Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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18 de julio de 2017

¿A QUÉ LLAMAMOS MISIÓN?

Enrique Martínez Lozano

¿A QUÉ LLAMAMOS MISIÓN?

En no pocos momentos dentro de la iglesia la misión se entendió como proselitismo en consonancia con un nivel de conciencia mítico
que consideraba la propia creencia como la verdad que debía hacerse llegar al mundo entero. Más tarde, en la medida en que iba ampliándose la conciencia, la misión se hizo más global y más respetuosa. Con todo no disimulaba (no disimula) su tarea evangelizadora entendida como llamada a la conversión.

Superado cualquier resto de conciencia mítica la misión solo puede ser una: aquella que define lo que es la más genuina espiritualidad, la misma por otra parte, que vivió Jesús: la de favorecer la vida y el cuidado de las personas. El maestro sabio de Nazaret no pretendía convertir a las personas a la religión, ni reintegrarlas al templo;
tampoco buscaba pecadores a los que predicar, sino necesitados a quienes ayudar; anunciaba y vivía la "buena noticia".

No era un hombre "religioso", sino un hombre profundamente humano. 


Por todo ello me resultó admirable el testimonio de una comunidad de hermanitas de Jesús que vivieron una preciosa historia de entrega durante más de 60 años junto a los indígenas tapirapé (apyawa) en el noreste del Mato Grosso, cerca del rio Araguaya.

Tras enterarse de que debido a diversos factores, esta tribu estaba a punto de extinguirse, un pequeño grupo de hermanitas de Foucauld pidió hospedaje a los indígenas y empezó a vivir con ellos. En vez de convertir a las personas, darles la doctrina y construir iglesias, decidieron encarnarse en su cultura y vivir y convivir con ellos.

Su Dios era una cosa personal. Aquellos indígenas eran su eucaristía, su preocupación única, pues estaban llamados a desaparecer. Al llegar Genoveva, a sus 20 y pocos años a la aldea, oyó de boca del cacique Marcos: “Los Tapirapés vamos a desaparecer. Los blancos van a acabar con nosotros. Tierra vale, caza vale, pez, vale. Sólo el indio no vale nada”.En 60 años no convirtieron a ni un solo miembro de la tribu. Pero consiguieron mucho más: se hicieron  parteras de un pueblo a la luz de aquel que entendió su misión de traer “vida y vida en abundancia”. Habían vivido la misión encomendada por Jesús.

Documento inspirado en   el libro “Cristianos más allá de la religión” de Enrique Martínez Lozano (pag 242) PPC.