Los fundamentos de la Doctrina social.
El ser humano, imagen
del Dios trinitario
La Doctrina social de la Iglesia nos conduce al corazón mismo de nuestra fe: el misterio del Dios viviente, revelado en Jesucristo como comunión de personas;Padre, Hijo y Espíritu Santo: amor en relación, que se da recíprocamente y se comunica al mundo.
Como recuerda el Concilio, el ser humano está llamado a la comunión con Dios y <<no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo >>; su vocación más profunda es la de entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido.
Si el misterio de
Dios-- Amor es la fuente de la Doctrina social, su rostro más concreto lo
contemplamos en Jesucristo, Verbo encarnado.
Haciéndose hombre, el Hijo de Dios entra en la historia y en nuestra carne, trayéndonos el amor que lo une al Padre y al Espíritu Santo.
<<El misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado >>, porque su humanidad es plenamente libre, abierta a los demás, capaz de construir relaciones solidarias y preciosas,y entregada al don total de sí.
En el centro de la
visión cristiana del ser humano está la gran afirmación según la cual el hombre
y la mujer son creados <<a imagen y semejanza >> del Dios
trinitario.
Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con ÉL, con los demás y con la creación.
Su dignidad no depende
de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni
de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla.
Por eso, la persona humana permanece siempre como <<el camino primero y fundamental de la Iglesia >> y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral.
Carta Enciclica de S.S
León XIV
Colaboración de Juan García de Paredes.