Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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29 de junio de 2018

JOIN MAIN., Biografías, santos de hoy

John Main
Monje y maestro de meditación cristiana 
(1926-1982)

“Toda oración cristiana es una creciente conciencia del Dios que hay en Jesús. Y para esa creciente conciencia es necesario llegar a un estado de ausencia de distracción, un estado de atención y concentración es decir, a un estado de percepción. Por lo que he podido determinar… el único camino… para llegar a esa quietud, a esa ausencia de distracción, a esa concentración, es el camino del mantra.”

En el año 1959, a los treinta y tres años, John Main entró en la abadía de Ealing, en Londres, y se hizo monje en la orden de San Benito. Esto marcaba la resolución de la pregunta sobre si estaba destinado a vivir una vida de matrimonio o a ser monje. Previamente había tenido una amplia gama de experiencias “en el mundo” como soldado, abogado y funcionario público en el Servicio Extranjero Británico en Malasia. Por último, se sintió llamado a una vida de oración y de total dedicación a Dios. Pero ser monje sólo abrió la puerta a una clase de búsqueda espiritual diferente con el fin de hallar la importancia contemporánea de la vida monástica en las necesidades del mundo actual.

Luego de pasar quince años como monje, enseñando en escuelas benedictinas de Londres y Washington, DC, Main quedó impresionado por el gran hambre espiritual que afligía al mundo moderno. Se hallaba convencido de que parte de esto reflejaba la pérdida de la dimensión espiritual de la vida y que la respuesta era la oración. Pero ¿qué clase de oración? Lo que se necesitaban, creía  él, era  una forma de oración adaptada a las demandas de la vida en el mundo.

Main recordó la amistad que había sostenido años antes con un “swami” hindú en Malasia. El swami había contrastado la verbosidad y la falta de naturalidad de la oración cristiana con la simplicidad del mantra –la repetición de una palabra o frase-, que era el método común de oración en Oriente. Este recuerdo llevó a Main a retornar a las fuentes  monásticas anteriores a los benedictinos  a  la espiritualidad de los padres del desierto descrita por Juan Casiano. Este último había recomendado la misma disciplina, la constante repetición de algunas palabras sagradas, como manera de vaciar  la mente de conceptos y arraigarse en el misterio divino. Casiano había surgido como ejemplo la antigua oración aramea Maranatha-“Ven, Señor Jesús”-, y Main la adoptó más tarde para su uso personal.

En el año 1975, Main organizó un pequeño grupo de oración en la abadía de Ealing para experimentar con esta nueva forma de meditación cristiana. Como explicó luego; “Meditar significa vivir fuera del centro de nuestra persona.” A través de una oración sin imágenes y la repetición de un mantra, enseñó, uno puede alejarse de la superficie de la conciencia para penetrar en el lugar silencioso donde Jesús vive y ora dentro de nosotros.

Mucha gente laica se sintió atraída al círculo de Main, confirmando su creencia de que había vuelto a descubrir una manera de rezar, ampliamente accesible y significativa para la gente común. Esto llevó a Main a meditar sobre la posibilidad de compartir una vida ordinaria de oración y trabajo, juntos. 

En el año 1977, una invitación del obispo de Montreal le otorgó la oportunidad para lanzar este tipo de comunidad monástica experimental que había concebido. El priorado benedictino de Montreal se volvió un centro que atrajo a  buscadores  de todo el mundo, tanto monjes como laicos. En forma paulatina, a medida que comenzaban a formase círculos de oración locales, inspirados en los escritos de Main. Esto  le confirmo nuevamente a Main que la oración, lejos de ser una actividad individualismo, era la tierra fértil de la comunidad. Un incontable número de personas, de varias partes del globo, comenzó a describir las maneras en que su vida giraba alrededor de esta simple disciplina de sentarse a meditar durante media hora, una o dos veces al día.

A la par que se mantenía intensamente centrado en Cristo, la manera de Main  de acercarse  a la oración fomentaba el diálogo con gente de otras  creencias. Luego  de una visita al Dalai Lama, describió como habían meditado juntos:

Meditamos juntos con una absoluta apertura al amor  y al Señor del amor. No estábamos intentando convertirnos  el uno  al otro. Nuestro desafío como cristianos  no está en intentar  convertir a la gente que nos rodea a nuestra manera de creer, sino en amarlos, en ser nosotros mismos la encarnación viviente  de lo que creemos, en vivir lo que  creemos y amar lo que lo que  creemos y amar lo que creemos.

A Main le fue otorgado poco tiempo para desarrollar su monasterio experimental. En el año 1982, se le descubrió un cáncer de pulmón muy desarrollado. Paso sus últimos meses en medio de terribles dolores y tratamientos debilitantes; sin embargo, pocos aparte de sus amigos más íntimos se hallaban conscientes de la gravedad de su condición. Continúo escribiendo y dando conferencias hasta el fin. En su última charla importante habló largamente sobre “el viaje interior”.

El viaje interior es una forma de unión. En un principio nos une a nosotros mismos. Luego (puesto que nuestra plenitud personal se halla fuera de nosotros) nos une a los demás. Y luego (puesto que la unión con los demás nos abre el corazón al misterio del amor) nos une con Dios, de manera que Dios esté, todo, en todos. 




 Por Rosario Carrera. 
Inspirado en el libro Todos los Santos. Robert Ellberg