016

Lo que va de ayer a hoy... EL PUEBLO, LO POPULAR Y LA GENTE

Lo que va de ayer a hoy
Historias bíblicas de ayer que se repiten hoy

El pueblo, lo popular y la gente

AYER
Cuando el ser humano empezó poco a poco a ser humano (la fecha exacta no la sé, ¿alguien la sabe?) parece que andaban más o menos juntos por el mundo hasta que, según cuenta Stanley Kubrick en “2001 la odisea del espacio” empezaron a pelearse por un charco de agua, como hoy; aunque hoy el charco se llame embalse o hidroeléctrica-
Pero para pelearse o para cazar, juntos o enfrentados, empezaron a ser horda, tribu…

Cuando se dieron cuenta de que la lengua, además de para lamer helados, les servía para llamarse, en los idiomas que inventaron se llamaron gente.

Pero eso duró poco tiempo, porque pronto aquellas masas de gente empezaron a estirarse hacia arriba y se inventaron las pirámides.

No me refiero a las construcciones egipcias, mayas, aztecas, construidas con piedras, no, sino las pirámides que hoy llamamos sociales: Algunos seres humanos los que más fuerzas y garrotes tenían, los que mejor hablaban y más engañaban fueron poniéndose sobre los que tenían sabían y podían menos.
Fíjense en la palabra “sobre”, porque ahí fue donde los socialmente de arriba empezaron a llamar a los de abajo “pueblo”, no como gente de una tierra, nación, aldea… sino como esa gente de abajo a quienes se les podía echar discursos, dar órdenes y seguir engañando , robando y diciéndoles desde el castillo o el balcón de gobierno: “¡amado pueblo!, bla, bla, bla…”

Entonces surgió una palabra derivada de pueblo: “lo popular” que contrastaba con otra expresión inventada por los de arriba: “lo selecto”.

Y así sin un línea que marque claramente la diferencia entre esos dos tipos de seres humanos, ha ido la historia llegando al...

Hoy
Hoy, naturalmente, han seguido proliferando en el universo lo popular y lo selecto.
Han seguido proliferando, aumentando la prole y las diferencias porque el pueblo se ha ido transformando en muchos tipos:
En pueblo miserable: los nadies,
pueblo bajo,
clase media-baja
(donde está el límite?.)..
clase media-media,
clase media–alta…
y siga usted subiendo p´arriba
hasta llegar - por poner algún
nombre -
a los Trump,
a los Bill Gates
a los Einstein… como símbolos de poder, tener y saber en la humanidad.

Esta clasificación naturalmente es un esquema.

Pero volvamos a la base, a lo que tratábamos. La relación entre lo popular y lo selecto. Y vamos a fijarnos en la cultura popular y la cultura selecta.

De golpe nos tiramos hacia abajo, a lo más bajo de la pirámide social con el paracaídas de Eduardo Galeano y volvemos a los nadies.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Lo popular se acerca a esos nadies. La cultura popular se cultiva sobre todo en escuelas populares, en tradiciones populares, en canciones, arte, costumbres populares (que sólo son folklore y artesanía, hasta que un personaje selecto se apropia de ellas y las convierte en arte y cultura, como decía el poeta.)

Sin ir más lejos recuerden cómo ha molestado a los selectos que hayan galardonado con el premio Nobel a un cantor popular que dejaba sus canciones soplando en el viento.

Pero es que también las personas selectas, las que han podido estudiar mucho y hasta tienen título universitario, muchas veces intentan zambullirse en lo popular. A veces les resulta bien, otras no lo consiguen.

Aquí tengo que contarles el porqué de todas estas reflexiones que escribo.
Ese tal Jesús de Nazaret que con frecuencia aparece en nuestro ayer y hoy fue evidentemente un hombre del pueblo, no un don nadie, pero sí un trabajador y predicador sin una piedra donde reclinar su cabeza. Su lenguaje a través de cuentos y comparaciones era muy popular. Él se enfrentó con los selectos de su tierra: con los sabios, ricos y poderosos. Eso le costó la vida.
Los hombres y mujeres que se juntaron, jugándosela también, proclamando su resurrección, eran igual gente del pueblo, sin influencia social ni económica, por lo menos al principio.

Pero la fama del pobre campesino martirizado empezó a correr por los países cercanos y pasó también de la gente del pueblo a los selectos, a los mismos fariseos que lo habían perseguido, como Pablo de Tarso, que empezó a explicar el Evangelio, ya no con cuentos sino con teología.

Así fueron consiguiendo que aquella enseñanza popular se fuera convirtiendo en doctrina selecta.

Imagínense lo que ha sucedido desde entonces, siglo I, hasta ahora siglo XXI.

Gentes que estaba situadas en el poder, el tener y el saber se juntaron con los seguidores del nazareno. Unos lo hicieron admirados, atraídos por su doctrina, otros, cuando cesaron las persecuciones del poder, para poner de su parte a esos del pueblo que iban creciendo en número.

Así aquella enseñanza popular y áspera la fueron convirtiendo en doctrina selecta y más suave, que no irritase a los pellejos delicados.

Los mismos dirigentes de aquellos grupos que empezaron siendo pescadores y campesinos, fueron apareciendo en la sociedad como reverendos padres y monseñores.

Pero, mirándolo desde otro punto de vista: personas con carrera, licenciados, doctores, profesores, sintieron la mala conciencia de sentirse selectos mientras el galileo, maestro sin título, era una persona del pueblo. Entonces se juntaron en comunidades que intentaron fueran populares. Algunos lo consiguieron, incluso profesores universitarios de teología hicieron esfuerzos sinceros por traducir sus elucubraciones serias y respetuosas sobre el evangelio del Nazareno a un lenguaje que todos entendieran o al menos animaron a otros que se lo tradujeran.

Otras veces, en reuniones de seguidores de Jesús, quienes intentan ser populares, sin darse cuenta utilizan un lenguaje selecto, que el pueblo, pueblo, se queda en blanco, ¡vamos!, que no se entera de nada .

Déjenme ponerles un ejemplo de alguna frase en una reciente asamblea que se define como cristiana y popular:

Toda la sociedad –y no sólo los colectivos religiosos- está reduciéndose a mínimos exigibles en el ámbito de los valores y de las referencias sobre el sentido de la vida, debilitándose las redes axiológicas que cohesionan esa misma sociedad.

Se da una desmitificación funcional de las instituciones, a pesar de que se reconoce que sin instituciones y sin estructuras no es posible la organización social y religiosa ni las referencias de identidad. Se rechaza, sin embargo, todo control de la conciencia y del pensamiento por parte de instituciones instaladas en normas inmutables.

Quien lea esto por casualidad, si pertenece a la clase social de los nadies o de pueblo bajo, le podemos preguntar si entiende lo que ahí se dice.

Si es una persona con mayor formación intelectual, le pediríamos que piense si esto es comprensible para amigos sin más estudios que los primarios.

Reconozco que es muy importante y necesaria la publicación de trabajos y reflexiones con lenguaje técnico. Hacen falta reuniones de intelectuales donde se profundice en diálogos con el vocabulario preciso. Pero procurando entonces no poner la etiqueta de lo popular.

Creo que entre los buscadores de la verdad, la justicia, el análisis de la realidad hacen falta traductores; no de un idioma a otro sino de un lenguaje selecto al lenguaje popular.

Conozco la historia de un editor de folletos de divulgación que antes de editarlos pedía que los leyeran vecinos y vecinas con pocos años de escuela. Si esas personas los entendían y se interesaban, daba el visto bueno para enviarlos la imprenta.

Cada uno de nosotros y nosotras, los que andamos leyendo, escribiendo, asistiendo a reuniones y “simposios”, no podemos renunciar a los estudios y experiencias que hemos tenido en la vida. A veces podemos avergonzarnos de no conocer otras realidades que no se encuentran en los libros, pero sí es bueno que nos pongamos en los zapatos, zapatillas, caites, alpargatas… de aquellos con quienes queremos comunicarnos, que escuchemos y sintamos como lo hizo aquel que hablaba de ovejas perdidas, redes de pesca, semillas entre zarzas o mujeres barriendo en busca de una moneda.

Los seguidores de Jesús de cualquier nivel social, de cualquier nivel cultural, cuando intentamos ponernos al servicio de comunidades verdaderamente populares , o cuando vamos como voluntarios a países con culturas distintas, necesitamos mucho tiempo de escuchar, callar, preguntar, compartir y contar con traductores para que las reflexiones de los teólogos, los técnicos… lleguen hasta la base de la pirámide.

Martín Valmaseda, s.m.