Por cada palabra del salmo yo pregunto,
como Job preguntaba a su Señor:
Si haces justicia a los oprimidos,
¿por qué triunfan los opresores ?
Sí das pan a los hambrientos,
¿por qué hay millones que mueren de hambre?
Sí das libertad a los cautivos,
¿por qué tantos inocentes se pudren en las cárceles?
Ven, Señor, a salvarnos.
El Señor abre los ojos al ciego.
Pues ¿dónde está su consulta?
¡ Hay tantos en lista de espera!
El Señor endereza a los que ya se doblan.
¿Habéis oído, hermanos míos, los que estáis doblados y
aplastados en la vida?
-- ¿Cuántos sóis? --
El Señor os va a quitar definitivamente los pesos y cargas que os asfixian.
¡Ven, Señor a salvarnos!
Peregrinos, transeúntes, emigrantes, refugiados, desterrados,
chabolistas, alberguistas:
el Señor os guarda a todos: os dará refugio, una tierra, una casa y un trabajo.
Y vosotros, huérfanos y viudas, madres solteras, hijos de divorciados, viejos solitarios, sidosos y drogadictos: ya tenéis un protector, manos fuertes que os sustenten y os libren de abusos y soledades.
Ven, Señor a salvarnos.
El Señor ama a los justos
y trastorna el camino de los malvados.
Pero la opinión popular
es contraria a esta sentencia.
Las respuestas a Job ya no valen.
Si hay alguno que cree
las palabras de este salmo, que haga bueno
a Dios, por favor, que no lo deje en mal lugar.
Los otros Salmos
Colaboración de Juan García de Paredes.