Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

18 de julio de 2017

LA MEMORIA DEL CAMINANTE

Introducción:  Leí esta leyenda  hace años en un artículo que me impresionó. Llevo tiempo buscándolo. Si alguien   conoce al autor que se lo diga y me lo diga para reconocer su nombre. Esto no es más que una narración inspirada en… ¿en quién?


                          LA MEMORIA DEL CAMINANTE
  
Pasó el hombre aquel por la aldea primitiva.
una noche sin luna y sin estrellas.
Llamó a cualquier puerta y le abrieron a oscuras:
“Pase buen hombre, quédese donde pueda.
Sólo podemos darle un poco de agua  
Y   fruta de ese árbol.
Aquí no tenemos más luz que la del sol.
Aunque…
Dicen que existe algo
que otros hombres encienden
cuando  el astro  se apaga.
Con su ayuda ven de noche y se guardan del frío. 
Pero aquí no sabemos…
Bebemos el agua de la fuente
Comemos hierbas o carne cruda.
Así nos mantenemos.


El hombre aquel tuvo lástima de ellos.
 Cuando el sol de nuevo se encendió
él salió por el campo buscando algunas ramas
Y algunas hierbas secas.
Encontró junto al río trozos de pedernal.
Llamó a la pobre gente que lo había acogido
y a todos sus vecinos.
los sentó en torno suyo:
“Ustedes    me acogieron
y me dieron lo poco que tenían.
Yo les doy lo que sé por si puede servirles”.
Se quedaron mirándolo intrigados.
El agarró dos piedras y las hierbas resecas.
Chascó los pedernales hasta que algunas chispas
 Quemaron las hierbitas.  
Pequeñas llamaradas florecieron en ellas.
  Acercó el peregrino esas llamitas
a otras ramas más grandes.
Y de ellas surgió
una flor roja que crecía y danzaba,
deslumbrando los ojos de aquella pobre gente.
Acercaron sus manos, las sintieron ardientes.
Reunieron más leña.
 y aquél fue el primer día que  comieron  caliente.
Siguió toda la tarde el regocijo.

Por la noche danzaron al son de sus panderos
A la luz de esa flor que bailaba con ellos.
Cansados, se durmieron
Agrupados al calor del rescoldo

&   &   &

 Mientras ellos soñaban con ángeles de fuego
 se marchó el caminante.
Les dejó su recuerdo que fue:
 entre  las cenizas,
algunas hierbas  secas, las ramas apagadas
 y los dos pedernales
con que aquel peregrino realizó su milagro.












& & &

Han pasado los años, muchos años.
Una tarde al crepúsculo
Allá por el camino, de nuevo apareció el caminante.
Los vecinos salieron a su encuentro
Como si fuera un dios que retornaba.

Le abrazaron, le besaron las manos
Él sólo preguntó:
“He venido a saber lo que hicieron
Con el pobre regalo que dejé en esta aldea”
-         “¡Oh Señor! Tu regalo no lo hemos olvidado.
Siempre está con nosotros.
Ven que te lo mostremos”.
Las mujeres, los hombres, los niños y los viejos
Se pusieron en marcha
detrás del peregrino junto al jefe del pueblo.
Entre cantos y música
   subieron a lo alto  del monte.
Estaba anocheciendo,
pero aún el caminante no veía

Ninguna luz de hoguera…
Llegaron a lo alto
 a una cueva pequeña  que habían adornado
con monedas, recuerdos  familiares…
Todos la rodearon, se hincaron de rodillas
Sólo  el jefe guiando al peregrino
 se acercó  a  la caverna.
Allá cerca del fondo, el caminante
  pudo ver el misterio que la cueva ocultaba.
Al verlo quedó desconcertado
mirando con asombro,
levantando  sus brazos angustiado
y   gritando a la gente:
“¡No es esto!... ¡No era esto!”
…Es  que al fondo de la cueva sagrada
Había descubierto el peregrino
en un un altar de rocas, adornadas de flores
sobre un bello bordado…
Había descubierto unas hierbas resecas,
con ramas ya quemadas y podridas
y un par de pedernales.
Todo lo que hace años le sirvió al visitante
Para hacer florecer esa hoguera
que pudiera  ofrecerles  el   calor y la luz,
comida y esperanza, amistad y descanso
a las gentes del pueblo,
que seguía en la noche y la oscura ignorancia…
Se levantó aquel hombre y se fue cuesta abajo,
dejando a aquella gente adorando en la cueva
Su memoria vacía.

Y mientras descendía pensaba el peregrino:
“¡Cuántas  cuevas del mundo
 encierran en su vientre
La luz que cualquier día
Podría iluminar   la vida de las gentes.
Pero allí la han dejado
Como un recuerdo inútil
que  adoran y festejan.
Pero no es más que piedra”:
Su memoria vacía.

+   +   +    
Para reflexionar
¿Podría usted descubrir lo que significan: las piedras, las ramas… lo que usó en caminante para  encender la luz?…
Podría pensar  qué   significa el fuego?
  ¿Y la cueva? ¿Y la gente? ¿Y el caminante?

¿Les podría  servir esta historia en su comunidad
para “sacar consecuencias”?