Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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30 de diciembre de 2016

Racismo

Sandra Xinico Batz 
La Hora, 3 diciembre 2016
EL RACISMO
El racismo mata, es histórico, lo hemos heredado y sigue siendo cotidiano para miles de personas en este país y en el mundo. Entender el racismo es complejo porque implica reconocer nuestra ubicación dentro del círculo vicioso de su reproducción. No es fácil asimilar que somos discriminadores y que nuestros antepasados también lo fueron al punto de optar por la desigualdad como una forma de vida que garantiza privilegios para unos a costa de la desgracia de muchos.

El colonialismo hace que rechacemos lo local sin siquiera conocerlo o comprenderlo. Hay una “consciencia” colectiva que en realidad no es consciencia, pues se reproduce cuasimecánicamente y está basada en la ignorancia: los estereotipos racistas que se convierten en “verdades” son un claro ejemplo de esto.

Y ¿Qué pasa si el racismo es solo evidente para quienes lo reciben pero no para quienes lo reproducen porque fueron criados así, racistas? ¿Qué pasa si la ignorancia es tal que no nos percatamos que las cúpulas de poder con ideología racista (asumida) son las que alimentan este juego de ping pong de indios contra ladinos como si la realidad fuese blanco y negro para invisibilizar su responsabilidad en la realidad que ellos sí provocan? ¿Qué pasa si aun rompiendo el muro de la ignorancia y teniendo acceso a la información seguimos creyendo que la raza determina nuestro papel en la sociedad como la selección natural o la teoría de la evolución del más fuerte sobre el débil?

Soy pobre pero no indio” es quizá una de las expresiones racistas vigentes que ejemplifica lo que acá describo. Tenemos una idea europeizada del poder. La riqueza y el éxito la asociamos a la blancura. El rico que seguro es blanco y no indígena siempre tendrá la razón y su riqueza siempre será el resultado de su trabajo y esfuerzo; el indígena que seguro es pobre siempre se quejará y es aprovechado además de desconfiado y triste. Todo esto lo reafirma la televisión, la radio, la prensa, la iglesia, la familia, la educación, la historia, los libros, los académicos…

Los ricos que además son dueños de los “medios de comunicación” se encargan a través de estos a repetir una y otra vez lo que debemos y no debemos hacer o creer. No son medios de comunicación sino de adoctrinamiento. Programas y anuncios se dedican a convencer con base en la desinformación y la calumnia, por qué no se debe aceptar el Pluralismo Jurídico, la Ley de Radios Comunitarias, la Ley de Desarrollo Rural Integral, Ley de Lugares Sagrados de los Pueblos Indígenas, o cualquier otra iniciativa que pueda mejorar la vida de los pueblos indígenas. “No sabemos qué contienen pero si los ricos dicen que no es porque seguro es mala”.

Por esto, es tan necesario e importante hablar del racismo. Porque nos permite identificar sus matices y complejidades, hacer visible su profundidad y el empobrecimiento que provoca. El racismo no es natural ni ingenuo, tampoco es una alucinación, quizá si no lo recibimos, lo ejercemos.